Bocio Multinodular
Se define como bocio multinodular (BMN) al crecimiento
de la glándula tiroides debido a la presencia de dos o más
nódulos, palpables o no. También se incluyen en esta categoría
los casos en que se palpe sólo un nódulo, pero que el resto
de la glándula se aprecie globalmente aumentada de tamaño,
ya que se supone que en ese tejido existen otros nódulos no evidenciables
a la palpación.
Patología
Al igual que en la patogenia de los bocios difusos, el BMN implica
la proliferación de células epiteliales y la formación
de nuevos folículos, además de aumento del tejido intersticial
y de coloide.
La imagen histológica de estos bocios muestra un tejido heterogéneo,
con células y folículos de diferentes tamaños y
actividad. Además, el tejido conectivo tiene una disposición
variada, formando cápsulas completas o parciales en los diferentes
nódulos o tractos fibrosos entre ellos. Los nódulos pueden
ser de tamaños muy variables, desde unos pocos milímetros
hasta varios centímetros.
Patogenia. La secuencia se inicia con un "estímulo
bociógeno" entre los que se encuentran:
- TSH: esta hormona hipofisiaria regula la función tiroidea
pero también estimula y modula el crecimiento tisular, influenciando
factores de crecimiento tisular, especialmente IGF-1. El aumento de
TSH puede deberse a cualquier condición que lleve a una producción
insuficiente de hormonas tiroideas o incluso, aunque muy raramente,
a un tumor hipofisiario productor de TSH.
- Yodo: la carencia de yodo puede estimular directamente la proliferación
del tejido, aunque no se haya producido hipotiroidismo y por lo tanto
elevación de TSH. El hipotiroidismo por carencia de yodo produce
bocio tanto por este mecanismo como por el aumento de TSH .
- IGF-1: este factor de crecimiento influye tanto en el crecimiento
y proliferación fisiológica del tiroides, como en el
de los nódulos, describiéndose cantidades variables
de receptores para IGF-1 en los nódulos de un mismo tiroides.
- Otros factores de crecimiento: EGF, PDGF, TGF, FGF y otras citoquinas
también están relacionadas con el crecimiento de los
bocios, pero su importancia en la patogenia aún está
en discusión.
- Sustancias bociógenas: algunos alimentos pueden contener
elementos que estimulan directamente el crecimiento tiroideo (ejemplo:
piñones de la araucaria).
Los estímulos anteriores actúan sobre células
epiteliales que poseen potenciales de crecimiento y proliferación
diferentes entre sí, de manera que las células más
sensibles, con mayor potencial de crecimiento, entran en un ciclo mitótico.
El estímulo crónico hace que esas células sigan
proliferando hasta la formación de nódulos.
Diversos estudios han demostrado que, además de la posibilidad
de un estímulo "externo" para la proliferación
de las células tiroideas, pueden existir defectos primarios en
la tiroides que lleven también a la aparición de múltiples
nódulos; es decir, el tejido de ciertas zonas puede ser genéticamente
(desde el nacimiento o por mutación) más sensible a los
estímulos normales de proliferación.
Si bien la definición clásica de los BMN excluye la patología
inmunológica y tumoral de la glándula, desde una aproximación
semiológica ellos pueden corresponder a una tiroiditis de Hashimoto
o a enfermedad de Basedow-Graves que han llegado a esta situación
por proliferación celular heterogénea y por procesos de
fibrosis.
Funcionalidad de los BMN
Los BMN son generalmente eutiroideos, sin embargo, una cantidad variable
de folículos o grupos de ellos pueden seguir sintetizando hormona
tiroidea, incluso con TSH suprimida. Al aumentar estos grupos foliculares
funcionalmente autónomos, la regulación de la producción
hormonal se torna independiente de la TSH y el paciente se va haciendo
lentamente hipertiroideo; esta entidad, cuando está constituida,
se llama BMN tóxico. La imagen cintigráfica en este tipo
de BMN es de captación irregular y, ocasionalmente, puede observarse
también uno o más nódulos hipercaptantes. A mayor
tamaño del bocio y mayor tiempo de evolución, mayor es
la probabilidad de tirotoxicosis.
Clínica
Los BMN son más propios de la edad adulta y no es frecuente
que aparezcan antes de los 30 años de edad.
Suelen ser un hallazgo en el examen físico de la región
anterior del cuello en pacientes asintomáticos. En casos de bocios
de gran tamaño, la sintomatología depende principalmente
del efecto de masa en la región cervical o en el mediastino anterior,
en relación al tamaño del bocio y a la compresión
de estructuras vecinas como tráquea (disnea y estridor) y esófago
(disfagia).
Puede además producir deformación del cuello, que es
más evidente en mujeres delgadas y de cuello largo. La aparición
de dolor intenso, hecho inhabitual, puede generarse por sangrado dentro
de uno de los nódulos. Las alteraciones de la voz no son un hallazgo
frecuente en los BMN (aunque pueden ocurrir por tracción o compresión
del nervio laríngeo recurrente por algún nódulo
de rápido crecimiento) y deben alertar al médico, ya que
hace más probable que se trate de una lesión tumoral maligna.
El diagnóstico puede hacerse también en el contexto del
estudio de un hipo o hipertiroidismo o como hallazgo de una masa en
el mediastino anterior en una radiografía o TAC de cuello o tórax.
Los bocios retroesternales o intratorácicos pueden dar algunos
síntomas específicos, debido a la compresión de
estructuras vasculares (síndrome de vena cava superior), tráquea
o esófago.
Diagnóstico
Examen Físico. Se diagnostica generalmente por la palpación.
Esta debe realizarse con el paciente de pie o sentado, pidiéndole
que trague para evaluar el límite inferior de la glándula,
que en algunos casos puede tener un componente intratorácico.
Esta maniobra puede ser más fácil con el paciente en decúbito
dorsal y con el cuello extendido. La palpación permite evaluar
el número y características de los nódulos que
forman el bocio. La presencia de un nódulo dominante puede dar
la falsa impresión que se trate de un nódulo único.
En general, la palpación de un nódulo único, pero
con un tiroides crecido, debe plantear la presencia de otros nódulos
no diagnosticables al tacto.
En caso de bocios grandes, el examen permite evidenciar desplazamiento
traqueal.
Laboratorio. La definición clásica de BMN se refiere
a pacientes eutiroideos, pero la misma morfología puede existir
en el contexto de hipotiroidismo o hipertiroidismo (BMN tóxico).
Es indispensable medir TSH y, si ella está alterada, cuantificar
las hormonas tiroideas. También es útil evaluar anticuerpos
antitiroideos, ya que la patología tiroidea autoinmune de larga
data puede generar nódulos en la tiroides.
Ecotomografía. Permite cuantificar los nódulos
(no todos son palpables), precisar sus tamaños y evaluar sus
características (sólidos, quísticos o mixtos).
Las características del ecógrafo en el que se realiza
el examen (para una buena resolución, la longitud de onda debe
ser de10 MHz o superior) y la experiencia del operador son muy importantes
para obtener información complementaria, por ejemplo, las características
de la cápsula nodular, de la circulación y la eventual
presencia de calcificaciones.
Cintigrafia tiroidea con I-131 o Tc-99. No es un examen indispensable
y suele mostrar un patrón de captación heterogéneo.
Vale la pena realizarlo si la TSH es baja (<1,0 mUI/L) o suprimida,
para evaluar la hiperactividad de un nódulo o de áreas
de la glándula.
Radiografía de partes blandas de cuello. Permite evaluar
la desviación y/o grado de compresión de la tráquea.
Punción con aguja fina. Se requiere en caso de BMN con
uno o dos nódulos dominantes. Esto permite descartar la presencia
de cáncer y en algunos casos disminuir el tamaño del nódulo
al aspirar su contenido líquido.
El diagnóstico diferencial de los BMN se plantea con tiroiditis
de Hashimoto y carcinomas multifocales o diseminados intraglandularmente.
Más raramente pueden existir adenomas múltiples.
Tratamiento
Depende del tamaño, de las características de un nódulo
predominante, eventuales síntomas compresivos y función
tiroidea. Los BMN pequeños, eutiroideos y asintomáticos
pueden requerir sólo observación. Existen varias alternativas
de tratamiento.
Terapia supresiva con hormona tiroidea. No tiene real efectividad
en disminuir de tamaño los nódulos y además representa
un riesgo, desde el punto de vista cardiovascular, por la posibilidad
de tirotoxicosis en pacientes que generalmente son de edades mayores.
Radioyodo. Tradicionalmente estaba reservado para disminuir
el tamaño y normalizar la función de los BMN tóxicos,
pero en los últimos años se ha utilizado también
para disminuir el tamaño de BMN eutiroideos. Cabe destacar
que la inflamación actínica puede aumentar transitoriamente
el bocio y eventualmente agravar los síntomas compresivos traqueales.
Este riesgo es importante de considerar en bocios con componente intratorácico.
Cirugía. La tiroidectomía se plantea en los
casos en que el bocio produce efecto de masa, cuando se desecha utilizar
yodo radioactivo o exista la posibilidad de cáncer. El abordaje
es por cervicotomía y sólo excepcionalmente se requiere
esternotomía, ya que muchas veces la hiperextensión
del cuello hace subir la glándula lo suficiente para permitir
el abordaje cervical.
Bocio uninodular
Los nódulos tiroideos únicos o múltiples
son un hallazgo frecuente; su prevalencia varía según el
método con que se evalúen. En los grandes estudios poblacionales,
como el de Framingham, el diagnóstico de nódulos tiroideos
por palpación se hizo en el 6,4% de las mujeres y el 1,5% de los
hombres y se observó además la aparición de nódulos
en el 0,1% por año de observación. Si bien esto ya convierte
esta enfermedad en muy prevalente, la masificación de la ecotomografía
de cuello hace que se encuentren nódulos tiroideos hasta en el
21% de la población femenina no seleccionada; en autopsias se comunican
prevalencias de hasta 50% de nódulos en la población general.
Hay que destacar que en pacientes con hallazgo clínico
de un nódulo, la ecografía detecta nódulos adicionales
en 20 a 40% de los casos.
Estos datos permiten entender porqué es difícil
precisar la correcta proporción de malignidad entre los nódulos
ya que dependiendo de la fineza del método diagnóstico ésta
varía sustancialmente, fluctuando entre el 4 y 8% de ellos.
Etiología
En la Tabla 1 se señalan las diversas causas de los nódulos
tiroideos; a continuación se enfatizan algunas de sus características.
|
TABLA 1
LESIONES QUE PUEDEN PRESENTARSE COMO NODULO TIROIDEO
|
| Benignas |
Malignas |
| Quistes coloideos simples o hemorrágicos |
Carcinoma papilar |
| Nódulos coloideos en un BMN |
Carcinoma folicular |
| Adenomas foliculares |
Carcinoma de células de Hürthle |
| Adenomas de células de Hürthle |
Carcinoma anaplástico |
| Tiroiditis crónica linfocitaria |
Carcinoma medular |
| |
Linfoma primario del tiroides |
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Metástasis (mama, riñón) |
Quistes tiroideos. Los quistes se dividen en simples y complejos.
Los simples se caracterizan por su pared fina y tener sólo contenido
líquido y sin ecos en su interior. Generalmente corresponden
a quistes tiroideos cuyo contenido es sólo coloide, pero muy
raramente también pueden ser quistes paratiroideos, que contienen
líquido transparente o amarillento con alta concentración
de PTH o sin ella, respectivamente. Los quistes con estructura ecográfica
compleja corresponden a quistes coloideos que han sufrido hemorragia
o necrosis, así como licuefacción de nódulos sólidos,
benignos o malignos.
Nódulos coloideos. La mayoría de las veces estos
corresponden al nódulo predominante de un BMN. Histológicamente
muestran folículos de diferentes tamaños con abundante
coloide y células de características normales; la cápsula
puede no ser completa. Su origen puede estar en la proliferación
celular mono o policlonal (ver patogenia de BMN); funcionalmente la
mayoría son hipofuncionantes, aunque algunos pueden ser hiperfuncionantes.
Adenomas foliculares. Son de origen monoclonal, generalmente
únicos, de estructura histológica homogénea y rodeados
por una cápsula fibrosa. Se clasifican de acuerdo a su aspecto
histológico en macro o microfoliculares. Los macrofoliculares,
los más comunes, son similares al tejido tiroideo normal. Los
adenomas microfoliculares son muy celulares, con escaso coloide y se
parecen a los carcinomas foliculares (que se diferencian por invadir
la cápsula o los vasos adyacentes) lo que hace que las biopsias
por punción no puedan diferenciarlos.
Adenomas de células de Hürthle o adenomas oncocíticos.
Son tumores benignos, constituidos por células oxifílicas
similares a las de la tiroides fetal (células oncocíticas
o de Hürthle). No forman folículos, sino que las células
adoptan una disposición en brotes sólidos o cordonales.
Las características histológicas no siempre logran diferenciar
los adenomas de los carcinomas, a menos que se estudie el nódulo
completo, en particular su cápsula en busca de signos de invasión
tumoral.
Carcinomas. Los carcinomas tiroideos se dividen en papilares
(se consideran además algunos subtipos de ellos, como el carcinoma
oncocítico o de Hürthle), foliculares, anaplásticos
y medulares; además, pueden existir linfomas (especialmente en
pacientes con tiroiditis linfocitaria crónica) y metástasis
de carcinomas de origen mamario o renal, entre otros.
Evaluación de un nódulo tiroideo
La evaluación de un nódulo tiroideo está dirigida
a descartar una lesión maligna.
Historia y examen físico. Las edades extremas de la vida
hacen más probable la presencia de cáncer. También
representa un grado de alerta si el nódulo ocurre en en un hombre
(por ejemplo, en un hombre de 70 años es en el 50% de los casos
un cáncer). Deberá conocerse el tiempo de evolución
(el crecimiento rápido sugiere cáncer), la presencia de
dolor y síntomas por daño de estructuras vecinas (cambio
de voz por daño del nervio laríngeo recurrente o directo
de la tráquea o laringe como puede ocurrir en los cánceres
anaplásticos).
El antecedente de irradiación de la cabeza, cuello o tórax
por tumores como el linfoma, también debe alertar al médico;
hasta hace 3 a 4 décadas se utilizaba radiación en dosis
bajas para tratar el acné facial y la hiperplasia del timo, lo
que inducía una mayor frecuencia de cáncer tiroideo.
El examen debe investigar las características del nódulo
(tamaño, consistencia, movilidad, adherencia). Las dos primeras
características no son de valor absoluto, ya que un quiste a
tensión puede ser muy duro y el tamaño suele ser mayor
en las lesiones benignas. Las adenopatías cervicales sugieren
el diagnóstico de cáncer papilar.
Laboratorio
Función tiroidea. El mínimo necesario es la medición
de TSH. Hay que destacar que la presencia de un nódulo en el
contexto de un hipertiroidismo puede corresponder a un adenoma tóxico,
pero en el caso de enfermedad de Basedow Graves, el nódulo tiene
mayor probabilidad de ser cáncer.
Anticuerpos antitiroideos. Se recomienda su medición,
dado que las tiroiditis de Hashimoto pueden ser focales o en su evolución
formar zonas nodulares, pero su presencia no descarta la posibilidad
de cáncer.
Ecografía tiroidea. Si bien puede prescindirse de ella,
la ecografía permite establecer el tamaño, precisar el
carácter sólido, líquido o mixto, buscar otros
nódulos no palpables y, en casos de equipos de alta resolución
(10 MHz o superior), tener información sobre la cápsula
del nódulo, eventuales microcalcificaciones que pueden traducir
cuerpos de psamoma, frecuentes en carcinoma papilar. Las técnicas
de Doppler permiten información sobre la circulación de
los nódulos.
Cintigrafía tiroidea. La sugerencia actual es reservar
este examen para los casos en que la TSH sea menor de 1 mUI/ml. Esto
permitirá encontrar nódulos funcionantes (autónomos)
que alejan la posibilidad de cáncer.
Punción biópsica con aguja fina. Este es el examen
más importante y debe realizarse en todos los nódulos
mayores de 1 cm o en algunos de menor tamaño, si existen elementos
clínicos que los hagan sospechosos de cáncer. La punción
del nódulo se realiza bajo visión ocular directa o ecográfica,
en casos de nódulos no palpables o en situación anatómica
de difícil abordaje. Durante muchos años este procedimiento
obtenía células dispersas que se analizaban desde el punto
de vista citológico. Dado que las células de algunos cánceres
son "bien diferenciadas", existía un alto porcentaje
de falsos negativos. En los últimos años hemos modificado
la técnica de biopsia de tiroides utilizando una aguja 21G que
permite obtener, de forma muy simple y económica, pequeños
fragmentos de tejido del nódulo tiroideo que son analizados de
acuerdo a criterios histológicos. Esta técnica permite
catalogar a los nódulos en benignos (coloideos, hiperplasia folicular,
tiroiditis crónica, etc) y malignos (cáncer papilar, anaplástico,
medular); incluso permite realizar tinciones especiales e inmunohistoquímica
para calcitonina. Un grupo de pacientes tiene un resultado sospechoso
pero no diagnóstico, que corresponde a los con lesiones microfoliculares
(no se puede diferenciar un cáncer folicular de un adenoma microfolicular
sin examinar la cápsula completa), o con abundantes células
de Hürthle u oncocíticas (células intensamente oxifílicas
que tienden a formar nidos) que pueden verse en las tiroiditis crónicas,
adenomas de Hürthle y carcinomas papilares de variedad oxifílica.
La Figura 1 muestra la experiencia de nuestro grupo en el estudio de
600 nódulos. La sensibilidad de este método es de 93%
y su especificidad de 100%. Tanto la técnica de la punción
como la del análisis por parte del patólogo son dependientes
del operador, por lo que los rendimientos de cada grupo no son extrapolables.
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Figura 1. Esquema diagnóstico para los nódulos
tiroideos.
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Tratamiento de los nódulos no funcionantes
Tratamiento médico. En caso que el resultado de la biopsia
tiroidea sea benigno y el paciente eutiroideo, puede plantearse la posibilidad
de tratamiento con hormona tiroidea o la observación sin terapia
específica. La disminución de TSH a niveles inferiores
a 1 mUI/ml puede ser efectiva en reducir el tamaño de los nódulos,
pero algunas comunicaciones sugieren que estas reducciones no difieren
de las obtenidas con placebo. Además debe considerarse la influencia
negativa de la terapia con hormona tiroidea sobre la masa ósea,
especialmente en el período postmenopáusico. Si el tamaño
del nódulo es estable, se mantiene esta conducta, pero se realiza
una nueva punción para biopsia en 1 a 2 años. Si el nódulo
crece debe ser operado.
Tratamiento quirúrgico. Deben someterse a cirugía
todos los nódulos cuya punción haya mostrado un cáncer
y la mayoría de los casos sospechosos de serlo. La extensión
de la cirugía depende del diagnóstico inicial y del resultado
de la biopsia contemporánea realizada durante la operación.
Se recomienda la tiroidectomía total o casi total en los casos
de cáncer y en los pacientes con nódulos bilaterales.
En caso que durante la cirugía se compruebe benignidad, se realiza
una lobectomía o una tiroidectomía subtotal. También
se someten a cirugía los pacientes con nódulos que, aunque
benignos, provoquen un efecto de masa por su tamaño o ubicación.
Tratamiento del nódulo hiperfuncionante
Los nódulos tiroideos hipercaptantes en el cintigrama (ver capítulo
de laboratorio) pueden provocar o no hipertiroidismo. En los casos de
eutiroidismo y si no hay efecto de masa, podrá observarse el
tamaño y función en forma periódica. Si existe
hipertiroidismo, el tratamiento podrá ser con yodo radioactivo
si el nódulo es inferior a 3 cm de diámetro o quirúrgico,
en casos de nódulos mayores, o como alternativa al radioyodo
en nódulos más chicos. En caso de cirugía, el paciente
deberá ser previamente tratado con drogas antitiroideas para
llevarlo al eutiroidismo.
Nódulos tiroideos incidentales
La frecuente realización "rutinaria" de exámenes
de imágenes de la región cervical (ecografía y
TAC) ha producido una situación nueva, como es el hallazgo de
nódulos tiroideos no palpables, planteando la duda sobre su real
significación y la eventual necesidad de mayor estudio o tratamiento.
De acuerdo a datos de la literatura, el 20 % de las mujeres tiene un
nódulo tiroideo ecográfico no palpable. Dada la falta
de un período de evaluación suficiente, no es posible
tener criterios estrictos e inequívocos sobre la importancia
de estos hallazgos y en muchos casos la decisión depende del
criterio del médico especialista. En términos generales,
se sugiere que los nódulos mayores de 1 cm sean puncionados y
los menores a 5 mm sean observados y controlados con ecografía
cada 6 meses. En los nódulos intermedios, la decisión
depende de algunas características del paciente (se tiende a
estudiar más agresivamente a los con mayor riesgo de cáncer,
como los de los hombres o los con antecedentes de irradiación
cervical) y de las características ecográficas de ese
nódulo. La punción en estos casos deberá ser guiada
por ecografía.
Referencias escogidas
- Mazzaferri EL Management of a solitary thyroid nodule. N Engl J Med
1993; 328: 553-9
- Hermus AR, Huysmans DA. Treatment of benign nodular thyroid disease.
N Engl J Med 1998; 338: 1438-47
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