Introducción

 

Mientras en Chile cursaban la Conquista, la Colonia y la República, España vivía el fin del Renacimiento, el Barroco, la Ilustración y el Positivismo. Por los escollos para consolidar el dominio español y las peculiaridades de la época de la Razón en España, las ideas del Renacimiento y Barroco del resto de Europa no influyeron mayormente en el desarrollo de la medicina chilena. Ese desarrollo se vio frenado por la Guerra de Arauco, los ataques de corsarios y piratas, los terremotos, las epidemias, el menosprecio social por la profesión médica, el decaimiento de las ciencias y medicina en España en el siglo XVII y, más directamente, por el atraso en conocimientos de los pocos médicos que se establecieron en Chile en los siglos XVI y XVII. La primera imprenta en Chile fue la traída por jesuitas bávaros en 1748, tres siglos después de inventada. Dos siglos separan la fundación de la Real Universidad de Lima, creada en 1554, y la de la Universidad de San Felipe, inaugurada en 1747 y abierta en 1758. Durante toda la Colonia la anatomía vigente fue la de Galeno y los Aforismos de Hipócrates constituyeron materia fundamental. A comienzos del siglo XVIII le había sido denegada a las autoridades chilenas la solicitud de realizar el estudio de anatomía en cadáveres humanos. A fines de ese siglo los conceptos más avanzados -en las Instituciones de Piquer- consideraban el de la circulación de la sangre una opinión. La medicina chilena tuvo, sin duda, una evolución singular: después de casi tres siglos de atraso, experimentó, a partir de la creación de la Universidad de Chile, un desarrollo acelerado que a la vuelta del siglo la colocó a la cabeza de la medicina latinoamericana.

La medicina indígena tiene interés por sí misma; no tuvo mayor influencia en el desarrollo de la medicina chilena.