La gangrena no es una forma especial de necrosis, es una forma particular
de evolución de una necrosis, la cual está condicionada
por ciertos gérmenes. Estos gérmenes actúan sobre
las proteínas, especialmente sobre la hemoglobina, y los productos
de descomposición dan la coloración negruzca característica
de la gangrena. Patogenéticamente hay dos formas distintas de gangrena:
la isquémica y la infecciosa.
a. Gangrena isquémica
Se produce en la piel y tejidos blandos subyacentes, con mayor frecuencia
en las extremidades inferiores debido a obstrucción arterioesclerótica.
La necrosis se produce por la isquemia y sobre el tejido necrótico
actúan secundariamente los gérmenes saprófitos
de la piel. Según cuáles sean las condiciones del tejido
comprometido, se produce una gangrena isquémica seca o húmeda.
Gangrena seca. En esta forma la evaporación del agua
produce rápidamente una desecación de la piel comprometida,
que se transforma en una lámina acartonada, pardo negruzca,
seca. El territorio comprometido queda bien demarcado, los gérmenes
no penetran en la profundidad, no se produce intoxicación del
organismo.
Gangrena húmeda. Especialmente cuando hay edema o la
piel está húmeda, los gérmenes penetran en los
tejidos subyacentes, donde proliferan y dan origen a un estado tóxico;
el territorio comprometido, pardo verduzco, no queda bien delimitado.
b. Gangrena infecciosa
En esta forma la necrosis y la gangrena son producidas por gérmenes;
gérmenes anaeróbicos que actúan sobre tejidos ya
desvitalizados generalmente por una inflamación. Esta forma de
gangrena se observa en las vísceras, en que el territorio comprometido
aparece reblandecido, friable, en forma de colgajos, a veces con burbujas
de gas producido por los gérmenes. La gangrena infecciosa es
altamente tóxica, se la encuentra como complicación de
bronconeumonías o pneumonías, apendicitis, colecistitis,
metritis y otras inflamaciones.
Necrosis Electiva Parenquimatosa
Frente a las noxas más comunes, en especial, a la hipoxia, el
parénquima de un órgano sufre una necrosis antes que las
células del estroma y antes que se produzca una destrucción
de la trama fibrilar. Se habla de una necrosis electiva del parénquima,
en que se manifiesta la vulnerabilidad selectiva del parénquima.
Esta necrosis se da como necrosis celular aislada o de pequeños
grupos. La necrosis electiva del parénquima es una lesión
frecuente, que las más de las veces se produce por hipoxia o acción
tóxica. La hipoxia, con frecuencia, se debe a un shock o a una
isquemia.
Necrosis Organicas Frecuentes
Miocardio
Las necrosis más frecuentes del miocardio son las que se dan
en los infartos y las necrosis electivas parenquimatosas por hipoxia.
Estas últimas se producen de preferencia en los territorios terminales
de irrigación, es decir, en la zona subendocárdica.
Encéfalo
Al igual que en el miocardio, las necrosis más frecuentes del
encéfalo corresponden a infartos y a necrosis electivas parenquimatosas
por hipoxia. Estas últimas se producen en ciertas zonas del encéfalo,
entre ellas de preferencia en las capas profundas de la corteza cerebral
de ciertas áreas parietales y occipitales. No se sabe si esta
mayor selectividad en la distribución de necrosis parenquimatosa
del encéfalo se debe a condiciones metabólicas celulares,
que hacen más susceptibles ciertas neuronas (teoría de
la patoclisis, Vogt) o a condiciones de irrigación menos favorables
(teoría vascular, Spielmeyer).
Hígado
En el hígado los infartos son muy raros. Se distinguen la necrosis
masiva, las necrosis focales y las zonales. La necrosis masiva se observa
en hepatitis y en intoxicaciones. Suele haber destrucción de
la trama fibrilar. Con alta frecuencia conducen a la muerte. Las necrosis
focales representan de regla necrosis electivas de parénquima
en forma de células aisladas o pequeños grupos de hepatocitos
necróticos. La necrosis celular aislada se observa en hipoxias,
en estados tóxicos y en ciertas inflamaciones; las necrosis focales
se producen en general en estas dos últimas condiciones. Se trata
de pequeños grupos de hepatocitos necróticos distribuidos
irregularmente en los lobulillos.
En las necrosis zonales, que suelen ser puramente parenquimatosas,
se afecta regularmente una zona del lobulillo. Las necrosis centrolobulillares,
o más propiamente las necrosis acinares del área 3, son
las más frecuentes, especialmente en hipoxias; pueden producirse
también en ciertas intoxicaciones. La necrosis mediolobulillar
es muy rara, ejemplo típico es la que ocurre en la fiebre amarilla.
La necrosis perilobulillar es relativamente rara, se produce en la eclampsia
en la que se acompaña generalmente de hemorragias en esa zona,
y en ciertas intoxicaciones.
Riñón
Las necrosis en el riñón se presentan en los infartos,
que son frecuentes; en la necrosis electiva del epitelio de los túbulos
renales, también frecuentes; en la necrosis papilar, relativamente
frecuente; y en la necrosis cortical, rara.
La necrosis electiva parenquimatosa afecta preferentemente el epitelio
de los túbulos proximales, donde se produce por hipoxia o en
ciertas en intoxicaciones; en ciertos casos de hipoxia puede comprometerse
la membrana basal. La necrosis puede afectar células aisladas
o gran parte del epitelio tubular.
La necrosis papilar renal, en que se afectan las papilas y a veces
gran parte de la médula, se observa casi siempre en relación
con otras enfermedades o lesiones renales. Entre las primeras se encuentra
ante todo la diabetes mellitus; entre las segundas, la pielonefritis.
No rara vez coexisten ambas. Probablemente el factor patogenético
más importante es la isquemia.
La necrosis cortical renal, en la que pueden afectarse pequeñas
partes o la casi totalidad de la corteza, en el adulto se ve especialmente
en complicaciones del embarazo, como en el desprendimiento prematuro
de la placenta. Probablemente el factor patogenético principal
es la isquemia; la necrosis cortical renal en el recién nacido
ocurre con mayor frecuencia que en el adulto.
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