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William Harvey, según Haller
el segundo Hipócrates, nació el 1º de abril de
1578 en Folkestone, Kent. Era el mayor de los nueve hijos de Thomas
Harvey y Joan Hawke, un matrimonio de buena posición y emparentado
con los condes de Bristol. A los 16 años ingresó al
Gonville y Caius College de Cambridge, donde se graduó de
Bachiller en Artes cuatro años más tarde. John Caius,
el famoso Master que había reformado el College fundado
por Gonville, había sido compañero de Vesalio y profesor
junto a Colombo en Padua, lo que contribuyó a que Harvey
decidiera ir a estudiar allá. En 1602, habiendo tenido entre
otros profesores a Fabricio D'Acquapendente, recibió el título
de Doctor en Medicina y el stemma, el escudo de armas, descubierto
tan sólo en 1892. En Padua conoció las ideas que a
la sazón se debatían en Italia sobre el movimiento
de la sangre. Se discutía en particular si la prioridad en
la idea de la circulación menor le correspondía a
Colombo o Cesalpino, uno de sus discípulos, filósofo
y botánico y que parece haber sido el primero en emplear
la palabra circulación con respecto a la sangre.
De regreso a Inglaterra en 1602 revalidó su título
en Cambridge y se casó con Elizabeth Browne, hija de un médico
londinense y de la cual no tuvo hijos. En 1607 fue nombrado y fellow
del Royal College of Physicians y en 1609, médico del Hospital
de San Bartolomé. En 1615 ese colegio le encargó dictar
las Lumleian Lectures. Su primera lección fue el 16
de abril de 1616, una semana antes de la muerte de Shakespeare.
Sus apuntes de clases se conocen como las Praelectiones anatomicae,
notas manuscritas que se conservan en el British Museum. Estas notas
revelan que ya en 1616 tenía clara la idea de la circulación
de la sangre. Un pasaje dice así:
"Consta por medio de una ligadura que el tránsito de
sangre se realiza desde las arterias a las venas, de donde: hay
un movimiento perpetuo de la sangre en círculo por la pulsación
del corazón".
Harvey demoró doce años en dar a conocer su gran
idea, después de haberla demostrado con argumentos morfológicos,
funcionales y matemáticos. Dio una lección de fisología
comparada con la vivisección de más de medio centenar
de especies animales. Se dice que fue el primero en usar las matemáticas
en la demostración de cuestiones de la fisiología.
Gracias al químico Robert Boyle, que le preguntó a
Harvey ya viejo cómo había llegado a esa idea, se
sabe que fue a partir de las válvulas venosas descritas por
Fabricio D'Acquapendente. Es extraño que al practicar la
flebotomía no se hubiera prestado mayor atención al
hecho de que la ingurgitación venosa se produjese en la parte
distal de la ligadura, hecho que contradecía la tesis de
Galeno de que por las venas la sangre fluía hacia la periferia.
Fabricio y Cesalpino habían reparado en esto, pero no lo
supieron interpretar.
En 1618 Harvey había sido nombrado Physician Extraordinary
del rey Jacobo I. A su muerte en 1625 lo sucedió su hijo
Carlos I, a cuyo servicio pasó Harvey. De motu cordis
apareció en 1628 en una edición de sólo 71
páginas. La obra está dedicada al rey, que años
más tarde nombraría a Harvey Physician in Ordinary.
Hasta la decapitación del rey en 1649 hubo entre él
y Harvey una estrecha amistad.
En ese mismo año aparecieron las Exercitationes antomicae
prima et altera de circulatione sanguinis ad Joannem Riolanum filium.
Riolanus Jr., profesor de anatomía en París, fue el
opositor más importante a la concepción de Harvey,
en particular porque dio origen a esos otros dos ensayos en que
Harvey adujo algunos nuevos argumentos. Descartes apoyó la
idea de la circulación, pero la explicó partiendo
del calor innato del corazón: la sangre, dijo, cae gota a
gota de las cavas a las cavidades derechas, allí hierve y
se dilata, y por eso pasa al pulmón; allí se refrigera
y convierte en sangre arterial, que gotea a las cavidades izquierdas,
donde vuelve a hervir y expandirse y pasa a la aorta. Para Descartes,
lo primario era el calor innato, y la fase principal, la dilatación
de las cámaras, la diástole. En el segundo ensayo
a Riolano, Harvey señala que el corazón, como todo
músculo, se contrae gracias a una vis pulsifica, que no es
otra cosa que la propiedad contráctil. El corazón
carece de un calor innato como el supuesto por Descartes, más
bien es la sangre la que entrega calor al corazón.
En 1651, por insistencia de su fiel amigo, el doctor Ent, publicó
su segunda gran obra: Exercitatio de generatione animalium,
la obra de embriología más importante hasta entonces,
y en la cual Harvey sostiene que todos los animales se desarrollan
a partir de un huevo, apoya la epigénesis y duda de la generación
espontánea. Su error fue sostener que la fertilización
consistía en un fenómeno inmaterial. Aquí se
ve la única falencia de Harvey: el no haber usado la microscopía.
Harvey residió en Oxford hasta poco antes de la muerte
del rey; allí fue Master del Merton College. Después
de trasladó a Londres, donde murió el 3 de junio
de 1657. Legó sus bienes al Royal College of Physicians.
Harvey era de baja estatura, rasgos finos, ojos oscuros, brillantes,
de mente rápida y vivaz; tenía el hábito de
acariciar nerviosamente el puño de su daga. Muy comentado
ha sido su marcado parecido a Shakespeare. A decir de Dryden, poeta
inglés de ese siglo, Harvey era un maestro de la prosa.
Durante el Barroco se estaba produciendo en las ciencias el paso
del aristotelismo, con su enfoque vitalista y cualitativo, a la
nueva ciencia, mecanicista y cuantitativa. Harvey era básicamente
un anatomista, conservador y aristotélico, todo lo cual,
paradójicamente, no le impedió basarse en la observación
y experimentación y de llegar a una concepción de
avanzada.
De motu cordis
La obra tiene tres partes: dos dedicatorias (una a Carlos I y otra
al doctor Argent, Presidente del Royal College of Physicians), el
proemio y el cuerpo del libro, dividido en 17 capítulos.
Proemio. Esta parte está destinada a rebatir doctrinas clásicas.
Primero se rebate la doctrina de una identidad de función
de la respiración y el pulso, como sostuvo Erasístrato,
a saber, que en la diástole del pulso penetraba aire a las
arterias y que la función de éstas era de refrigeración.
En segundo lugar se refuta la tesis de Galeno de que el pulso arterial
es una función activa de las arterias, ejercida por una vis
pulsifica. Concluye Harvey que el pulso arterial es expresión
de un movimiento pasivo de las arterias, de paredes elásticas.
En tercer lugar, hace ver la contradicción de la tesis de
Galeno sobre la función de las venas pulmonares, en particular,
de que transportaran aire al ventrículo izquierdo y vapores
fuliginosos, producidos en el ventrículo izquierdo por la
aireación y calentamiento de la sangre, en sentido contrario,
es decir, a los pulmones. No ve cómo la mitral pueda permitir
el paso de tales vapores hacia el pulmón mientras impide
el de la sangre en ese mismo sentido. Por último, impugna
la tesis galénica del paso de sangre del ventrículo
derecho al izquierdo a través del tabique.
Capítulo I. En él se exponen las
causas que indujeron al autor a escribir la obra.
Capítulos II al V. Están dedicados
al estudio, mediante la vivisección, del movimiento del corazón,
de las arterias y aurículas. Fracastoro había escrito:
"los movimientos de la sangre son tan rápidos que sólo
Dios puede conocerlos". Y parecía ser así en
los mamíferos. Mas Harvey tuvo la ocurrencia de examinar
animales de sangre fría: peces, anfibios y reptiles con movimientos
cardíacos lentos. Muy útil le fueron primero los peces
con un corazón de una aurícula y un ventrículo.
Concluyó principalmente lo que sigue:
El corazón debe ser considerado un músculo.
El momento de mayor actividad es el de la contracción ventricular,
la sístole, y no la diástole como se creía.
Las aurículas se contraen juntas y antes que los ventrículos.
La contracción de los ventrículos es simultánea.
La aurícula derecha es el ultimum moriens, la última
cámara que deja de latir.
Capítulos VI y VII. Están dedicados
al estudio de las vías por las que la sangre pasa de las
cavas a las arterias o del ventrículo derecho al izquierdo.
También para esto usó la vivisección de peces,
anfibios, reptiles y mamíferos. En el feto humano describió
el ductus arteriosus y el foramen ovale y verificó
que a través de ellos la sangre pasaba de las cavas a las
arterias al igual que en los animales sin pulmones, porque en el
feto los pulmones aún no funcionan. Señaló
que la coincidencia del cierre de estas comunicaciones con el comienzo
de la actividad pulmonar hacía pensar que el paso de sangre
se hacía a través de la substancia esponjosa de los
pulmones. Más aun, el tabique ventricular es macizo, y en
la vivisección podía observarse que al abrir el ventrículo
izquierdo y vaciarlo no había paso de sangre contenida en
el derecho a través del septum.
Capítulos IX al XIII. Estos constituyen
la parte medular de la obra. En el capítulo IX se formula
la hipótesis de que el movimiento de la sangre es circular.
Y dice al comienzo:
"...es hasta tal punto nuevo e inaudito lo que voy a decir,
que no sólo temo el mal que me puede venir de la envidia
de algunos, sino granjearme la hostilidad de todos los hombres:
tanta fuerza tiene en todos, como una segunda naturaleza, la costumbre
o la doctrina de que una vez se impregnó la mente...De cualquier
modo que sea, alea iacta est..."
Luego se formulan y demuestran tres tesis, de cada una de las
cuales se deduce el movimiento circular de la sangre.
Primera tesis. La cantidad de sangre que pasa
de las venas cavas al corazón y a las arterias es muy superior
a la cantidad de alimento ingerido. Demostración: suponiendo
que el ventrículo izquierdo en cada contracción expulsa
alrededor de un octavo de su contenido, es decir, unos 6 gramos,
en media hora, en que se contrae más de dos mil veces, habrá
expulsado más de 12 kilos. Esta cantidad es muy superior
a la que puede haberse formado en el hígado, como lo supone
Galeno, a partir de los alimentos. En un día, la masa expulsada
es de más de 500 kilos. Conclusión: la sangre circula.
A la misma conclusión se llega empleando la arteriotomía,
en que la masa total de sangre se pierde en alrededor de media hora
en la disección del cadáver, observando el estado
de arterias (vacías) y de venas (repletas) y en la vivisección,
por observación directa del lugar donde se produce depleción
o ingurgitación sanguínea en relación con el
sitio de compresión de la aorta o cava.
Segunda tesis. En los miembros la sangre llega
por las arterias y en cantidad superior muy superior a la que puede
ser suministrada por la masa de los alimentos ingeridos. Demostración:
el sentido del flujo por las arterias se demuestra mediante ligaduras
y variación consecutiva de la intensidad del pulso en las
regiones proximal (aumento de la intensidad pulsátil) y distal
(disminución) de la ligadura. Puede calcularse la cantidad
de sangre que pasa por una arteria de un brazo en 20 o 30 pulsaciones,
y se verá que es mucho mayor a la que pueden sumistrar los
alimentos en ese lapso. Conclusión: la sangre circula. Además,
en una ligadura mediana, es decir, que no interrumpe el flujo sanguíneo
por las arterias, se observa una ingurgitación de las venas
más allá de la ligadura, por lo tanto, la sangre ha
tenido que pasar desde las arterias a las venas.
Tercera tesis. Por las venas fluye sangre continuamente
desde la periferia hacia el corazón. Demostración:
en una vena con válvulas no es posible introducir un estilete
desde su raíz a las ramas, pero sí, y fácilmente,
en sentido contrario. Practicando en un brazo una ligadura mediana
-que no interrumpe el flujo sanguíneo- y oprimiendo con un
dedo las venas ingurgitadas, se comprueba que la sangre no logra
rebasar la válvula si el dedo se desliza hacia el extremo
del brazo, mientras que rebasa la válvula si el dedo se desliza
en sentido contrario. Además, si se hace un cálculo
de lo que pasa de sangre por la vena en un lapso de tiempo, se hallará
que en poco tiempo ha pasado tal cantidad por una sola parte de
la vena, que no podrá dudarse de su circulación.
Capítulo XIV. Conclusión de la demostración
de la circulación de la sangre. Es muy breve, dice así:
"Seános ya lícito dar nuestra opinión
sobre la circulación de la sangre exponiéndola de
un modo general".
Como ha quedado demostrado tanto racional como experimentalmente,
que la sangre atraviesa los pulmones y el corazón merced
a la pulsación de los ventrículos, siendo impelida
y lanzada a todo el cuerpo, que allí se introduce en las
venas y porosidades de la carne, y a través de las mismas
venas vuelve de toda la periferia al centro, pasando de las pequeñas
a las mayores, y de ésta a la vena cava, hasta llegar por
fin a la aurícula del corazón, y en cantidad tan grande,
tanto con flujo y reflujo del centro por las arterias a la periferia,
y de ésta por las venas a aquél, que no puede ser
suministrada por los alimnetos recibidos, y en una abundancia mucho
mayor sin duda de la que sería suficiente para la nutrición,
es necesario concluir que la sangre describe en los animales un
movimiento circular y que está en perpetuo movimiento, consistiendo
en esto la acción o función del corazón, que
la lleva a cabo mediante su pulsación, y siendo esta función
causa única del movimiento y latido del corazón.
Capítulos XV al XVII. Se exponen otros
argumentos en favor del movimiento circular de la sangre. Entre
ellos se aduce la explicación de ciertos fenómenos
patológicos, como la rápida propagación del
contagio dentro del organismo.
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