Las hormonas tiroídeas son fundamentales en la embriogénesis
y maduración fetal, particularmente en el crecimiento y desarrollo
del sistema nervioso. Regulan la síntesis de proteínas de
la neurogénesis, migración neuronal, formación de axones
y dendritas, mielinización, estructuración de sinapsis y regulación
de neurotrasmisores específicos. La organización neuronal
y la mielinización se extienden a la vida postnatal, de modo que
la hormona tiroídea sería crítica para la función
intelectual, desde el segundo trimestre de gestación hasta los primeros
años de vida
La tiroides es la primera glándula endocrina que
aparece en el desarrollo embrionario; es capaz de concentrar yodo desde
la décima semana y desde la duodécima inicia la síntesis
y secreción, progresivamente ascendente, de hormonas tiroídeas
bajo el estímulo creciente de TSH, a su vez regulado por la TRH
hipotalámica. La retroalimentación negativa de T4 sobre
TSH, si bien comienza in utero, alcanza su madurez en los primeros meses
posnatales.
El eje hipotálamo-hipófisis-tiroides del
feto se desarrolla independientemente del eje materno, ya que la placenta
es impermeable a TSH y sólo parcialmente a T3 y T4. A pesar que
la TRH materna puede pasar al feto, no se ha demostrado que tenga, en
condiciones fisiológicas, importancia en el desarrollo de la tiroides
fetal.
Durante el primer trimestre del embarazo, el desarrollo
del feto depende de T4 materna, la cual pierde importancia en el resto
de la gestación. Hacen excepción los niños atireóticos
o con defectos importantes de la hormonogénesis, quienes dependen
de la fuente materna de hormonas tiroídeas. Estos niños
tienen concentraciones sanguíneas de T4 en el cordón equivalentes
a un 20 a 50% de lo normal.
Por otra parte, la placenta permite el paso del yodo
(amiodarona, medios de contraste, soluciones yodadas), de drogas antitiroídeas
e inmunoglobulinas maternas, que pueden alterar la glándula tiroides
fetal. El yodo en exceso, al igual que las drogas antitiroídeas,
inhibe la síntesis y secreción de hormonas tiroídeas,
produciendo hipotiroidismo y bocio en el feto y neonato. De las drogas
antitiroídeas, el metamizol pasa fácilmente al feto, debido
a su baja unión a proteínas. El propiltiouracilo cruza la
placenta con menos facilidad que el metimazol, y es la droga de elección
a usar en la embarazada; aún así, debe prescribirse una
dosis baja, aunque mantenga a la madre discretamente hipertiroídea.
Con este criterio menos del 10% de los RN de madres tratadas con PTU tienen
bocio y la función tiroídea es normal dentro de la primera
semana de vida.
Por otra parte, hay que recordar el paso de yodo y drogas
antitiroídeas a través de la leche materna. De las drogas
antitiroídeas, el metamizol alcanza concentraciones elevadas en
la leche materna; en cambio, el 80 a 90% del propiltiouracilo está
ligado a proteínas sanguíneas, por lo que menos del 1% de
la dosis administrada a la madre aparece en la leche. Aún así,
si la madre está recibiendo dosis elevadas de propiltioruacilo,
se recomienda monitorizar periódicamente la función tiroídea
del lactante.
Las hormonas tiroídeas en el neonato varían
según la edad gestacional y presentan rápidas modificaciones
en las primeras horas y días posparto, por lo que al momento de
interpretar los niveles de hormonas tiroídeas, se deben considerar
estas variables (ver Tabla 1).
TABLA 1.
VALORES NORMALES DE HORMONAS TIROIDEAS EN NIÑOS, ADOLESCENTES
Y ADULTOS
|
| Edad |
T4
µg/dl
|
FT4
ng/dL
|
T3
/ng/dL
|
TSH
mUI/L
|
| 1-4 días |
11.0-21.5
|
2.2-5.3
|
97.5-741
|
1.0-39
|
| 1-4 semanas |
8.2-17.2
|
0.9-2.3
|
104.0-345
|
1.7-9.1
|
| 1-12 meses |
5.9-16.3
|
0.8-1.8
|
104.0-247
|
0.8-8.2
|
| 1-5 años |
7.3-15.0
|
0.8-2.1
|
104.0-267
|
0.7-5.7
|
| 6-10 años |
6.4-13.3
|
1.0-2.1
|
91.0-241
|
0.7-5.7
|
| 11-15 años |
5.5-11.7
|
0.8-2.0
|
84.5-215
|
0.7-5.7
|
| 16-20 años |
4.2-11.8
|
0.8-2.0
|
78.0-208
|
0.7-5.7
|
| 21-50 años |
4.3-12.5
|
0.9-2.5
|
71.5-202
|
0.4-4.2
|
| 51-80 años |
4.3-12.4
|
0.9-2.5
|
39.0-182
|
0.4-4.2
|
Hipotiroidismo Congénito
El hipotiroidismo congénito es probablemente la
primera causa de retardo mental posible de prevenir. Tiene una incidencia
de 1:3.000 a 1:4.000 recién nacidos vivos; la mayoría de
los casos son esporádicos. Dado lo inespecífico de la sintomatología
en el período neonatal, se diagnostica solo el 5% de los afectados,
que habitualmente corresponde a hipotiroidismos intrauterinos prolongados,
ya sea por atireosis o defectos completos de la biosíntesis de
las hormonas tiroídeas. En la mayoría de los niños
hipotiroídeos la detección clínica es tardía,
habitualmente después de 2 a 3 meses de vida, lo que aumenta el
riesgo de daño neurológico. El diagnóstico precoz
sólo se logra a través de la pesquisa sistemática
neonatal. Los síntomas y signos que deben hacer sospechar el diagnóstico
se enumeran en la Tabla 2. Las causas del hipotiroidismo congénito
se presentan en la Tabla 3.
|
TABLA 2
SINTOMAS Y SIGNOS DE HIPOTIROIDISMO CONGENITO
En el período neonatal
Gestación > 42 semanas
Peso de Nacimiento > 4 kg
Ictericia prolongada > 3 d
Hiperbilirrubinemia no conjugada en hipotiroidismo primario
Hiperbilirrubinemia conjugada y no conjugada en hipotiroidismo 2rio
o 3rio
Edema
Hipotermia
Dificultad en la alimentación
Fontanela posterior > 5 mm
Hernia umbilical
Distensión abdominal
Distress respiratorio
Durante el primer mes
Cianosis periférica y livedo reticularis
Piel áspera y seca
Constipación
Letargia e hipoactividad
Llanto ronco
Macroglosia
Mixedema generalizado
Otros antecedentes que sugieren el diagnóstico
son:
Vivir en zona con carencia de yodo
Enfermedad tiroídea autoinmune materna.
Antecedente familiar de dishormonogénesis.
Uso de yodo y drogas antitiroídeas durante el embarazo.
Consumo de alimentos bociógenos.
|
|
TABLA 3.
ETIOLOGIA DEL HIPOTIROIDISMO CONGENITO
|
| I. Hipotiroidismo permanente |
| I.a.- Primario |
Disgenesia tiroídea:
|
Agenesia
Ectopia
Hipoplasia |
Dishormonogénesis:
|
Defecto en la captación de yodo
Defecto en la organificación
Defecto de la yodinasa
Defecto de la síntesis de tiroglobulina
Defecto del receptor de TSH |
Iatrogenia
|
Exposición materna a I 131 |
| I.b.- Secundarios o Terciarios |
Deficiencias múltiples de hormonas hipotalámicas
|
| |
Idiopática
Familiar
Asociada a defectos de la línea media
Deficiencia aislada de TRH
Deficiencia aislada de TSH |
| II. Hipotiroidismo transitorio |
Carencia de yodo
Exposición materna o neonatal a yodo
Terapia materna con drogas antitiroídeas
Enfermedad tiroídea autoinmune materna.
Nefrosis congénita
Hipertirotropinemia idiopática
Hipotiroidismo primario idiopático
|
|
Hipotiroidismo primario. El 95% de los hipotiroidismos congénitos
son primarios (falla del tiroides) y de ellos el 80-90% corresponden
a disgenesias tiroídeas, ya sea agenesia, hipoplasia, o más
frecuentemente, ectopía de la glándula, con ubicación
desde la base de la lengua hasta el mediastino anterior. Todas estas
formas de hipotiroidismo son esporádicas. El 10-15% restante
corresponde a dishormonogénesis, producida por algún error
en el proceso de síntesis de las hormonas tiroídeas; tienen
una incidencia de 1 en 30.000 recién nacidos y se heredan en
forma autosómica recesiva.
El diagnóstico de hipotiroidismo primario se confirma por alza
de TSH asociada a T4 normal o baja, según el grado de compensación.
Hipotiroidismo secundario y terciario. Representan el 5% de
los hipotiroidismos congénitos; su incidencia es de 1:50.000
a 1:150.000 recién nacidos. Corresponden a déficit aislados
de TRH o TSH, o asociado a otras deficiencias hipofisiarias (GH, ACTH,
FSH, LH); estos últimos casos, además de los síntomas
propios del hipotiroidismo, presentan hipoglicemia, micropene o testes
no descendidos, ictericia prolongada, habitualmente colestásica,
defectos de línea media, etc. Se presentan en forma esporádica
o familiar. Estos pacientes no son detectados en los programas de pesquisa
de hipotiroidismo neonatal que usan TSH, puesto que esta trofina esta
baja o inapropiadamente normal frente a T4 total y libre bajas. Es importante
determinar T4 libre, para diferenciarlo del déficit de TBG, casos
en que T4 total está baja, pero la T4 libre es normal. En los
hipotiroidismos secundarios o terciarios siempre se debe descartar el
déficit de ACTH antes de tratar con T4.
Hipotiroidismo transitorio. Puede ser primario o secundario.
Las formas primarias tienen una incidencia aproximada de 1:4.200 recién
nacidos vivos. Habitualmente la TSH neonatal está sobre 40 mUI/ml
y el T4 normal-bajo; el diagnóstico definitivo se hace con el
seguimiento, en el curso del cual el déficit desaparece. Aunque
generalmente se desconoce la causa, se ha encontrado asociación
tanto con déficit como con exceso de yodo, uso de drogas antitiroídeas
o enfermedad tiroídea autoinmune materna.
En el recién nacido con peso bajo 1.500 g, la incidencia de
hipotiroidismo transitorio aumenta 14 veces, habitualmente de tipo secundario
o terciario, debido a inmadurez del eje hipotálamo-hipófisis-tiroides.
A lo anterior se agregan los trastornos tiroídeos que acompañan
a cualquier enfermedad grave y a la desnutrición, situaciones
frecuentes de observar en estos pacientes. En los prematuros es conveniente
repetir las pruebas tiroídeas a las 4 a 6 semanas de vida.
Detección neonatal de hipotiroidismo. En nuestro país
se determina TSH y fenilalanina en muestra de sangre de talón
obtenida entre el tercer y quinto día de vida en los recién
nacidos de término y al quinto día en los de pretérmino.
Esto permite la pesquisa de hipotiroidismo y fenilquetonuria, respectivamente.
Hay que recordar que el incremento fisiológico de TSH posterior
al parto, se recupera después de las 48 h de vida, lo que obliga
a que el examen deba tomarse después de este período,
para evitar falsos positivos. La detección con TSH no permite
diagnosticar hipotiroidismos secundarios o terciarios. El valor de corte
para la TSH en el Programa Nacional de Chile es 20 mU/l. Resultados
superiores requieren de confirmación inmediata, determinando
en sangre T4 libre y TSH y, mientras se espera el resultado, iniciar
tratamiento. Si el resultado de éstos segundos exámenes
es normal se suspende el tratamiento; si se confirma hipotiroidismo
o el resultado no es concluyente se continúa la terapia. Además,
el RN debe estudiarse con una radiografía de rodilla para evaluar
la edad ósea, la que orientará sobre el grado del hipotiroidismo
prenatal. Antes del inicio del tratamiento, idealmente debe realizarse
una cintigrafía tiroídea con Tc99, para detectar las agenesias
o ectopías tiroídeas. Si la cintigrafia no fuera factible
de realizar en forma inmediata y retrasara el inicio del tratamiento,
se postergará hasta los 2 ó 3 años de edad, cuando
se realizará el diagnóstico definitivo.
Tratamiento. El tratamiento de elección es con levotiroxina
(L-tiroxina), que permite que el niño regule a través
de su deyodinasa tisular la formación y entrega de hormona activa
(T3) a sus tejidos. La dosis inicial es de 10 a 15 µg/kg/d dada en un
solo tiempo. No debe administrarse junto a sulfato ferroso o alimentos
con soya, que disminuyen su absorción. Las formas secundarias
y terciarias de hipotiroidismo, con déficit de ACTH, deben suplementarse
con hidrocortisona antes de iniciar el tratamiento con T4, para evitar
una eventual crisis suprarrenal.
Las concentraciones plasmáticas de T4 deben llegar a 10 ug/dl
dentro de las 2 semanas siguientes al inicio del tratamiento y se deben
mantener niveles entre 10 y 15 ug/dl en el primer año de vida.
Durante los dos primeros años se controlará T4 y TSH cada
3 meses, complementado con antropometría mensual y edad ósea
cada 6 meses. Es conveniente realizar evaluación del desarrollo
psicomotor cada 3 a 4 meses, poniendo especial énfasis en la
detección de hipoacusia. Las hormonas tiroídeas son indispensables
para el desarrollo de la cóclea.
Debe evitarse la sobredosis de T4, porque acelera el cierre de los
cartílagos de crecimiento, produce craneosinostosis, disminuye
el número de células cerebrales por acortamiento del período
crítico de multiplicación celular, y altera el desarrollo
neurológico y conductual de los pacientes. A los 2 ó 3
años se suspende el tratamiento y se reevalúa la función
tiroídea, incluyendo una cintigrafía tiroídea,
para ponerle el sello de permanente y caracterizar la causa del hipotiroidismo
primario.
Pronóstico. Los programas de detección neonatal
han mejorado el pronóstico del hipotiroidismo congénito,
observándose que los hipotiroídeos tratados precozmente,
idealmente antes de los 15 días de vida, alcanzan un desarrollo
psicomotor e intelectual normal. A pesar de ello, pueden tener retraso
leve del lenguaje, alteraciones mínimas en la orientación
viso-espacial, hiperquinesia y dificultad en la coordinación
motora, en un porcentaje mayor que la población normal. Los factores
asociados a un pronóstico neurológico más incierto
y grados variables de déficit neurológico e intelectual
son hipotiroidismo prenatal severo (T4 <2 ug/dL), retraso en el inicio
del tratamiento (> 6 semanas), falta de adhesión a la terapia
evidenciada por alza repetidas de TSH y dosis excesivas de T4 .
Hipertiroidismo fetal y neonatal
La causa más frecuente de hipertiroidismo fetal
y neonatal es la derivada de la enfermedad tiroídea autoinmune
materna. Se observa en 1 a 2% de los hijos de embarazadas con enfermedad
de Basedow-Graves activa. Ocasionalmente puede ocurrir en hijos de madres
eutiroídeas con antecedentes de Basedow Graves tratado con radioyodo
o cirugía. Excepcionalmente se ha descrito en hijos de madres con
tiroiditis crónica autoinmune. La prevalencia estimada fluctúa
entre 6 y 24 por 10.000 recién nacidos. El cuadro se genera por
el paso transplacentario de inmunoglobulinas (TRAb), las que se unen y
estimulan el receptor de TSH fetal. Cuando los niveles de TRAb materno,
entre las 28 a 30 semanas de gestación, superan en 5 veces el límite
superior normal, indican fuerte riesgo de hipertiroidismo fetal.
El hipertiroidismo in utero puede manifestarse
por: retraso del crecimiento, hidrops fetal, hiperactividad, taquicardia
fetal persistente (>160/min), bocio, craneosinostosis, maduración
ósea acelerada, parto prematuro o muerte fetal. En la vida postnatal
se manifiesta por bajo peso de nacimiento, prematuridad, microcefalia
con ventrículomegalia, prominencia frontal, facies triangular,
bocio difuso, taquicardia, insuficiencia cardíaca y/o arritmias,
ocasionalmente exoftalmo, mirada brillante, irritabilidad, temblor, hipertensión
arterial y pulmonar, reducido incremento ponderal a pesar de ingesta calórica
adecuada, vómitos, diarrea, hepatoesplenomegalia, hipoprotrombinemia
y plaquetopenia.
El inicio y la severidad de los síntomas y signos
es variable, dependiendo de si la madre recibió drogas antitiroídeas
durante el embarazo, particularmente en la etapa previa al parto y de
la tasa y tipos de anticuerpos que pasan al RN. En hijos de madres hipertiroídeas,
sin drogas antitiroídeas, la sintomatología clínica
puede existir desde el momento del nacimiento; en aquellos RN cuyas madres
reciben PTU el cuadro se manifiesta habitualmente después de la
primera semana.
Otro factor que puede explicar cuadros más tardíos,
incluso con intervalo de varias semanas, es la presencia simultánea
en el neonato de anticuerpos inhibidores y estimuladores del receptor
de TSH, en quienes la sintomatología depende del anticuerpo que
predomine; los síntomas pueden persistir por 3, 12 y hasta 20 semanas.
Esta enfermedad tiene una letalidad de 15-20% y puede producir graves
secuelas neurológicas, craneosinostosis y deterioro intelectual.
En todo RN, hijo de madre con enfermedad de Basedow Graves, debe determinarse
lo antes posible hormonas tiroídeas y TRAb. El diagnóstico
se establece con T4 libre elevada, TSH suprimida y TRAb elevados.
Tratamiento. Propiltiouracilo 5-10 mg/kg/d en
3 dosis diarias; si el componente adrenérgico es importante se
agrega propranolol 1-2 mg/kg/d fraccionado cada 8 h. En caso de hipertiroidismo
muy severo, se puede agregar prednisona 2 mg/kg/d y solución de
lugol 1 gota cada 8 h.
Pronóstico. El exceso de hormonas tiroídeas,
junto a los trastornos asociados al hipermetabolismo, acelera la maduración
del SNC, causando desorganización del cerebro y retardo mental.
Con tratamiento adecuado se logra controlar rápidamente el cuadro;
el pronóstico neurológico en niños con hipertiroidismo
fetal es reservado. El CI promedio posterior es aproximadamente 80, con
frecuentes cuadros de déficit atencional y trastornos del desarrollo.
Referencias escogidas
- LaFranchi S. Congenital hypothyroidism: etiologies, diagnosis, and
management. Thyroid 1999; 9: 735-40.
- Van Vliet G. Neonatal Hypothyroidism: treatment and outcome. Thyroid
1999; 9: 79-84.
- Congenital hypothyroidism: long-term outcome. Thyroid 1999; 9: 741-8.
- Zimmerman D. Fetal and neonatal hyperthyroidism. Thyroid 1999; 9:
727-33.
|