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Dr. Jongsung Lim.
Dr. Mauricio Ocquetau.
Julio de 2001
INTRODUCCION
Las trombosis venosas son una causa importante de morbimortalidad.
Junto con el riesgo del tromboembolismo pulmonar y los síntomas
invalidantes de la trombosis en la fase aguda, en el 60% de los casos
provoca en el futuro el sindrome postflebítico (algia crónica
de la extremidad, edema, induración, venoectasia y ulceración),
motivando al paciente a un continuo y largo proceso de cuidado y atención
(1). Por otra parte, es una patología altamente prevalente. En
Estados Unidos, cerca de 1 en 1000 paciente por año desarrollan
trombosis clínicamente aparente y se producen 250.000 hospitalizaciones
anualmente atribuibles a la enfermedad tromboembólica y su complicación
fatal, la embolía pulmonar cobra 50000 fallecidos por año.
En el nivel de la práctica hospitalaria, estudios postmortem sugieren
que la enfermedad tromboembólica causa el 10% de las muertes y
contribuye con otros 15%.
Ya han pasado casi 150 años desde que el patólogo alemán
Virchow planteó la Tríada de la Trombosis (1) : estasia
venosa, cambios de la pared vascular y cambios en la composición
de la sangre. Esto último es los que conocemos como Trombofilia
o Hipercoagulabilidad, un trastorno de la hemostasia en el cual existe
una tendencia a desarrollar trombosis patológicas. No fue hasta
1965, en que Egeberg describió por primera vez una condición
heredada de trombofilia : el déficit de Antitrombina III. Posteriormente,
en la década de los 80 se describen los déficit de proteína
C y S y recién en 1993, la resistencia a la proteína C activada.
En los últimos 10 años se ha progresado en el estudio de
la trombofilia más que en todos los períodos anteriores.
Tal ha sido el impacto de estos nuevos descubrimiento (tanto de trombifilias
adquiridas como heredadas), que ha alterado dramáticamente la aproximación
y el manejo de los pacientes con trombosis venosas. Abundante es la información
que existe sobre las ventajas y los objetivos de la anticoagulación,
pero todavía no existen datos convincentes sobre la duración
e intensidad del tratamiento cuando se identifica un estado de trombofilia.
COAGULACION Y MECANISMOS MAYORES ANTICOAGULANTES
La trombosis es la resultante de la interacción de múltiples
factores que llevan finalmente al desequilibrio entre los mecanismos protrombóticos
y los anticoagulantes. En muchos casos, no basta la presencia de un solo
factor, sino que la suma de los factores de riesgo el que al traspasar
el umbral determina la formación del coágulo (2), generalmente,
una asociación de circunstancias externas y una predisposición
heredada o adquirida del sujeto a la trombosis. Solo un 30-40% parecieran
ser espontáneos. De esto se difiere que el hecho de ser portador
de un defecto congénito protrombótico no es una causa, sino
un factor de riesgo más para el desarrollo de trombosis. Por ello,
existe convicción en la actualidad que el fenómeno
tromboembólico es una enfermedad multicausal (3). Teoría
del umbral trombótico.
El umbral trombótico es un diagrama de la teoría multiriesgo
del desarrollo de la trombosis. Varios factores de distintas magnitudes
son necesarios para cruzar la línea de formación del trombo.
La coagulación es la consecuencia final de la activación
secuencial de diferentes serina proteasas que en última instancia
determinan la formación del trombo en el sitio de lesión
vascular (4). Anticoagulantes circulantes actúan para limitar la
formación del trombo., de los cuales cinco son los más importantes
: la antitrombina III, que neutraliza la trombina; la proteína
C, que inactiva los factores V y VIII; la proteína S, que es una
cofactor necesaria para la actividad de la proteína C; la trombomodulina
, una proteína de la superficie endotelial que se une a la trombina
para activar a la proteína C y el factor activador del plasminógeno
que activa al plasminógeno como la mayor enzima fibrinolítica.
Al analizar estos pasos, existirían teóricamente muchas
vías por el cual puede generarse el desbalance a favor de
la trombosis, pero la clásica trombofilia nace generalmente de
un déficit de antitrombina, proteína C ó S. Una carencia
del inhibidor del factor tisular podría esperarse un efecto similar,
pero éste no ha sido descrito en humanos.
Una vez formado el coágulo de fibrina, se activa simultáneamente
el sistema fibrinolítico y éste actúa de una manera
anticoagulante degradando la fibrina. Al igual que en la cascada de la
coagulación, también existe un sistema profibrinolítico
y antifibrinolítico (plasmina activador plasminógeno
y antiplasmina inhibidor activador plasminógeno respectivamente).
Aunque una deficiencia de la actividad fibrinolítica se esperaría
una actividad protrombótica, ésta no ha podido ser consistentemente
probada, excepto en la disfibrinogenemia, que es una entidad bien reconocida
de estado trombofílico, pero rara. En la actualidad no se considera
de rutina el estudio del sistema fibrinolítico como parte del estudio
del estado de hipercoagulabilidad (5).
CLASIFICACION DE LOS ESTADOS DE HIPERCOAGULABILIDAD
Clásicamente se ha diferenciado los estados de trombofilia
en primarios (hereditarios) y secundarios (adquiridos) (4.5). Si bien
esta clasificación es útil en categorizar las causas
de trombosis y dirigir el estudio, actualmente es bastante simplista.
El mejor conocimiento de la frecuencia relativa de cada una de ellas
permite dar lugar a otros tipos de clasificaciones como : según
la potencia trombogénica (incidencia de trombosis en
pacientes portadores de estados de hipercoagulabilidad) , si son
predominantemente venosos o arteriales o ambas, o según el sitio
en el cual ocurre las trombosis (extremidades o viscerales).
Primarfios
· Déficit
Antitrombina III
· Déficit
Proteína C
· Déficit
Proteína S
· Factor V de
Leiden (resistencia a la proteína C activada)
· Mutación
gen protrombina 20210
· Niveles elevados
factor VIII
· Hyperhomocisteinemia
· Disfibrinogenemia
· Déficit
factor XII
· Trastornos generación
plasminógeno
Secundarios
· Embarazo
· Inmovilidad
· Trauma
· Postoperatorio
· Anticonceptivos
orales, estrógenos
· Sindrome antifosfolípidos
. Otros: malignidad, sindrome nefrotico,
sindrome mieloproliferativo, hemoglobinuria paroxística nocturna,
síndrome de behcet.

Déficit antitrombina III
La antitrombina III es la mayor proteína reguladora de la
cascada de la coagulación. Se une irreversiblemente y neutraliza
a gran parte de las enzimas procoagulantes como factores II, IX y X (6).
Su deficiencia como causa de trombofilia fue descrita por primera vez
en 1965. Desde entonces se han registrado más de 80 mutaciones,
siendo agrupadas en dos grupos : Tipo I, cuando están reducidos
sus niveles y Tipo II cuando están normales, pero disfuncionantes
(2)
Aproximadamente el 55% desarrollará trombosis y el 60% de ellos,
en forma recurrente. Es raro que aparezca antes de la pubertad, pero generalmente
ocurre antes de los 50 años. Existe formas adquiridas del déficit
como ocurre en : sindrome nefrótico, CID, hepatopatías y
uso de ACO.
El diagnóstico se realiza mediante la determinación de la
actividad de cofactor de heparina de la antitrombina III (7).
Déficit de la proteína C y S.
Defectos congénitos de la proteína C y S son bastante
poco frecuentes, y son de carácter autosómico dominante.
En caso de encontrarse niveles reducidos, es importante descartar el uso
concomitante de warfarina o la presencia de un déficit de vitamina
K (4). La forma homocigota se asocia a púrpura fulminans neonatal,
un trastorno generalmente fatal a las pocas horas de vida. Más
frecuente es la forma heterocigota, que tiene un riesgo de desarrollar
trombosis en un 75% a lo largo de la vida, usualmente entre los 20 y 50
años, siete veces mayor de riesgo comparado con la población
general.
En el caso especial de la proteína S, se manifiesta de muy similar
al déficit de la proteína C en cuanto a su patrón
de herencia, riesgo de trombosis y edad de instalación, aunque
tiende a inducir con mayor frecuencia trombosis a nivel mesentérico,
cerebral y tromboflebitis superficial
Requiere de un manejo especial, evitando el uso precoz de anticoagulantes
orales por la posibilidad de necrosis cutánea (más frecuente
en la deficiencia de proteína C), pues induce a una súbita
caída de los niveles de estos anticoagulantes intrínsecos
(1).
El diagnóstico es difícil de documentar, dado el consumo
de estos factores en la fase aguda de la trombosis, por el uso de anticoagulantes
orales y por la posibilidad de resultar secundario a CID, uso de ACO y
sindrome nefrótico (4). Se utilizan mediciones actividad. En el
caso de la proteína S, se debe considerar que el 60% circula unida
en forma de complejo con la proteína C4b, que requiere ser precipitada
con polietilenglicol y posteriormente cuantificada mediante enzimoinmunoanálisis.
Actualmente está en investigación la utilidad de detección
con anticuerpos monoclonales (7,8).
Resistencia a la proteína C activada (Factor V de Leiden)
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Vía de la proteína C y factor V LeidenTrombina
se une a trombomodulina en la superficie endotelial para activar a
proteína C. APC se une a proteína S y degrada factor
V y VIII. APC no puede clivar el mutado factor V Leiden
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La proteína C constituye uno de los mecanismos anticoagulantes
más importantes. La Trombina, cuando se une a la trombomodulina
en la superficie endotelial, activa a la proteína C. Esta a su
vez, inactiva a los factores V y VIII (2).
Este fenómeno fue descrito por primera vez en 1993 por Dahlback
et al, en un paciente con importante historia familiar y personal de trombosis
(1). Encontró que al agregar proteína C activada (APC) al
plasma del paciente, no se evidenció una prolongación del
TTPK como se esperaba. Esto es lo que se denomina la resistencia a la
proteína C activada. En los años posteriores, se encontró
que el defecto no recaía en la proteína C, sino en el sitio
de clivaje en el Factor V. Aproximadamente 90 al 95% de los casos se debe
a una mutación en la posición 506 de arginina por glutamina
que confiere una resistencia a la degradación por la APC (4). La
mutación es lo que se denomina actualmente como Factor V Leiden,
por la ciudad en la que se decribió por primera vez.
La resistencia a la APC es el defecto trombofílico aislado más
frecuente (6). Su prevalencia en la población general, especialmente
de ascendencia europea, puede llegar hasta el 5% y hasta el 20% en algunas
series de pacientes con trombosis. El riesgo relativo de trombosis en
los heterocigotos es de siete veces y en los homocigotos hasta 80 veces.
A diferencia de las deficiencias de proteína C, S y antitrombina
III, que usualmente manifiestan trombosis precozmente en la vida, el riesgo
de enfermedad tromboembólica en la mutación factor V Leiden
aumenta con la edad, de hecho, es una causa importante incluso en la tercera
edad (1). En este grupo, se investigó la presencia de mutación
en pacientes de 80 años portadores de úlcera varicosa de
al menos 4 años de duración (que implica trombosis previa).
Un 26% era portadora de la mutación (1).
Existen varias maneras de demostrar la resistencia : el test original
de medir TTPK antes y después de adicionar APC, fue modificado
para poder realizarse en pacientes que estan recibiendo anticoagulantes.
Se agrega APC en el plasma del paciente diluido 1:4 con plasma con déficit
factor V. Se obtiene la relación APC dividiendo TTPK previo y posterior
a la adición del APC. Se considera anormal una relación
menor a 2. Existen falsos positivos, en especial, la presencia del anticoagulante
lúpico. Además se puede detectar la presencia de la mutación
factor V de Leiden mediante PCR (polymerase chain reaction), aunque este
método no detecta otras causas de resistencia a la proteína
C activada no factor V Leiden (8).
Mutación gen de la protrombina
La protrombina humana es una proteína de cadena simple Vitamina
K dependiente que mediante el complejo protrombinasa es convertido a la
trombina en el proceso de la coagulación (6). La primera descripción
fue realizada en 1996 por Poort et al 28 pacientes con historia familiar
de trombosis y sin otro factor de riesgo (1). Un defecto hereditario autosómico
dominante caracterizado por una sustitución de guanina por adenina
en la posición 20210 del gen de la protrombina fue determinada
en el 18% de ese grupo, manifestado por un aumento de los niveles de protrombina.
Es la condición más nueva reconocida.
Esta mutación sería menos prevalente que el Factor V de
Leiden en la población general. Según The Leiden Thrombophilia
Study, un 6.2% era portador en los pacientes con primer episodio de TVP
y 2.2% en la población sana y un menor riesgo trombogénico
: 2,8 veces (2). Existe frecuencia asociación con la resistencia
a la proteína C activada, aumentando el riesgo de enfermedad tromboembólica,
trombosis asociada al embarazo y TVP recurrente.
Si bien en un 30% existen niveles elevados de protrombina, no está
claro si la medición de ésta sea la mejor manera de diagnosticarla.
Actualmente, el test recomendado es el análisis de DNA con PCR
(7).
Hiperhomocisteinemia
La Homocisteína es un aminoácido, intermediario del
metabolismo de la metionina. Es convertido de vuelta a metionina por la
metilenetetrahidrofolato reductasa o por la homocisteína metiltransferasa.
Cuando se produce un defecto de cualquiera de estas vías se produce
un aumento de los niveles de homocisteína. Deficiencias de vitaminas
B6, B12 y folato, que son cofactores necesarios para la metilación
pueden resultan en niveles elevados de homocisteína. Otras causas
de hiperhomocisteinemia son la falla renal crónica, el hipotiroidismo,
mesenquimopatías, diabetes mellitus, etc(1).
La hiperhomocisteinemia se diferencia de otras trombofilias heredadas
en que no se asocia a un defecto genético de las proteínas
de la cascada de la coagulación. De hecho, la homocisteína
es tóxica para las células endoteliales, incitando a una
reacción trombótica y aterosclerótica, tanto en el
territorio arterial (es un factor de riesgo independiente para el infarto
del miocardio y los accidentes vasculares) como venosas
Los defectos genéticos en el metabolismo de la metionina se reporta
entre 1.4 al 15% de la población. Cerca del 13-18% van a presentar
trombosis venosas antes de los 45 años, con un riesgo de 2.5 veces.
Según el Homocysteine Lowering Trialists Collaboration, la suplementación
con vitamina B6, B12 y folato se logra reducir los niveles de homocisteína,
aunque no se confirmado que esto vaya a reducir el riesgo de enfermedad
tromboembólica (2).
El diagnóstico se determina identificando el defecto genético
por PCR o midiendo los niveles de homocisteína 4 horas postingesta
de una comida rica en metionina. Los niveles basales de homocisteína
pueden ser confusos ya que pueden resultar normales o ligeramente elevados
en pacientes heterocigotos (7,8).
Evaluación clínica de riesgo.
Cuando un paciente consulta por trombosis venosa, una de las preguntas
clínicas que surge inmediatamente es : ¿debe este paciente
ser evaluado en búsqueda de trombofilia? Antes de seleccionar a
los pacientes, se deben tomar en cuenta varios factores.(9) Primero, obtener
una adecuada historia sobre eventos trombóticos anteriores e identificar
cualquiera condición protrombótica adquirida. Luego, buscar
dirigidamente cualquiera de los siguientes datos que sugieren la posibilidad
de trombofilia (4) :
·Historia familiar de trombosis
·Trombosis recurrente
·Trombosis a una edad joven, antes de los 50 años.
·Trombosis idiopática (sin factores precipitantes
identificados)
·Trombosis en sitios inhabituales : cerebral, mesentérico,
portal, venas hepáticas.
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El realizar un screening a estos pacientes es solo una recomendación
y a la vez bastante controvertido. Si bien en pacientes sin un factor
precipitante identificado es posible reconocer algún defecto en
cerca del 50% de los casos, la evaluación de laboratorio es bastante
costosa. Por otra parte la decisión de anticoagular a corto plazo
es la misma para todos los pacientes y no está claro si el screening
tenga algún beneficio a largo plazo. Existe poca evidencia que
el screening rutinario tenga alguna influencia en la duración e
intensidad de la anticoagulación, excepto, en el sindrome antifosfolípidos
(1).
Evaluación por Laboratorio.
La finalidad del diagnóstico de estos estados es identificar
con precisión el defecto concreto en los sujetos afectados, tanto
en aquellos que han desarrollado síntomas trombóticos, como
los que permanecen asintomáticos (7).
A diferencia de los que sucede en el estudio de las coagulopatías
congénitas que cursan con hemorragia, no existe para los estados
trombofílicos heredados ninguna prueba standard y global de hemostasia
que permita su identificación, siendo necesaria la realización
de diversos tests analíticos, lo que obliga a una correcta selección
de los pacientes.
Ya que los factores riesgo congénitos son recientemente descritos,
no existen estudios lo suficientemente confiables que evalúen la
aproximación óptima y costo-efectiva de los test de screening
La evaluación por laboratorio del estado de trombofilia comienza
con exámenes generales como lo es un hemograma y pruebas de coagulación
(2), pues pueden constituir las primeras pistas de un estado de trombofilia,
por ejemplo : un hemograma sugerente de una enfermedad mieloproliferativa,
o un TTPK prolongado sin uso de heparina que sugiere la presencia del
anticoagulante lúpico.
Exámenes más específicos de hipercoagulabilidad
no debieran idealmente realizarse en el período agudo de trombosis,
ya que se espera que disminuyan sus niveles por consumo ni cuando está
bajo tratamiento anticoagulante (8). En particular, la heparina reduce
los niveles de antitrombina III o mimetiza la presencia de anticoagulante
lúpico y la warfarina disminuye los niveles de proteína
C y S. Es recomendable la suspensión por varias semanas de cualquier
tipo de anticoagulación antes de realizar el estudio (9). Si no
es posible discontinuar la terapia por el alto riesgo de recurrencia,
es posible realizar algunos test mientras continúa la terapia.
Si el paciente está ingiriendo anticoagulante oral, se puede determinar
los exámenes en búsqueda de déficit de antitrombina
III, anticoagulante lúpico y anticardiolipinas. Si se va a medir
proteína C y S, es necesario suspender warfarina , traspasarlo
a heparina, teniendo en cuenta que la vida media de la warfarina es de
36 horas y requiere de 1 semana para que desaparezca su efecto.
En cuanto al timing del estudio :
Inicio :
·Resistencia APC
·Antifosfolípidos
·Mutación protrombina 20210
·Niveles homocisteína
· Factor VIII
Diferido evento agudo :
Actividad antitrombina
Actividad proteína C
Actividad proteína S.
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Para los pacientes que desarrollan trombosis antes de los 45-50 años
y aquellos con historia familiar de enfermedad tromboembólica,
pareciera ser razonable ordenar exámenes en busca de alguno de
estos trastornos : deficiencia de antitrombina II, proteína C y
S, Factor V de Leiden, mutación gen protrombina e hiperhomocisteinemia.
Y para aquellos que presentan su primer episodio de trombosis y sin antecedentes
familiares, no sería imprescindible la búsqueda de déficit
de antitrombina III, proteína C y S, dado que más del 80%
de los que presentan esta deficiencia experimentan trombosis antes de
los 50 años.
MANEJO DE LA HIPERCOAGULABILIDAD
Tratamiento de la trombosis fase aguda
No varía de gran manera con el resto de los pacientes sin trombofilia.
Se comienza la terapia con heparina ajustado el TTPK entre 2.0 a 2.5 veces
control basal y en forma segura, se agrega 1 día posterior al inicio
de la heparina la anticoagulación oral. En los pacientes portadores
de deficiencia de proteína C y S, el riesgo de necrosis cutánea
se reduce drásticamente con el tratamiento inicial con heparina
y con una fase de traslape de 4 a 5 días. Algunas autoridades recomiendan
comenzar en estos casos con bajas dosis de warfarina de carga (10).
Para el caso específico del déficit de proteína C,
está disponible en algunos centros concentrados de dicho factor.
En los que cursan con necrosis cutánea inducida por warfarina,
su administración rápidamente reduce los efectos necróticos.
Podría ser de utilidad también en los neonatos con purpura
fulminans (2).
Terapia Crónica
Luego del tratamiento en la fase aguda, todos los pacientes los pacientes
deben continuar con anticoagulación oral al menos por 3 a 4 meses
cuando existe un claro factor precipitante, mientras que el primer episodio
de tromboembolismo idiopático (sin causa precipitante identificado)
debiera ser tratado al menos 6 meses con el fin de reducir tasa de recurrencia.
En este grupo de paciente la tendencia actual es considerarlo como grupo
de patología crónica, ya que el riesgo acumulativo de recurrencia
llega a las cifras de 25-30% luego de 4 años . A excepción
del sindrome antifosfolípidos, el INR ideal para los pacientes
con déficit hereditario aún no está claro, aunque
existe un consenso a favor de lograr un rango de INR de 2.0 a 3.0.
De si la terapia anticoagulante debiera continuarse en forma indefinida
en pacientes con deficiencia de proteína C o S, antitrombina III
o resistencia a la proteína C activada que han experimentado un
evento tromboembólico mayor es difícil de decidir, dado
los muchos escenarios clínicos que pueden surgir. La indicación
debe ser personalizada, advirtiendo al paciente los beneficios y el riesgo
eventual de sangrado mayor (aproximadamente 5-7% por año). Se deberá
tomar en cuenta el número de sitios comprometidos, la severidad
de trombosis, de si la trombosis fue espontáneo o secundario a
un factor predisponente, riesgo de trombosis del defecto en cuestión
etc. La recomendación de la American Society of Hematology es anticoagular
con warfarina por período prolongado en los casos de alto riesgo
como son :
· 2 o más eventos
espontáneos
· 1 evento espontáneo
con riesgo vital portadores de más de un defecto genético
que han presentado un evento espontáneo
La indicación de anticoagulación indefinida en pacientes
con un defecto y un episodio de trombosis no está definida. Actualmente
está bajo estudio (Prevention of Recurrent Venous thromboembolism
Trial PREVENT).
BIBLIOGRAFIA
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