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Hasta 1833 los cambios atinentes a la medicina chilena fueron
nominales: en 1809 se clausuró la enseñanza médica
en la Universidad de San Felipe por falta de alumnos, 20 años
después se declaró disuelta esa Universidad, en 1813
se fundó el Instituto Nacional, en que se reunieron la enseñanza
liceana y universitaria; en los 20 años que transcurrieron
hasta la creación de su Escuela de Medicina no se formó
ningún médico en Chile. La enseñanza media
y superior se volverían a separar administrativamente en
1847.
La Escuela de Medicina del Instituto Nacional se inauguró
con un nuevo plan de estudios de seis años y que abarcaba:
anatomía, fisiología, higiene, medicina, materia
médica, cirugía, obstetricia y farmacia. Materia
médica trataba de los cuerpos orgánicos e inorgánicos
de los que se preparaban medicamentos, principalmente, de hierbas
medicinales. Farmacia consultaba zoología, botánica,
química y farmacia propiamente tal. Las clases se hicieron
en el Instituto; las de anatomía, en un local insalubre
a los pies del Hospital San Juan de Dios -el anfiteatro-
y la práctica clínica se realizaba en ese Hospital.
Se estudiaba en libros franceses, ingleses y traducciones españolas.
En la segunda mitad del siglo comenzó a cobrar importancia
el alemán. También entonces aparecieron los primeros
textos escritos por médicos chilenos. En 1876 se suprimió
la obligatoriedad del latín en la enseñanza liceana
y con ello decayó su importancia para los médicos.
Contra esta medida se manifestó el decano José Joaquín
Aguirre.
En 1833, año de la inauguración, los profesores
eran tres: Guillermo Blest, de Medicina; Pedro Morán, de
Anatomía, y Vicente Bustillos, de Farmacia. Al año
siguiente llegó
Lorenzo Sazie, profesor de Cirugía y Obstetricia. Guillermo
Blest, eminente médico nacido en Irlanda, fue el Director
de la Escuela. Obtuvo la nacionalidad chilena; formó una
ilustre familia. Lorenzo Sazie, más tarde Decano, había
sido discípulo de grandes maestros franceses. El Gobierno
le otorgó la nacionalidad chilena. Gracias a él se
creó el mismo año de su llegada, la Escuela de Matronas,
que funcionó hasta 1872 en la que había sido Casa
de Huérfanos. El doctor Morán era chileno, de origen
humilde, fue un hombre esforzado y estudioso, aprendió inglés,
francés y latín, colaboró con el padre Chaparro
y fue cirujano militar en la guerra de la Independencia. Vicente
Bustillos, nacido en Valparaíso, no era médico, fue
un eminente naturalista, autodidacta, de escasos recursos económicos;
acompañó a Claudio Gay en la expedición por
Chile.
En los 10 años transcurridos de 1833 a 1842, se graduaron
sólo cuatro alumnos: Francisco Rodríguez, Luis Ballester,
Juan Mackenna y Francisco Javier Tocornal, este último,
hijo del entonces Ministro del Interior y Canciller. Estos nuevos
médicos pertenecían todos a la clase social alta
y con su graduación hicieron subir de categoría a
la profesión médica. Se iniciaba así la era
del alto prestigio del que gozarían los médicos en
Chile, respetados por su saber técnico y como personas sabias.
Con la promulgación del decreto que creaba la Universidad
de Chile en 1843, la Escuela del Instituto quedó incorporada
a la Facultad de Medicina de esa Universidad. Los planes de estudio
se renovaron periódicamente, el número de médicos
chilenos creció en forma acelerada, Desde 1850 y por espacio
de un siglo la medicina chilena recibió la influencia, además
de la francesa, la de la medicina alemana. El doctor Schneider
introdujo en Chile las técnicas microscópicas, el
termómetro, el estetoscopio, el esfigmógrafo y pruebas
químicas de laboratorio. El oftalmocospio lo trajo el doctor
Petit, tres años después de inventado por Helmholtz.
Vinieron a Chile eminentes naturalistas: Claudio Gay, Carlos Darwin,
Ignacio Domeyko, Rodulfo Armando Philippi. Domeyko enseñó
química en la Escuela de Medicina, sucedió como Rector
a Andrés Bello; Philippi, siendo médico no ejerció
la profesión, fue Director del Museo de Historia Natural.
Domeyko y Philippi fueron los primeros maestros de las ciencias
médicas básicas en Chile.
Al inaugurarse en 1863 el edificio de la Escuela de Medicina en
la calle San Francisco junto al Hospital San Juan de Dios, había
5 profesores, 10 cátedras y 40 alumnos. Ahí se trasladaron
las clases que se habían estado haciendo en el Instituto
Nacional. La práctica clínica se realizaba en aquel
Hospital. Los planes de estudio se renovaron periódicamente,
el número de profesores, cátedras y alumnos siguió
creciendo.
Decisiva fue en 1874 la visión del Decano José Joaquín
Aguirre, anatomista y cirujano, de enviar becados a Europa a jóvenes
médicos destacados, iniciativa que se convertiría
en política de las facultades de medicina chilenas. Entre
otros, estudiaron David Benavente anatomía en Alemania;
Vicente Izquierdo, histología en Alemania; Teodoro Muhm,
fisiología en Alemania; Adeodato García Valenzuela,
química en Alemania; Daniel García Guerrero, medicina
interna en Francia y Alemania; Manuel Barros Borgoño, cirugía
en Francia; Lucas Sierra, cirugía en Francia; Francisco
Puelma Tupper y Aureliano Oyarzún, anatomía patológica
en Alemania; Máximo Cienfuegos, oftalmología en Alemania.
En 1896, en el año siguiente al descubrimiento de Roentgen,
los físicos Arturo Salazar y Luis Zegers tomaron las primeras
radiografías en Chile. Dos años después, llegaba
el primer aparato de rayos X de uso clínico. El médico
José María Anrique, alumno de Salazar, fundó
la física médica en Chile.Dos años después.
Entretanto había ocurrido la Guerra del Pacífico.
En ella habían participado destacados médicos, entre
ellos, Augusto Orrego Luco, iniciador de la neuropsiquiatría
en Chile, Aureliano Oyarzún, Federico Puga Borne, fundador
de la medicina social en Chile. Algunos médicos regresaron
de Europa para incorporarse como médicos militares. A consecuencia
de la guerra, se aceleró el desarrollo de la medicina de
urgencia. De 1979 a 1881 se graduaron de licenciados 90 alumnos,
el número de médicos en Chile sobrepasaba los 350.
En 1877 se emitió el decreto que permitía a las
mujeres el ingreso a la universidad. En 1881 ingresó Eloíza
Diaz Insunza, que se tituló de médico en 1886. Al
año siguiente ingresaba la segunda futura médico:
Ernestina Pérez Barahona, a la que siguieron otras 6 en
ese siglo.
Bajo el gobierno de Balmaceda se aprobó el nuevo plan de
estudios de 1886 y se inauguró en 1889 el nuevo edificio
de la Escuela de Medicina en la Cañadilla. Ese, plan de
6 años, similar a los actuales, tenía 23 asignaturas
y hacía obligatoria a los alumnos la asistencia a los hopitales
desde el tercer año. El internado se estableció en
1893 en el Hospital San Vicente.
Los médicos de la segunda mitad del siglo XIX destacaron
también por su formación humanística, el cultivo
de las letras y la actividad artística, rasgos que mantendrían
muchos médicos chilenos. Los del siglo XIX eran muchos personas
influyentes, diputados, senadores, ministros de estado, altas autoridades
universitarias. Todo ello favoreció la obtención
de recursos materiales para dotar al país de una infraestructura
sanitaria ejemplar.
En 1869 se fundó la Sociedad Médica de Santiago
y en 1872 se creó la Revista Médica de Chile, la
segunda más antigua en su género de habla hispana.
La Sociedad y la Revista jugarían un gran papel docente
durante un siglo. En 1888 se organizó el I Congreso Médico
Chileno. Participaron 246 médicos, 53 farmacéuticos
y 7 naturalistas.
En 1832 se creó la Junta de Beneficiencia y Salud Pública,
organismo que funcionaría 120 años hasta la creación
del Servicio Nacional de Salud. En aquel año se formó
la Junta Directora de Hospitales de Santiago. En el medio siglo
transcurrido de 1841 en adelante, se modernizaron los hospitales
coloniales y se construyó una vasta red hospitalaria. En
1859 el Hospital San Borja fue trasladado a un nuevo edificio,
en la Alameda, al oriente del Hospital San Juan de Dios. Fue demolido
en 1976. En 1872 se pusieron las primeras piedras del Hospital
San Vicente de Paul y del Salvador. El primero, que estaba en el
costado sur de la Escuela, se convertiría en hospital clínico
universitario. El hospital se destruyó con el incendio de
la Escuela en 1948. En 1852 se fundó la Casa de Orates en
el barrio Yungay, en 1858 se trasladó a la calle de Los
Olivos. En 1887 se construyó el Hospital San José y
en 1893 se terminó la construcción del Hospital San
Agustín en Valparaíso.
En 1892 se creó el Instituto de Higiene, de donde saldrían
destacados salubristas, entre ellos, Alejandro del Río.
Estudió
bacteriología con Eberth y en el Instituto de Koch, fue
alumno de Ehrlich.
En 1885 Chile tenía 60 hospitales con cerca de 4.000 camas.
La mortalidad intrahospitalaria era de 14%, cifra alta debido en
parte a las epidemias. En ese año Santiago tenía
200.000 habitantes; Valparaíso, 100.000 y Chile, 2.500.000.
En 1889 se fundó la Pontificia Universidad Católica
de Chile, cuya Escuela de Medicina daría un nuevo impulso
al desarrollo de la medicina chilena.
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