Esta escuela fisolosófica, nacida del empirismo, fue fundada
por Augusto Compte (1789-1857) en la época de la revolución
industrial: en un mundo en que se valoraron por sobre todo la ciencia
y la técnica. Partiendo de la tesis del empirismo de que
la fuente del conocimiento es la percepción sensorial, el
positivismo amplía la validez de dicha percepción
tanto a la inmediata como a la mediata, esta última, a través
de registros y medidas instrumentales. Se afirma que no es posible
conocer los principios y primeras causas de los fenómenos
y que el intelecto humano en el campo de la ciencia ha de centrarse
en establecer relaciones de causa-efecto, en lo posible, cuantitativas
que permitan enunciar leyes científicas. Así, el
positivismo elimina de su horizonte la metafísica.
Del estudio histórico de la humanidad Compte formula su
tesis de los tres estadios por los que pasa toda sociedad:
el estadio teológico, en que los fenómenos naturales
se explican por la acción de la divinidad;
el estadio metafísico, en que la fe es substituida por
la especulación intelectual,
el estadio positivo, en que el hombre admite la incapacidad del
intelecto de conocer las causas primeras de los fenómenos
y se circunscribe a investigar racionalmente la naturaleza.
Las normas de la metodología del conocimiento positivo
fueron enunciadas por Stuart Mill.
En la concepción comptiana, la ciencia y la idea de la
humanidad creadora se alzan a la altura de una religión.
A pesar de algunas reacciones en contra de esta visión del
hombre, el positivismo dominó el desarrollo de las ciencias
de esa época, en medicina, la era de la bacteriología
y de las especialidades.
|