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Durante el siglo XVII se fue completando
el conocimiento anatómico
de diversos órganos y se describió el sistema de
vasos linfáticos. Las nuevas descripciones se hicieron particularmente
en las glándulas, riñones y cerebro.
Joham Wirsung, alemán, Thomas Wharton, inglés, y
Nicolaus Stenon, danés, describieron los conductos excretores
del páncreas, de la glándula submaxilar y de la parótida,
respectivamente. Discípulo de Stenon fue Caspar Bartholin,
que describió el conducto excretor de la glándula
sublingual.
De Graaf describió el folículo ovárico; Francis
Glisson, la cápsula hepática, y Bellini, los túbulos
renales.
El inglés Thomas Willis, en su De anatome cerebri,
dio a conocer la mejor descripción de hasta entonces del
sistema nervioso central, descubrió el XI par de nervios
craneanos, describió el polígono que lleva su nombre.
Pensó entre otros errores de interpretación funcional,
que el cuerpo calloso era el subsstrato de la imaginación,
en cambio sostuvo que la memoria radicaba en la corteza cerebral.
El italiano Gaspare Aselli describió por primera vez los
vasos quilíferos en el abdomen del perro, pero no supo interpretar
su descubrimiento. Veinte años después el francés
Jean Pecquet descubrió el conducto torácico y desmostró
que los vasos quilíferos desembocaban en él. El conducto
torácico fue descrito independientemente por Thomas Bartholin,
padre de Caspar, y que completó el estudio anatómico
del sistema linfático.
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