Así como el Renacimiento para la medicina fue la época
de la anatomía con la obra de Vesalio, así el Barroco
fue la era de la fisiología con el descubrimiento de Harvey.
Y en verdad, muy pocos descubrimientos en el campo de la biología
y medicina han tenido tanta repercusión como el de Harvey.
La obra correspondiente fue editada en 1628: Exercitatio anatomica
de motu cordis y sanguinis in animalibus (Ensayo anatómico
sobre el movimiento del corazón y la sangre en animales).
La obra constituye un modelo en rigor científico. Y después
de más de tres siglos y medio de publicada, pueden admirarse
la rigurosidad en la deducción y la pericia en el manejo
de la experimentación.
La concepción de Harvey tenía un solo punto sin
verificación concreta: el paso de la sangre de un circuito
a otro en los pulmones a través de la substancia esponjosa
pulmonar. Este punto lo verificaría Marcello Malphigi en
1660, tres años después de la muerte de Harvey. Entre
la concepción de éste y la comprobación de
Malphigi medió
un instrumento de suma importancia: el microscopio.
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