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Geografía e Historia
No existe otro país en que el nacimiento, apogeo y fin
de una cultura abarque tanto tiempo como Egipto.
El país se extiende junto al Nilo en una delgada faja
de alrededor de mil kilómetros de largo y diez a veinte
kilómetros de ancho. Alrededor de esta faja fértil,
de tierra negra, está el desierto, de tierra roja.
La época dinástica abarca los últimos 3.000
años A.C., en que reinaron soberanos de 30 dinastías.
En este largo período se suceden: el Imperio Thinita (I-II
dinastías hasta el 2650), el Imperio Antiguo (III-VIII
dinastías hasta aproximadamente el año 2200 A.C.),
el I Período Intermedio (IX-X dinastías hasta alrededor
del 2000), el Imperio Medio (XI-XII dinastías hasta cerca
del 1800 A.C.), el II Período Intermedio (XIII-XVII dinastías
hasta alrededor del 1600 A.C.), el Imperio Nuevo (XVIII-XX dinastías
hasta cerca del 1000 A.C.), el III Período Intermedio
o de Decadencia (XXI-XXIV dinastías hasta alrededor del
700 A.C.), el Período Tardío (XXV-XXX dinastías
en el período que llega hasta la conquista de Egipto por
Alejandro Magno: 332 A.C.).
Los Períodos Intermedios corresponden a tiempos de inestabilidad
política, desórdenes, guerras e invasiones de pueblos
extranjeros (así, la de los hicsos en el II Período
Intermedio). En el Imperio Thinita, con capital Thinis cerca
de Tebas, se realiza y consolida la unidad de la nación.
Del Imperio Antiguo, con Sakkara, Menfis y Gizeh como ciudades
principales, proceden las grandes pirámides. El Imperio
Medio fue una
época de transición después de un período
de decadencia y desórdenes. Del Imperio Nuevo provienen
las grandes tumbas del Valle de los Reyes y los templos y colosos
en Karnak y Luxor, todos en las cercanías de Tebas, su
capital.
Escritura
Las tres formas fueron la hieroglífica, la hierática
y la demótica. La escritura hieroglífica -de
hierós, sagrado, y glypho, grabar (hieroglífica:
(letras) sagradas grabadas) - se encuentra desde la época
predinástica tardía a lo largo de todo el período
dinástico y helénico y se usaba en templos y monumentos,
rara vez en papiros. Casi tan antigua como esta escritura es
la hierática, forma cursiva y abreviada de la hieroglífica
y que se extendió a partir del Imperio Medio. Es la escritura
usada en los papiros (papiro, nombre de la planta de cuyos
tallos se obtenían las membranas para escribir). A comienzos
del Período Tardío, alrededor del 650 A.C. se reemplazó
por una forma más abreviada, la escritura demótica
(popular).
La escritura hieroglífica, para muchos una de las más
bellas, fue descifrada en la piedra de Rossetta hallada en la
localidad de ese nombre, actual Rashid, en la región del
delta del Nilo. Se trata de un mismo texto grabado en hieroglifos,
demótico y en griego. Es un fragmento de un decreto de
196 A.C. de tiempos de Tolomeo V. La escritura hieroglífica
fue descifrada por Jean-François Champollion, un hombre
genial, que falleció a los 42 años en 1832. El
principal problema que resolvió Champollion en 1822 fue
el que se trata de una escritura mixta, en buena parte alfabética:
comprende fonogramas, que representan letras o sílabas,
y logogramas, que representan palabras. Algunos signos pueden
representar una palabra o una sílaba, o una palabra o
una letra. Frecuentemente, en la grafía de una palabra
se combinan signos silábicos y alfabéticos. Las
vocales comúnmente carecen de representación gráfica,
de manera que hoy día las palabras se leen usando una
vocal convencional. La escritura hieroglífica consta de
unos 6000 signos, pero los usados corrientemente en cada época
son menos de 1000. Los hieroglifos comúnmente están
escritos de derecha a izquierda, pero pueden escribirse en sentido
contrario o en columnas puestas de derecha a izquierda o al revés.
Principales Papiros Médicos
La mayor parte de los conocimientos que se tienen de la medicina
egipcia se han obtenido de papiros, en particular de dos: del
de Edwin Smith y del de Ebers. El primero es de algo más
de 4,5 metros de largo, el segundo tiene un poco más de
20 metros. Ambos fueron escritos hacia el 1600, al final del
II Período Intermedio o durante la XVIII dinastía,
el de Ebers algo después que el de Smith, y probablemente
proceden de una misma tumba en Tebas. El papiro de Edwin Smith,
nombre de su primer propietario, está incompleto. Su primera
traducción, hecha por Breadsted, es de 1930. El papiro
consta en su mayor parte del Libro sobre las heridas. El papiro
de Ebers es un texto completo. Su primera traducción,
hecha por Joachim, es de 1890. Se trata de un compendio de medicina.
Medicina
El hecho más sobresaliente de la medicina egipcia arcaica
es la separación de los elementos religioso, mágico
y empírico. Había, por lo tanto, sacerdotes, magos
y médicos, y el ciudadano podía recurrir a uno
u otro. Hoy también se ora y hacen mandas, se va a un
curandero, acupunturista, quiropráctico o a un médico.
Heródoto, historiador contemporáneo de Hipócrates,
en su visita a Egipto quedó impresionado de la medicina
de este país, entre otras cosas por la existencia de especialistas, un
tipo de médico para cada enfermedad, escribió.
Entre los especialistas había uno con el título
de Guardián del Ano. Los médicos se formaban en
los templos, y había un sistema jerarquizado de rangos.
De menor a mayor eran: el Médico, el Médico Jefe,
el Médico Inspector y el Médico Superintendente.
Los médicos de palacio tenían un Senior. Por encima
de todos estaba el Médico Mayor del Alto y Bajo Egipto,
una especie de ministro de salud.
La Medicina Magico-Sacerdotal
En Egipto se veneró como Dios de la Medicina a Imhotep,
figura equivalente a la de Esculapio en Grecia. Se sabe que fue
visir del rey Zoser de la III dinastía; fue un hombre
talentoso, astrólogo, mago, médico y el arquitecto
de la pirámide escalonada de Sakkara.
La palabra del sacerdote sin duda podía tener un efecto
benéfico en el enfermo. Desde luego se trataba de un paciente
muy religioso y sensible a la sugestión. El sacerdote
daba paz y confianza al enfermo y así el paciente podía
colocarse en el mejor estado anímico para poner en marcha
el poder de recuperación de su organismo. Diríamos
que se trataba de una psicoterapia. Naturalmente, esta acción
difícilmente era posible en las heridas, traumatismos
y tumores.
Inherente a la calidad de sacerdote era la pulcritud, que se
transmitió después a los médicos. Así,
desde un comienzo los médicos egipcios fueron personas
aseadas y bien presentadas.
En este ámbito de la medicina se sostenía que
cada parte del cuerpo -según algunos se distinguían
36- era un dios o estaba regida por un dios. Así, se invocaba
al dios correspondiente a la parte enferma. Como los dioses eran
identificados con partes del universo, planetas, ríos
y montañas, el hombre se convertía en un microcosmos,
idea a la que llegará Demócrito no por vía
mitológica sino naturalista. Así también
se desarrollaron una anatomía mitológica y una
medicina astrológica. Nuestra nomenclatura tiene huellas
de esta anatomía: la vértebra Atlas, el Monte
de Venus, el laberinto del peñasco.
Entre los medios utilizados en la medicina egipcia mágico-religiosa
está el poder mágico supuesto en el uso de numerosas
substancias de origen animal, vegetal y mineral. Se consideraba
como lo más asqueroso comer heces, y por eso se usaban
para espantar a los malos espíritus amenazándolos
con darles excrementos.
Probablemente en la mayoría de las materias usadas, lo
que podía tener algún efecto benéfico eran
más bien las palabras pronunciadas por el sacerdote al
administrar la substancia y no, la substancia misma. Sin embargo,
sin duda había substancias con efecto farmacológico.
La acción del aceite castor dado por vía oral,
sea empíricamente o creyendo en la magia, va a ser siempre
el de un purgante. Y llegó el día en que se administraron
drogas sin la creencia en la magia, y ese fue el momento en que
se separaron el mago-sacerdote y el médico.
La Medicina Empirica
Ese médico egipcio era muy buen observador. Interrogaba,
inspeccionaba y palpaba al paciente. Observaba y olía
las secreciones, la orina, las heces, la sangre. Se sabe que
palpaba el pulso del enfermo, pero no se sabe si contaba las
pulsaciones. Probablemente, no, porque no podía medir
unidades de tiempo pequeñas como el minuto. Además,
recurría a pruebas funcionales, por ejemplo, en caso de
un traumatismo de vértebras cervicales, pedía al
paciente mirarse uno y otro hombro y el pecho. Si lo podía
hacer, aunque fuera con dolor, no se trataba de nada grave; si
no era capaz de hacerlo, diagnosticaba desplazamiento de una
vértebra.
¿Qué era la enfermedad para este médico? En
los papiros las enfermedades aparecen identificadas o con un
síntoma, supuestamente el principal, como fiebre, tos,
vómito, o con la causa de la dolencia, cuando ella era
evidente como en el caso de parasitosis por vermes.
Después del diagnóstico venía el veredicto,
en que el médico expresaba la actitud que adoptaría
frente a la enfermedad. El veredicto estaba basado implícitamente
en un pronóstico y tres eran las alternativas: una
enfermedad que curaré, una enfermedad que combatiré,
una enfermedad que no puede ser curada. Muy difundida en
la antigüedad estaba la actitud del médico de no
tocar los enfermos que aparecían como incurables.
Tres son los medios terapéuticos de la medicina arcaica
y de la hipocrática: la dieta, los fármacos y la
cirugía. En esta medicina egipcia la terapéutica
estaba centrada en los fármacos. En los papiros se nombran
alrededor de 500 substancias pertenecientes a la materia medica.
Dentro de ellas había una Dreckapotheke, una coprofarmacia,
compuesta de diversas materias inmundas, como excrementos de
animales y tela de araña. En todas las civilizaciones
hay una Dreckapotheke. Pero por cierto había muchas
substancias con claros efectos farmacológicos, como el
opio, aceite de ricino, papaverina, la digital y muchas otras
pertenecientes a la farmacopea actual. La digital, como consta
en el papiro de Ebers, se administraba en casos de afecciones
cardíacas. Es interesante que en casos de heridas de difícil
curación se recomendara colocarles pan de cebada descompuesto
con hongos. ¿Contendrían algún antibiótico?
Teoría Médica
Como ningún otro pueblo de la Antigüedad, los egipcios
a través del embalsamamiento tuvieron la oportunidad de
examinar vísceras humanas. Y, sin embargo, no desarrollaron
los conocimientos anatómicos. Algunos atribuyen esto a
las brutales condiciones en que se obtenían los órganos.
Así parece al leer la descripción que hace Heródoto
del embalsamiento:
Empiezan metiendo por las narices del difunto unos hierros
curvos, y después de sacarle con ellos los sesos, introducen
allí sus drogas e ingredientes. Después le hacen
un corte a lo largo de los ijares con una piedra aguzada, y
sacan por allí todos los intestinos. Luego llenan la
cavidad con mirra, casia y otras esencias...después
de lo cual colocan el cadáver en natrón durante
setenta días. Transcurridos éstos se lo lava
bien y envuelve de pies a cabeza con vendas de finísimo
lino previamente untadas con goma...Este es el modo más
caro y primoroso de embalsamar a los muertos.
Ciertamente, uno puede imaginarse las malas condiciones en que
se obtenían las vísceras, pero caben dudas de que
fuera esto la razón de fondo.
Sin embargo, desarrollaron una teoría médica y
basada en una noción anatómica. La idea fundamental
era que en el organismo existía un sistema de vasos originados
en el corazón, que se conectaban con todas las partes
del cuerpo y transportaban aire y líquidos como sangre,
esperma, lágrimas y orina, y sólidos como los excrementos.
El corazón era considerado el órgano central y
su latido se percibía en el pulso. El corazón era
el sitio del pensamiento, sentimientos y otras funciones. Las
enfermedades se producían por diversas alteraciones de
los canales o por debilidad del corazón.
No hay dudas de que la medicina egipcia influyó en la
griega. Hay pasajes de papiros que aparecen casi al pie de la
letra en la literatura médica griega, así por ejemplo,
el método para conocer de antemano el sexo del niño
que se espera: pon trigo y cebada en recipientes separados,
y agrega orina de la embarazada, y si brota el trigo tendrá
un niño, pero si brota la cebada será una niña.
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