La glándula mamaria, exocrina, corresponde a una glándula sudorípara (apocrina) modificada. Es sitio frecuente de lesiones inflamatorias, displásticas y tumorales. Son notorios los cambios que experimenta a lo largo de la vida y en dependencia de las distintas situaciones hormonales.

Normalmente existen 12 a 20 lóbulos glandulares que se reunen en un número similar de conductos excretores y senos galactóforos que se concentran en una estructura fibromuscular, el pezón. Los lóbulos, a su vez, están constituidos por lobulillos; estas estructuras epiteliales están incluidas en un estroma conectivo laxo intralobulillar hormono-dependiente, diferente del estroma conjuntivo y adiposo perilobulillar restante. Así, la glándula propiamente tal está constituida por conductos que se ramifican en canalículos, los que dan lugar a acinos. Estos son sólidos cuando la glándula está en reposo y muestran un lumen ocupado por secreción durante la lactancia.

En la infancia, las ramificaciones de la glándula terminan en los canalículos; en la pubertad se desarrollan los acinos, que quedan en reposo. Con el embarazo se suceden dos fases: la primera es de proliferación, en la que se desarrollan más acinos y más tejido conjuntivo intralobulillar (o periacinoso) y algún infiltrado de células redondas pequeñas; la segunda fase es de secreción (cuando cesa la acción inhibitoria de la placenta) con aparición de lúmenes y secreción. Con la menopausia se produce involución de las estructuras glandulares, con aumento relativo del componente conjuntivo-adiposo.