La patología celular

 

Hacia fines del siglo XVIII había decaído la clínica vienesa fundada por van Swieten, en la primera mitad del siglo XIX florecía la escuela anátomo-clínica francesa y luego, en la segunda mitad, resurgía la medicina en Viena, representada en la clínica por Skoda, en cirugía por Billroth -desde 1867 cuando de Berlín se fue a Viena- y en anatomía patológica por el barón Carl von Rokitansky (1804-1878). Skoda fue un clínico eminente, que estableció las bases físicas de la percusión y auscultación. Billroth ha sido uno de los cirujanos más ilustres de todos los tiempos. Fue el creador de las técnicas de gastrectomía.

Tres son los mayores méritos de Rokitansky: el desarrollo de la anatomía patológica como disciplina independiente de la clínica, la creación de métodos de examen de autopsias y la caracterización cabal de numerosísimas lesiones. Hasta poco antes, en la escuela parisina eran los mismos clínicos, Laennec entre ellos, que practicaban las autopsias. Rokitansky inaugura, en cambio, la anatomía patológica como especialidad, realizada en un instituto de patología, en que él mismo practicó con impresionante rigor y detalle 20.000 autopsias. En 1846 terminó de aparecer su Lehrbuch der pathologischen Anatomie en tres tomos, del que Virchow, entre otros elogios, dijo: Se lo puede comparar con los productos cumbres de las ciencias naturales descriptivas, y hasta hoy día no ha sido igualado. En 1875 apareció su obra sobre los defectos septales del corazón, la mejor monografía hasta entonces sobre este tema. Pero Rokitansky, en patología general, fue un humoralista, creador de la idea de discrasia en la explicación de la enfermedad. Esta concepción fue rebatida duramente por Rudolf Virchow con argumentos tan demoledores que Rokitansky suprimió en la segunda edición lo que Virchow había criticado.

Al inicio de la segunda mitad del siglo XIX, en 1858, aparició la obra en que se funda la patología moderna: la Cellularpathologie in ihrer Begründung auf physiologische und pathologische Gewebelehre de Rudolf Virchow.

Virchow era oriundo de Pomerania, nació en Schievelbein en 1821. Murió en Berlín en 1902, donde se había graduado en 1843. Era un hombre de mente rápida, generoso, sarcástico, ágil en el anfiteatro, de baja estatura y vivos ojos negros. En su larga y activa vida pueden distinguirse tres períodos: hasta 1849: época de actividad social y política y en la que forjó su camino en la ciencia. Al final de esta etapa fundó el Archiv für pathologische Anatomie und Physiologie und klinische Medizin, que ha aparecido hasta hoy. Virchow, de ideas socialistas, participó apasionadamente en política, particularmente en 1848 y fue destituido de su puesto de prosector de la Charité en Berlín por el gobierno prusiano. La segunda etapa, la de Würzburg, se extiende sólo hasta 1956, período de gran producción científica. La última etapa, hasta su muerte, acontece en Berlín a la cabeza del primer instituto autónomo de patología y como maestro de muchos discípulos. El último gran discípulo fue Max Westenhoefer, fundador de la anatomía patológica chilena. Las principales investigaciones de entonces fueron sobre antropología, un campo en que era reconocido experto.

Las contribuciones aisladas de Virchow al desarrollo de la anatomía patológica son numerosísimas: la correcta interpretación de la leucocitosis y de la leucemia, de la trombosis y embolia -lo que iba a servir de idea a otros para entender las metástasis tumorales-, la descripción del amiloide, de la neuroglia, de la mielina, la distinción entre hipertrofia e hiperplasia, la idea de metaplasia, entre muchas otras más.

La idea central de la Cellularpathologie era la célula como unidad biológica no sólo de la normalidad sino también de la enfermedad: ésta no es sino vida en condiciones anormales. En Morgagni la unidad había sido el órgano; en Bichat, el tejido, y en Virchow es la célula. Virchow añadía otra idea: omnis cellula a cellula -Leydig cambió la preposición a a e para guardar paralelo con Omne vivum e vivo de Harvey. Y una tercera idea: el organismo como república de células ordenadas recíprocamente.

La primera idea, que ha producido un impulso formidable al desarrollo de la patología morfológica, lleva implícita la hipótesis reduccionista de que la enfermedad puede explicarse por alteraciones celulares sin considerar niveles intermedios de organización. Hasta ahora no se ha podido prescindir de estos últimos. La segunda idea, a diferencia del reduccionismo físico y químico de Schwann, colocaba un límite, un salto, entre lo biológico y lo carente de vida. Y la tercera noción significaba cambiar la noción platónica del organismo como totalidad rectora de sus partes, por la aristotélica de construcción del todo a partir de sus unidades.

Virchow no sólo fue el patólogo más eminente de su epoca sino también el médico más respetado. Hoy es considerado el patólogo más grande de todos los tiempos. En su época Virchow fue el papa de la medicina. Sus juicios tenían mucha gravitación. Y naturalmente Virchow no era infalible. Tuvo importantes errores. Según él sólo las productivas correspondían a la tuberculosis en contra de la idea de Laennec de que también lo era la lesión caseosa, cosa que mostraban los Études sur la tuberculose (1868) de Jean Antoine Villemin; fue un opositor de la teoría de la evolución; negó la migración leucocitaria durante la inflamación, que demostraría después su discípulo Conheim; interpretó equivocadamente las metástasis tumorales -la interpretación correcta la daría Wilhelm Waldeyer, discípulo de Henle; restó importancia patogenética a la substancia fundamental; desconoció al comienzo la importancia de los resultados de la bacteriología.