En este caso el aumento del contenido sanguíneo intravascular
se debe a un drenaje insuficiente de sangre venosa (figura 3.1). Macroscópicamente
el órgano afectado muestra aumento de volumen, cianosis y disminución
de la temperatura local. La hiperemia afecta a todos los órganos
cuando hay insuficiencia cardíaca. Se trata de una hiperemia pasiva
general, en la que cabe distinguir la que afecta los órganos de
la circulación mayor (por insuficiencia cardíaca derecha)
y la que afecta los pulmones (por insuficiencia cardíaca izquierda).
Cuando el impedimento del drenaje venoso está en una vena tributaria
de las cavas, la hiperemia resultante se considera local.
Macroscópicamente ello se manifiesta en una exageración
de la arquitectura lobulillar: perilobulillos amarillentos, centro lobulillares
rojo ocre, lo que constituye el «hígado moscado». Las
alteraciones descritas en las zonas centrolobulillares se extienden
a toda el área acinar 3 (figura 3.3); como éstas son contiguas,
el color rojo ocre aparece en forma de un enrejado que encierra las
zonas perilobulillares (áreas acinares 1) amarillentas, mejor
preservadas: este islote de lobulillo tiene como centro el espacio porta
(«lobulillo invertido, portal» lobulillo de Sabourin).
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Figura 3.3.
Estructura acinar del hígado. Nótese que la zona
central del lobulillo clásico está formada por el
área 3 de varios acinos, los cuales se extienden de una
vena centrral a otra. (Modificado de Anderson, 1982)
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Dicha red ocre con islotes amarillentos es lo que confiere al hígado
con atrofia cianótica el aspecto de nuez moscada. Las alteraciones
descritas no se explican sólo por atrofia de presión,
también interviene un factor hipóxico, que explica la
infliltración grasosa (retentiva) en el área acinar 1
y la necrosis que suele encontrarse en el área 3, necrosis que
puede presentarse también en la primera fase. La atrofia y necrosis
explican la disminución de tamaño del hígado con
atrofia cianótica. En la induración cianótica se
agrega fibrosis preferentemente alrededor de la vena central. Ocasionalmente
se observan fenómenos regenerativos del parénquima hepático
con formación de nodulillos y distorsión de la arquitectura,
lo que ha hecho hablar de «cirrosis cardíaca». En el
bazo y riñones la hiperemia pasiva crónica produce alteraciones
similares a las descritas en el hígado: congestión, atrofia
e induración, alteraciones que se producen, sin embargo, en fases
no tan bien definidas como en el hígado.
En los pulmones, en la fase inicial o en la hiperemia aguda se produce
ingurgitación capilar, edema en el intersticio, edema alveolar
y extravasación de algunos eritrocitos. El edema pulmonar puede
conducir a la muerte. La hiperemia pasiva pulmonar crónica se
manifiesta primeramente por induración debido al aumento de fibrillas
reticulares y colágenas en el intersticio, consecuencia probablemente
del edema intersticial persistente (figura 3.4). La membrana basal de
los capilares se engruesa. Macroscópicamente es un pulmón
rojo e indurado. Posteriormente aparece un tinte ocre debido a la formación
de hemosiderina a partir de eritrocitos extravasados en los alvéolos
y fagocitados por macrófagos descamados («células
cardíacas»). Es la induración rojo morena pulmonar.
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Figura 3.4.
Hiperemia pasiva pulmonar crónica: tabiques alveolares
engrosados por engurgitación capilar, fibrosis y aumento
de fibroblastos. En el lumen, hemosiderófagos (Modificado
de Hamperl, 1966)
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Hiperemia pasiva local
En este caso pueden distinguirse dos situaciones según la disposición
del sistema venoso local: en una, el sistema venoso normal presenta
anastomosis numerosas y amplias, como ocurre en las venas superficiales
del antebrazo. En la otra, las anastomosis son de menor calibre y poco
numerosas, como sucede en la mayor parte de los territorios venosos
del organismo humano.
En la primera situación, un obstáculo a la corriente
venosa no tiene mayores consecuencias porque la sangre que encuentra
el obstáculo halla otras vías de paso a través
de las anastomosis.
En la segunda situación, una obstrucción venosa persistente
provoca primero una hiperemia pasiva con los signos ya mencionados,
hiperemia que se resuelve lenta y progresivamente a medida que se desarrollan
anastomosis con otro territorio venoso. El estímulo para el desarrollo
de estas nuevas vías es la propia hipertensión venosa
en alguna vena afluente situada antes de la obstrucción, vena
afluente en que se invierte el sentido de la corriente sanguínea
(figura 3.5).
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Figura 3.5.
Hiperemia venosa local. Inversión del sentido de la corriente
sanguínea en una vena afluente antes del obstáculo
y desarrollo de anastomosis.
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La circulación colateral se realiza entre las dos cavas (circulación
cava-cava) en casos de obstrucción de la vena femoral o de la
cava inferior. Así, cuando la obstrucción se halla en
la femoral por debajo del ligamento de Poupart y después de la
desembocadura de la vena epigástrica superficial (tributaria
de la safena interna), las anastomosis se desarrollan entre venas epigástricas
superficiales (o subcutáneas abdominales) y las torácicas
inferiores, ramas de la axilar. Cuando la obstrucción está
en la cava inferior cerca de las ilíacas primitivas, las anastomosis
se desarrollan entre las epigástricas profundas (tributarias
de la ilíaca externa) y la vena mamaria interna, tributaria de
la subclavia. En la obstrucción venosa portal, sea en la vena
porta misma o en sus ramas intrahepáticas (como es el caso en
la cirrosis hepática), se desarrolla una circulación colateral
entre ramas de la porta y ramas de las cavas (circulación porto-cava).
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Figura 3.6.
Circuñación colateral en la obstrucción portal.
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Estas nuevas vías se desarrollan entre las siguientes ramas:
(figura 3.6) entre la vena coronaria estomáquica y las esofágicas
inferiores, ramas de las ázigos; entre las hemorroidales superiores
y las inferiores, ramas de la ilíaca interna; entre pequeñas
venas intestinales y venas tributarias de la cava inferior, anastomosis
llamadas venas de Retzius; aparición de las venas de Sappey,
o portas accesorias, que comprenden dos grupos: anastomosis entre las
venas del ligamento falciforme del hígado y las venas diafragmáticas
inferiores, ramas de las cava inferior, y anastomosis entre las venas
paraumbilicales y epigástrica profunda, mamaria interna, epigástricas
superficiales y torácicas inferiores. Estas últimas anastomosis
superficiales se disponen radialmente alrededor del ombligo («cabeza
de medusa»). Las venas de todos estos territorios aparecen dilatadas,
lo que es particularmente importante en el caso de las esofágicas
inferiores porque estas venas dilatadas con esclerosis y adelgazamiento
de la pared (várices esofágicas) pueden romperse y producir
una hemorragia mortal.
La causa de una obstrucción venosa puede estar en el lumen,
en la pared o por fuera de la vena (causa extrínseca). La más
frecuente es la trombosis. La obstrucción del lumen puede estar
dada por tejido tumoral. Entre las lesiones parietales están
las fleboesclerosis e inflamaciones retráctiles. Causas extrínsecas
son compresiones por tumores o quistes, ligaduras y torsiones.