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La esteatosis es la acumulación anormal de grasa, mayoritariamente
en forma de triglicéridos, en el citoplasma de células parenquimatosas
como por ejemplo hepatocitos. Se reconocen dos tipos de esteatosis: esteatosis
microvacuolar y esteatosis macrovacuolar. En la primera se trata habitualmente
de un daño celular agudo, en el que la células aparecen
al microscopio de luz con múltiples vacuolas pequeñas intracitoplasmáticas
sin desplazamiento del núcleo y que son positivas con tinciones
para grasas; en la segunda, que traduce un daño crónico,
el citoplasma está ocupado por una sola gran vacuola, que desplaza
y rechaza el citoplasma y el núcleo hacia la periferia (figura
2.4).
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Figura 2.4
Esteatosis hepática. Los hepatocitos tienen una gran vacuola
grasa que desplaza el núcleo.
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La presencia de triglicéridos en forma de gotas citoplasmáticas
visibles al microscopio es, en general, un hecho patológico, salvo
en escasa cuantía y de modo transitorio en el epitelio hepático
y enteral después de una comida. La aparición de gotas de
grasa en la célula puede entenderse como expresión de un
desequilibrio entre la oferta y utilización. Los triglicéridos
se utilizan en el organismo como material energético y de estructura,
para lo cual se requiere previa fosforilación. Además, se
necesita oxígeno para la utilización como material energético.
En la fosforilación intervienen los factores lipotrópicos,
entre ellos los amino-ácidos colina y metionina.
La infiltración grasosa no debe confundirse con la lipomatosis:
aumento local de tejido adiposo. La lipomatosis más frecuente se
presenta como tejido de reemplazo en órganos atróficos,
como ganglios linfáticos. En otros casos, como en el corazón
(lipomatosis cordis) no hay una explicación clara.
Patogenia
Pueden distinguirse tres mecanismos de esteatosis, estudiados principalmente
en el hígado. La esteatosis saginativa se produce por una oferta
aumentada de triglicéridos. La esteatosis retentiva se debe a
frenación de la utilización de los triglicéridos
por falta de oxígeno, como en la anemia crónica e hiperemia
pasiva, o de factores lipotrópicos, como en el alcoholismo. Tanto
en la esteatosis saginativa como en la retentiva, la célula conserva
su estructura y actividad metabólica normal. La infiltración
grasosa se produce en una célula que no muestra un daño
previo. En cambio, la esteatosis regresiva ocurre como consecuencia
de una lesión celular, principalmente del condrioma, como sucede
en la diversas intoxicaciones (cloroformo, tetracloruro de carbono,
fósforo, toxinas bacterianas y otras). En este caso la lesión
celular impide que la célula pueda utilizar las grasas.
Formas de Esteatosis Hepatica y Miocardica
En el hígado pueden distinguirse las siguientes formas de infiltración
grasosa:
1) la esteatosis focal y de células aisladas,
2) la centrolobulillar,
3) la perilobulillar y
4) la difusa.
La esteatosis focal -grupos de hepatocitos con infiltración
grasosa irregularmente distribuidos- y de células aisladas corresponde
generalmente a una esteatosis regresiva. Además, es la forma
de infiltración transitoria normal después de ingestión
de alimentos. La esteatosis centrolobulillar puede ser retentiva, como
en anemias crónicas, o regresiva, como en algunos procesos tóxico-infecciosos.
La forma perilobulillar generalmente es retentiva, como en la hiperemia
pasiva. También puede ocurrir en intoxicaciones y en la esteatosis
saginativa: los hepatocitos perilobulillares son los primeros en recibir
tanto las substancias tóxicas como la grasa transportada al hígado.
La forma difusa corresponde al hígado graso (figura 2.5).
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Figura 2.5
Esteatosis hepática difusa. La esteatosis compromete prácticamente
todos lo hepatocitos del lobulillo.
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Se trata de un esteatosis retentiva no hipoxidótica y, al parecer,
inicialmente perilobulillar. Se presenta en ciertos estados de desnutrición
del lactante y en los alcohólicos. El hígado está
aumentado de tamaño, puede pesar 2 kilos o más, la cápsula
se halla a tensión, la consistencia es pastosa; la superficie
de corte, amarilla, opaca, aceitosa. Microscópicamente el epitelio
hepático recuerda al tejido adiposo, los hepatocitos contienen
uniformente grandes gotas de grasa que repletan el citoplasma y desplazan
y comprimen los núcleos. Algunos hepatocitos vecinos así
comprometidos coalescen y forman pequeños quistes oleosos (lipodiastemas).
La infiltración grasosa perilobulillar de la hiperemia pasiva,
de carácter retentivo, se explica, por una parte, por una hipoxia
de intensidad insuficiente para producir necrosis, como suele ocurrir
en la zona centrolobulillar, y, por otra parte, porque la eventual infiltración
grasosa centrolobulillar queda encubierta por la hemorragia de esta
zona. La inconstante esteatosis centrolobulillar en la hiperemia pasiva
es de pequeña gota y principalmente de carácter regresivo,
secundaria al daño celular hipoxidótico.
Hay dos formas de esteatosis del miocardio: la difusa y la llamada
corazón atigrado. Ambas son de gotas pequeñas. La difusa
es regresiva, ocurre por acción del alcohol, en la difteria e
intoxicaciones. El corazón atigrado corresponde a una infiltración
grasosa zonal retentiva, por hipoxia. Este aspecto se debe a la forma
de vascularización: los segmentos arteriales de los pequeños
vasos intramiocárdicos se disponen alternando sucesivamente con
los venosos. Como la hipoxia es mayor en estos últimos, la infiltración
ocurre su alrededor. El aspecto atigrado se nota a través del
endocardio especialmente en los músculos papilares.
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