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En la Roma antigua la práctica médica era libre
tal como en Grecia, pero desde el siglo I a.C. los médicos
tuvieron una posición privilegiada en la sociedad. Julio
César confirió la ciudadanía romana a todos
los médicos griegos nacidos libres. Con los años
los privilegios aumentaron, como la liberación de pago de
impuestos y de servicio militar. Así se hizo más
atractivo ser médico, y más todavía ya que
no había ninguna regulación para establecer quién
era médico. Entonces se fijó
un número de médicos por ciudad, un número
variable según el tamaño de la ciudad. Estos médicos
se llamaban valde docti, y para obtener tal rango debían
acreditarse los conocimientos y experiencia. La profesión
siguió ejerciéndose sin licencia, pero a lo menos
cada ciudad tenía unos pocos médicos acreditados
por la autoridad municipal.
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