Básicamente se distinguen la hipertrofia ortológica y la patológica. La hipertrofia ortológica se da en condiciones normales, como por ejemplo, la hipertrofia muscular del atleta o la hipertrofia del útero en el embarazo. En este último caso se trata de una hipertrofia en sentido estricto e hiperplasia.

Desde el punto de vista patogenético, las formas principales de la hipertrofia patológica son la hipertrofia de trabajo, la hipertrofia endocrina y las hipertrofias idiopáticas.

La hipertrofia de trabajo se explica por sobrecarga de trabajo del órgano. Ejemplos típicos son la hipertrofia de presión del corazón, por aumento de la resistencia en la expulsión de sangre, como en la estenosis aórtica, la hipertensión arterial y la coartación aórtica, y la hipertrofia de volumen, en que el corazón trabaja con mayor volumen de sangre para mantener el débito, como en las insuficiencias valvulares. Otro ejemplo es la hipertrofia vesical en la obstrucción prostática. Un caso particular de la hipertrofia de trabajo es la hipertrofia vicariante o compensadora, en que la mayor demanda se produce por pérdida de tejido funcionante. Ejemplos son la hipertrofia de un riñón en caso de nefrectomía y la hipertrofia cardíaca consecutiva a infarto del miocardio.

Las hipertrofias endocrinas como en el caso de la acromegalia, probablemente también corresponden a una forma particular de hipertrofia de trabajo por aumento del estímulo endocrino.

Las hipertrofias idiopáticas son de patogenia desconocida. Ejemplos importantes se dan en el corazón en miocardiopatías idiopáticas congestiva y obstructiva; además, existe una hipertrofia idiopática del miometrio del útero.