Romanticismo

 

La época del Romanticismo corresponde a la primera mitad del siglo XIX y, filosóficamente, al Idealismo alemán, representado principalmente por Fichte, Schelling y Hegel. La corriente romántica encontró partidarios en los restantes países de Europa en medio del empirismo, del que pronto surgiría el positivismo.

Los empiristas ingleses habían remitido el origen de las ideas a la percepción sensible individual. Kant, en cambio, había expuesto la sujeción de las ideas a la estructura de la mente humana en general. Con ello dejaba el camino abierto para filosofar sobre el espíritu del hombre, el supraindividual, y de aquí, más allá todavía, sobre el espíritu universal. Y esta es la idea de partida del idealismo alemán. Según esta doctrina filosófica, el espíritu se aprehende por una intuición trascendental. El carácter esencial del espíritu es, de acuerdo con Fichte, la voluntad de acción; según Schelling, la belleza, y conforme a Hegel, la razón.

Propia del idealismo alemán es su visión de la naturaleza, la Naturphilosophie. El universo, la materia y el espíritu, es concebido como como todo orgánico, viviente, evolutivo, tendiente a la perfección, y en que la naturaleza es la concreción del espíritu. En esta visión de la unidad y totalidad del mundo material y espiritual hay dos aspectos de relevancia en la investigación de la naturaleza: en cada parte de la naturaleza subyace una idea y en cada parte de ella puede intuirse el todo.

El romanticismo muestra caracteres opuestos a los del racionalismo de épocas anteriores: inclinación por las ciencias del espíritu y no, por las ciencias exactas y naturales; por lo inconmensurable o infinito en lugar de la medición; por la síntesis en lugar del análisis; por lo dinámico en lugar de lo estático; por lo cualitativo en lugar de lo cuantitativo; por la intuición en lugar de la razón. Hay, en la visión romántica, además un elemento estético, la búsqueda de la armonía.

El romanticismo influyó en el carácter del desarrollo de las ciencias, particularmente en Alemania. Mientras en los restantes países de Europa las ideas tendían a quedar atadas al experimento y la observación, en aquel país cada descubrimiento daba origen a un sistema general, así ocurría en la física, química y demás ciencias.