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Al ser el hombre el mundo en pequeño, su naturaleza
debía tener los atributos de la physis. Nace así
la idea de los humores como elementos activos que
contiene el cuerpo. En el tratado Sobre la medicina antigua se
supone un número ilimitado de humores, en el libro Sobre
las enfermedades, los humores son cuatro, pero uno de ellos
es el agua. ¿Pero por qué el agua habría de
ser uno de los humores, si ella como tal rara vez se ve escapar
del cuerpo? En el tratado Sobre la naturaleza del hombre aparecen
los constituyentes definitivos con la bilis negra en lugar del
agua. Son dos pares de humores, cada par con cualidades opuestas:
sangre y bilis negra, flema y bilis amarilla. Cada humor posee
las cualidades de uno de los elementos de la physis, que
son: aire, tierra, agua y fuego. Así, la sangre es caliente
y húmeda como el aire y aumenta en primavera; la bilis negra,
fría y seca como la tierra y aumenta en otoño; la
flema, fría y húmeda como el agua y aumenta en invierno,
y la bilis amarilla, caliente y seca como el fuego y aumenta en
verano. Se originan y renuevan la sangre, del corazón; la
bilis negra, del bazo; la flema, del cerebro, y la bilis amarilla,
del hígado. Estos humores no son ficticios, pueden verse:
la sangre, en heridas; la bilis negra, en deposiciones, en particular,
en la melena; la flema, en catarros nasales; la bilis amarilla,
en vómitos. Puede apreciarse la importante relación
de ellos con las estaciones del año, así, por ejemplo,
las enfermedades con exceso de flema, ocurren en el invierno y
pueden manifestarse en consunción pulmonar, acumulación
de líquido en el abdomen o en una disentería. Si
además se acepta el principio del tratamiento por los contrarios,
entonces se tenía una terapéutica racional, pues
también los remedios poseían cualidades elementales.
También se observó una relación entre los
humores y los temperamentos, así, en el temperamento melancólico
domina la bilis negra. Más tarde los árabes, siguiendo
esta misma doctrina, describirán los temperamentos sanguíneo,
flegmático y colérico. Esto es el germen de la medicina
psicosomática y de la teoría de los tipos constitucionales.
Por otra parte, la naturaleza del hombre también encierra
una potencia curativa, la vis medicatrix naturae.
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