Los tipos fundamentales son el infarto anémico y el hemorrágico.
Además, pueden distinguirse el infarto séptico y el llamado
infarto venoso.
Infarto anémico
Los infartos anémicos se producen en órganos con irrigación
de tipo arboriforme (terminal). A ellos pertenece el corazón,
el riñón y el bazo. El infarto en estos órganos
presenta sin embargo un aspecto hemorrágico en las primeras 24
horas. Ello se debe a la extravasación de sangre contenida en
los vasos que se necrosan. A partir del segundo día, a medida
que se reabsorbe esta sangre, van apareciendo los caracteres macroscópicos
típicos de la necrosis de coagulación (figura 3.13). Se
trata por lo tanto de un componente hemorrágico inicial y sólo
pasajero, que no quita el carácter de anémico de estos
infartos, puesto que a la zona comprometida no sigue llegando sangre.
En la substancia blanca cerebral el infarto anémico no alcanza
a aparecer hemorrágico ni siquiera al comienzo debido a que los
vasos son poco numerosos.
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Figura 3.13.
Infarto anémico renal. A la izquierda, estructura conservada;
a la derecha, necrosis de coagulación; al centro, banda
de infiltración leucocitaria. (Modificado de Hamperl, 1966)
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Infarto hemorrágico
El hecho general que explica el carácter hemorrágico
de algunos infartos es que sigue llegando sangre a la zona isquémica
aunque en cantidad insuficiente para mantener la vitalidad de los tejidos
(figura 3.14). Las condiciones más frecuentes en que se da este
hecho son:
- obstrucción parcial,
- migración de un émbolo trombótico,
- irrigación de tipo anastomótico (reticular) y
- doble circulación.
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Figura 3.14.
Infarto hemorrágico del pulmón: necrosis y hemorragia
(zona achurada) (Modificado de Hamperl, 1966)
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La obstrucción parcial se debe las más de las veces a
una ateroeclerosis estenosante. Los infartos sin oclusión son
frecuentes en el intestino y no son raros en el encéfalo y corazón.
La migración de un émbolo trombótico con impactación
de los trozos del émbolo en ramas más distales, permite
que vuelva a llegar sangre al territorio proximal ya necrosado, mientras
el distal sigue ocluido. El infarto es hemorrágico en el territorio
proximal y anémico en el distal. Ello se observa ocasionalmente
en infartos cerebrales.
Una circulación anastómica típica se da en el
intestino, donde los infartos siempre son hemorrágicos porque
a la zona isquémica sigue llegando sangre por las anastomosis.
Una doble circulación tienen el pulmón y el hígado.
En el pulmón la oclusión de una rama de la arteria pulmonar
no basta para producir un infarto si no hay hiperemia pasiva con la
consecuente hipertensión venosa. En este caso la circulación
bronquial es capaz de suplir la isquemia a través de anastomosis
broncopulmonares distales a la oclusión. Si hay hipertensión
venosa, la presión de la corriente bronquial puede ser insuficiente
para producir un flujo sanguíneo adecuado, y en tal caso se produce
una isquemia con inundación de sangre que llega en cantidad insuficiente
por las arterias bronquiales (figura 3.15).
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Figura 3.15.
Patogenia del infarto hemorrágico del pulmón: obstrucción
de una arteria pulmonar (A.p.) e hiperemia venosa. La circulación
bronquial en este caso es insuficiente.
A.b. Arteria bronquial; V.p. Vena pulmonar; V.b. vena bronquial
Modificado de Eder y Gedik, 1986)
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En el hígado la situación es similar: en general se produce
un infarto hemorrágico cuando hay oclusión de una circulación
e hipertensión venosa. Si hay oclusión de ambas circulaciones
el infarto hepático es anémico. Los infartos hepáticos
son raros, los pulmonares, muy frecuentes.
En la substancia gris del encéfalo los infartos de regla son
hemorrágicos. Ello se explica por la rica irrigación de
este tejido (unas 4 veces mayor que la de la substancia blanca), de
tal forma que aun reduciendo el aporte como para producir un infarto,
sigue llegando algo de sangre.
Infarto séptico
Se produce por una embolia trombótica infectada. La lesión
está constituida en parte por un infarto, en parte por una inflamación
con frecuencia purulenta. Los infartos sépticos suelen ser múltiples
y pequeños por la tendencia del émbolo a disgregarse en
pequeñas masas debido a los gérmenes. El infarto séptico
pulmonar es menos hemorrágico que el infarto puro y no tiene
como condición una hiperemia pasiva.
Infarto venoso
Se denomina así la infiltración hemorrágica de
un órgano o de un sector de él, producida por el bloqueo
brusco del drenaje venoso. El tejido comprometido se disgrega, las células
muestran alteraciones paratróficas y luego necrosis. Las causas
más frecuentes son la trombosis venosa, como en el riñón
y encéfalo, y la torsión del pedículo vascular,
como en el testículo y anexos uterinos. La torsión afecta
más a las venas que arterias. La denominación es impropia
puesto que la lesión no se produce primariamente por isquemia
sino por hiperemia venosa.
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