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Después de la muerte de Bichat, la fisiología en
Francia se desarrolló principalmente sobre una base experimental,
y en este campo destacó François Magendie (1783-1855),
cuyo nombre quedó asociado al foramen medio del IV ventrículo.
Magendie no era vitalista, era, sí, partidario del sensualismo
y del reduccionismo. Si bien pensaba que los fenómenos fisiológicos
podían reducirse a explicaciones físicas y químicas,
limitó la validez de la ideas a las que se originaban de
la percepción sensorial. En Magendie se tiene un claro ejemplo
de la atadura de las ideas a los hechos percibidos. Fue, a decir
de él mismo, un chiffonier de los hechos, un trapero
que recoge cuanto hay en la ciencia de hechos de observación.
Sus aportes son numerosos. Investigó el efecto de la morfina
y estricnina en el sistema nervioso, el mecanismo de la deglución,
del vómito, de la absorción intestinal. Independientemente
de Sir Charles Bell, descubrió que las raíces anteriores
de la médula correspondían a nervios motores y las
posteriores, a sensitivos (ley de Bell-Magendie). Sus investigaciones
más célebres fueron las hechas en la fisiología
cardiovascular en colaboración con Jean Poiseuille, entre
esos estudios se formuló la ley de hemodinamia que lleva
el nombre de este último investigador. Magendie es considerado
el fundador de la farmacología experimental moderna.
En Inglaterra destacaron la singular figura de Sir Thomas Young
(1773-1829), físico, médico y filólogo y la
de Sir Charles Bell (1774-1842).
Thomas Young fue un prodigio, a los 14 años sabía
latín, griego, francés, italiano, hebreo y árabe.
Fue discípulo de Hunter, se doctoró en medicina en
la Universidad de Gotinga, ya famosa en ese tiempo, a los 23 años.
Siendo estudiante de medicina dio una conferencia sobre la visión
en la Royal Society. A los 28 años fue nombrado profesor
de física. Como filólogo fue el que comenzó
a descifrar la piedra Rosetta.
En el campo de la física, contribuyó a demostrar
la validez de la teoría ondulatoria de la luz y enunció
el principio de interferencia de la luz; en el de la fisiología,
formuló la teoría de la visión de los colores,
explicó el mecanismo de la acomodación del cristalino
y del astigmatismo.
Charles Bell, escocés, hijo de un sacerdote, era un hombre
extraordinario, destacado anatomista y fisiólogo, excelente
cirujano, distinguido profesor y talentoso dibujante. Empezó
a estudiar medicina con su hermano, anatomista y cirujano en Edinburgo.
Ambos tenían talento para el dibujo. Ya como estudiante
hizo los dibujos anatómicos para una obra de su hermano
y, después, para los textos de anatomía que publicó entre
los 24 y 28 años de edad. Bell era por naturaleza un anatomista
y sentía rechazo por la experimentación animal. Descubrió
que el V par era un nervio mixto y el VII, motor y que la lesión
de este último producía parálisis facial (parálisis
de Bell). Además, era excelente cirujano y por los méritos
que hizo como tal fue nombrado Caballero.
Descolló en esa época el fisiólogo alemán
Johannes Müller. Nació en 1801 en Coblenza y murió
en 1858. De origen humilde, hijo de un zapatero, después
de vacilar entre el sacerdocio y la medicina, decidió estudiar
esta última influido por los escritos de Goethe que dirigieron
su interés hacia la naturaleza. Comenzó sus estudios
en Bonn en 1819, donde se formó ligado a la Naturphilosophie.
Se doctoró cuatro años más tarde y en 1833
obtuvo una cátedra en Berlín con tres asignaturas:
anatomía, fisiología y patología. Ocupó
esta cátedra hasta su muerte. En Berlín, hasta los
40 años de edad se dedicó principalmente a la fisiología,
que abandonó para dedicarse a la anatomía comparada.
En su época de fisiólogo abandonó la Naturphilophie,
pero siguió siendo vitalista.
Uno de los méritos más notables de Johannes Müller
fue su excelencia de maestro, con él se formó toda
una generación de científicos alemanes, entre ellos
Schwann, Remak, Henle, Dubois-Raymond, Pflüger, Kölliker,
Helmholtz, Lieberkühn, Virchow.
En fisiología, sentó las bases del estudio moderno
de la secreción glandular; dilucidó el mecanismo
de la fonación aclarando el papel de la cuerdas vocales.
Sus contribuciones más importantes están en el campo
de la neurofisiología. Entre otras están la identificación
del arco reflejo medular sin conexión con centros superiores;
su teoría del contraste de los colores, la demostración
de la función de las células ciliadas del oído
y la formulación del principio del código sensorial
específico: las sensaciones conducidas por un nervio sensorial
son siempre las mismas, aunque el estímulo de la excitación
sea distinto. Su Handbuch der Physiologie des Menschen es
una obra monumental.
De sus estudios de anatomía comparada ha quedado su nombre
ligado al conducto y tubérculo paramesonéfricos.
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