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En el siglo III a.C. el arte médico hipocrático
se ve dividido en dos escuelas en que el pensamiento de los clásicos
se desvirtúa en dos formas opuestas. Son la Escuela dogmática
y la Escuela empírica. La primera representa, dicho en pocas
palabras, por una lado, la exageración de la tendencia especulativa
de los clásicos, y, por otro, el carácter inflexible
que adquiere la doctrina. Como reacción nace la otra escuela,
para la cual sólo lo práctico era importante. En
el siglo I a.C. se consolidó una tercera corriente, la Escuela
metódica, basada en el atomismo de Demócrito, y que
sostiene una concepción muy simplista de las enfermedades,
la génesis de las cuales se atribuye al estado en que se
encuentran los poros del cuerpo determinados por los átomos.
Esta fue la escuela más extendida en Roma. Aquí,
en los albores del cristianismo, se halla la figura de Celso.
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