La anatomía y la histología

 

Estas dos disciplinas alcanzaron entonces el nivel en que hoy, en lo descriptivo, se las enseña. Entre los muchos descubrimientos de esa época en estos campos, destacan los de neuroanatomía: el del centro del lenguaje por Broca, el fascículo rubro-espinal de von Monakow, el haz espino-cerebeloso de Gowers, el espino-talámico de Goll, las radiaciones de Gratiolet, los nódulos de Ranvier, la degeneración de Waller.

Los dos grandes histólogos de la época fueron Jacob Henle (1809-1885) y Albert von Kölliker (1817-1905).

Henle, discípulo de Johannes Müller, de vastos conocimientos, recordado por el asa de los túbulos renales, fue el microscopista sin igual en su época. Se lo considera el fundador de la anatomía microscópica. En este campo su obra ha sido equiparada a la de Vesalio. Ya en 1840 publicó sus Investigaciones de patología, en cuyo primer capítulo, adelantándose a la era bacteriológica, sostenía la tesis del contagium animatum, esto es, de que la materia infecciosa tenía que consistir en seres animados.

Kölliker hizo importantes contribuciones en histología de la musculatura y del sistema nervioso. Demostró la naturaleza celular de los espermatozoides, lo que fue una contribución decisiva para comprender la fecundación. En Alemania fue el anfitión de Ramón y Cajal, cuyos trabajos supo valorar desde un comienzo.

En 1893 Wilhelm His (jr) (1863-1934) descubrió el haz de musculatura específica que lleva su nombre y seis años después, documentó anatómicamente el primer caso de bloqueo de Adams-Stokes. His era un hombre de nivel cultural superior, buen violinista y pintor, de penentrante juicio en el arte, la literatura e historia.