Herida es una solución de continuidad de los tejidos con tendencia espontánea a la curación. En esa solución de continuidad hay pérdida de tejidos. En las heridas de regla se comprometen tejidos de tipos diferentes.

Los procesos que intervienen en la curación de las heridas son: regeneración, reparación y organización. Además, en toda herida se produce una inflamación y hemorragia.

Las condiciones generales que determinan qué proceso predomine en la curación de una herida, son las mismas que las indicadas en la regeneración y reparación, vale decir: tipos de tejidos destruidos, extensión de la pérdida y grado de complejidad de las estructuras comprometidas. A éstas se agregan otras tres, que favorecen el desarrollo de organización y que son: la infección, que acentúa el proceso inflamatorio y la formación de exudado fibrinoso; la formación de hematomas, es decir, de colecciones hemáticas que tienden a ser organizadas; y la separación de los labios de la herida, que equivale a aumentar la extensión de la pérdida de tejido y que a su vez favorece la infección.

En las heridas quirúrgicas, la primera intención del cirujano es que ella cure con la mayor regeneración y la menor reparación y organización posibles. Esto se llama curación por primera intención (per primam intentionem o simplemente per primam). Para eso usa bisturíes debidamente afilados con el objeto de provocar la menor destrucción posible de los tejidos, trabaja en asepsia para evitar la infección, sutura los vasos que se van rompiendo para evitar la formación de hematomas y coapta los labios de la herida con puntos de sutura.

En otras condiciones, como en heridas infectadas o con grandes pérdidas de tejidos, no es posible la curación per primam; la intención del médico será tratar la infección y favorecer el desarrollo de tejido granulatorio (curación por segunda intención).

Curación por primera intención
Curación de las fracturas