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Anamnesis |
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La anamnesis debe obtener el relato espontáneo,
jerarquizado de los síntomas y su aparición en el tiempo.
Sin embargo, en muchos casos el paciente puede olvidar u omitir algunos
hechos y por ello siempre debe agregarse un interrogatorio dirigido
en que se pasa revista a hechos específicos. También
en esta revisión se pueden vencer inhibiciones o prejuicios
que involuntariamente ocultan hechos claros y desorientan en la historia
clínica. Muchos de los síndromes urológicos son
de instalación lenta y el paciente se adapta fisiológica
y psicológicamente a hechos que, de haber aparecido en forma
abrupta, causarían extraordinaria alarma. También ocurre
que el sentido natural del pudor esté exacerbado y lleve a
ocultar síntomas o signos que el paciente admite y detalla
si se le pregunta en forma directa. Es importante establecer si la
historia es la de una enfermedad aguda o crónica, pero también
si es recurrente sobre un fondo crónico. |
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Estado General |
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El estado general del paciente puede presentar
un compromiso mayor o menor de acuerdo al proceso patológico.
Debe tenerse claro que las personas de edad presentan otros cuadros
concomitantes con frecuencia, como: anorexia, mala dentadura que
no les permite alimentarse bien; cuadros depresivos crónicos
que quitan el deseo de comer; diabetes, enfermedad muy prevalente
que muchas veces es desconocida por el paciente y en otras éste
no toma conciencia de la importancia que tiene; en todos estos casos
se compromete el estado general, por causas coadyuvantes o ajenas
a la enfermedad de fondo.
Los pacientes portadores de pielonefritis crónica, durante
los períodos de reagudización, presentan con frecuencia
astenia y fatigabilidad fácil que se manifiesta hacia el
fin del día y que si bien no impide el desarrollo de la actividad
habitual implica un mayor desgaste para el paciente.
El enfermo urológico con gran frecuencia puede tener manifestaciones
de otras patologías: hipertensión arterial, insuficiencia
coronaria, trastornos del ritmo, insuficiencia cardíaca,
que se asocian con cuadros de uropatía obstructiva. Es clásica
la facilidad con que un paciente con valvulopatía aórtica
se descompensa a causa de uropatía obstructiva. El enfisema
pulmonar, bronquitis crónica, asma bronquial y otra patología
pulmonar pueden complicar al paciente urológico y deben ser
investigados cuadros de esta naturaleza. |
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Síndrome Febril |
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Los cuadros infecciosos urinarios pueden evolucionar
con o sin fiebre. La mayoría de las infecciones urinarias
bajas evolucionan sin alza térmica. A la inversa, las infecciones
urinarias altas, pielonefritis agudas, evolucionan casi siempre
con gran alza térmica (39-40°C), generalmente precedidas
de calofríos. La fiebre se caracteriza por ser remitente,
con fluctuaciones importantes en el curso del día o en horas.
Las infecciones agudas de la próstata y el del epidídimo
dan el mismo tipo de fiebre en sus comienzos, que se hace después
continua.
A raíz de maniobras uretrales, no es infrecuente que haya
calofríos y alza térmica, debidos a bacteremias por
la absorción de gérmenes en la mucosa uretral. Pueden
originarse así septicemias gravísimas.
También es cierto que la infección urinaria alta
puede evolucionar en forma afebril, lo que caracteriza a la etapas
crónicas de la pielonefritis. Los lactantes y preescolares
pueden tener, como única manifestación de infección
urinaria alta, retraso pondoestatural. En clínica pediátrica,
el diagnóstico de infección urinaria debiera ser planteado
con mayor frecuencia y comprobado con los exámenes de laboratorio.
Esto permitiría diagnosticar a tiempo y recuperar muchos
cuadros patológicos que, ignorados, evolucionan hacia la
atrofia y pérdida del riñón.
El hipernefroma es una de las causas de fiebre inexplicada, cuando
esta se presenta como único síntoma de esta enfermedad. |
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Dolor Renal |
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Se debe a la distensión relativamente brusca
de la cápsula renal y obedece a causas inflamatorias y/u obstructivas.
Se lo refiere a la región costomuscular a la altura de la décima
costilla y se irradia hacia la fosa lumbar e hipocondrio. Su carácter
es sordo y constante, el paciente lo relata como fatigante, mas tolerable,
que permite una actividad limitada, pero del cual se tiene conciencia
en forma permanente. Es característico de las hidronefrosis
agudas y subagudas. Otros cuadros obstructivos o que distienden la
cápsula pueden ser: litiasis obstructiva, pielonefritis aguda,
tumores renales, etc. |
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Cólico Renal |
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Corresponde a un complejo en el cual intervienen
diferentes factores: dolor de fondo, referido al área renal,
permanente y que corresponde a la distensión de las cavidades
pielocalicilares y de la cápsula, al cual se agrega dolor
cólico generado por las contracciones de la musculatura lisa
ureteral de los segmentos proximales a la obstrucción existente.
Este segundo componente puede alcanzar extraordinaria intensidad
y se irradia desde el ángulo costovertebral hacia el flanco
y fosa ilíaca correspondientes. Llega hasta la raíz
del pene y escroto en el hombre y a los labios mayores en la mujer,
y a la raíz del miembro inferior. Es característico
del cólico renal el no sobrepasar la línea media del
abdomen, hecho que tiene gran valor para el diagnóstico diferencial.
El cuadro doloroso se acompaña de gran excitación
psicomotora del paciente, que no permanece en reposo o en posición
determinada, sino que cambia permanentemente del decúbito
a la marcha y a la posición sentada, acompañado de
toda clase de manifestaciones de dolor. El paciente relata fluctuaciones
en el dolor que varían entre lo tolerable y lo paroxístico.
La duración del cólico renal es variable y depende
del factor etiológico y de la capacidad de la vía
urinaria para expulsar el agente obstructivo: litiasis, coágulos
sanguíneos, grumos de pus y, más raramente tejidos
necróticos esfacelados desde el riñón. Dura
desde algunos minutos hasta varios días. Se acompaña
de estado nauseoso importante y vómito escaso. En el curso
de la horas hay distensión abdominal e íleo paralítico.
El clínico puede orientarse sobre la localización
de la obstrucción ureteral. Así, en el hombre el dolor
irradiado al testículo o al labio mayor en la mujer es propio
de obstáculo a nivel de la pelvis renal y del uréter
alto. El uréter medio da dolor referido a la fosa ilíaca
(punto de Mac Burney), lo que explica confusiones con apendicitis
aguda en los casos de ubicación derecha y con diverticulitis
a izquierda. Cuando un cálculo se ubica a nivel del uréter
terminal aparece pujo y tenesmo vesical, con poliaquiuria. |
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Dolor Vesical |
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La inflamación vesical, cualquiera que sea
su origen, se caracteriza por dos formas dolorosas: pujo y tenesmo.
El primero es la sensación de contracción dolorosa
de la vejiga, producida por el espasmo del cuello y trígono
vesical. El tenesmo es la sensación de repleción y
urgente necesidad de evacuación vesical que persiste una
vez terminada la micción. Ambas sensaciones son referidas
a la uretra posterior y tienen su mayor intensidad al iniciar y
al terminar la micción.
La retención urinaria aguda produce dolor angustiante referido
a la región suprapúbica. En cambio, el retencionista
crónico puede llegar a tener grandes volúmenes de
orina en su vejiga, sin molestia dolorosa alguna. |
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Dolor Genital |
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Los cuadros dolorosos agudos, por lo general, son
referidos a la gónada y presentan irradiación inguinal,
siguiendo el trayecto del cordón espermático. Los
procesos traumáticos o los inflamatorios comprometen en forma
preferencial al epidídimo. En los cuadros inflamatorios el
dolor, tolerable en un comienzo, puede adquirir intensidad invalidante
a medida que progresa.
El dolor es permanente, pero el paciente puede referir cambios
en la intensidad en relación a cambios de posición:
aumenta al ponerse de pie o disminuye al efectuar la suspensión
del testículo. Esto se explica por la tracción y elongación
del cordón. En los casos de torsión del cordón
espermático o de la hidátide pediculada, es característica
la aparición súbita de un intenso dolor, en un individuo
hasta ese momento sano, generalmente en relación a un esfuerzo
físico violento o a excitación sexual.
El dolor testicular sordo, pesado, tolerable, está en relación
a la tracción sostenida del cordón espermático.
Se le encuentra en el hidrocele o varicocele y tiene un claro aumento
en la posición de pie, y disminuye o desaparece en el decúbito.
Los tumores testiculares se caracterizan por no producir dolor,
salvo en aquellas ocasiones en que la albugínea testicular
es distendida bruscamente por hemorragias intratumorales.
Dolor referido al pene se encuentra en algunas condiciones raras:
priapismo, que es la erección patológica y sostenida
de los cuerpos cavernosos del pene, sin relación a estimulación
sexual; enfermedad de Peyronie, que es la fibrosis patológica
de los cuerpos cavernosos, que incurva el pene durante la erección.
El dolor referido a la uretra está en relación con
procesos inflamatorios de origen infeccioso y en raras ocasiones
con cuerpos extraños (niños). Tiene carácter
de ardor o quemadura, durante y al terminar la micción y
se acompaña de pujo y tenesmo vesical si hay compromiso del
cuello vesical. |
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Dolor Prostático |
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Una causa frecuente de consulta es el dolor referido
a la región sacra o perineal profunda o rectal profunda.
De carácter sordo, permanente, puede asumir el carácter
de molestia u opresión. Unido al antecedente de uretritis
o infección urinaria hace plantear el diagnóstico
de prostatitis.
A la inversa, cuando el paciente manifiesta tener dolor a la próstata,
generalmente está encubriendo otro motivo de consulta de
la esfera sexual que no se atreve a relatar. En estos casos el interrogatorio
directo hecho por el médico alivia la angustia del paciente
y aclara la situación. |
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Dolor Lumbar |
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Es una causa muy frecuente de consulta y su origen
más común es el lumbago. El paciente atribuye su dolor
habitualmente a causa renal y así lo expresa claramente. El
interrogatorio rápidamente pone de manifiesto la bilateralidad
del dolor, su ubicación a nivel de la región lumbar
baja y su clara relación con las posiciones y decúbitos
determinados. También aclara el diagnóstico la relación
existente entre el dolor y esfuerzos físicos o actitudes de
trabajo determinadas, agacharse, pararse, etc. |
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Hematuria |
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Es uno de los síntomas más alarmantes
para el paciente, que lo induce a consultar de inmediato. Existen
grados diferentes de hematurias. En general, las enfermedades urológicas
producen gran hematuria, y el paciente relata orinar "sangre
roja" acompañada de coágulos. Aquí no
se plantean dudas sobre la autenticidad de la hematuria. En cambio,
es muy frecuente que los enfermos relaten tener "orinas coloradas".
Esto puede ir desde la orina concentrada, propia de un cuadro febril,
hasta la hematuria moderada. Es útil ofrecer comparaciones
al paciente: té cargado, para las hematurias antiguas (a
diferenciar de coluria y hemoglobinuria), agua de lavado de carne
para las hematurias médicas, etc.
También debe interrogarse sobre la ingestión de sustancias
capaces de colorear la orina, como las betarragas, vitamina B12,
Pyridium, etc.
Conviene precisar si la hematuria se presenta por primera vez o
si es recidivante. Si se asocia a otra sintomatología, como
cólico renal o infección urinaria, o si, por el contrario,
es "silenciosa" o monosintomática. Esto último
puede observarse en tumores renales, litiasis coraliforme, hidronefrosis,
quiste renal, tumores vesicales. Debe precisarse si la hematuria
se extiende a toda micción o a una parte de ella; así
se pueden distinguir:
Hematuria total, que tiene su origen en la vejiga o por encima
de ella, causada por litiasis, tumores o tuberculosis, etc.
Hematuria inicial, que se observa en las uretritis y estenosis
uretrales o meatales (niños).
Hematuria terminal, que generalmente proviene de la uretra posterior,
cuello vesical o trígono y es causada por uretritis posterior,
pólipos, tumores del cuello vesical y cistitis.
Debe tenerse presente que basta una escasa cantidad de sangre para
teñir de rojo toda la orina. La experiencia enseña
que los enfermos tienden a magnificar la intensidad de la hematuria. |
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Uretrorragia |
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Es un síntoma que no debe ser confundido con
hematuria y que se encuentra casi siempre en relación con traumatismos
uretrales. A diferencia de la hematuria, la uretrorragia es la pérdida
de sangre por la uretra, independientemente de la micción.
Es un síntoma muy importante en los traumatismos pelvianos,
en que ha habido ruptura de la uretra. Se asocia con imposibilidad
de orinar, cuando hay sección total del conducto. |
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Alteraciones de la Micción |
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Por lo general, no se presta atención a
esta función fisiológica, y sólo se tiene conciencia
de los cambios bruscos de ella. De ahí la importancia que
tiene el interrogatorio dirigido por el médico, averiguando
aquellos cambios que pueden orientar en el diagnóstico.
La capacidad vesical en el hombre es de 400 ml, y puede ser algo
mayor en la mujer.
Fórmula miccional es la relación entre el número
de micciones diurnas y nocturnas.
En el hombre es de 3 a 5 micciones en el día y de 1 o ninguna
en la noche. En la mujer es de 2 a 3 en el día y de 1 a ninguna
en la noche. Al decir "día" nos referimos al período
de vigilia y al decir noche al período durante el cual el
individuo duerme. Esto significa que la mayoría de los individuos
adultos sanos no interrumpen el sueño por la necesidad de
vaciar su vejiga, o bien, lo hacen una sola vez durante el sueño.
Sin embargo, al ser interrogado el paciente, generalmente coloca
su última micción del período de vigilia en
el grupo "noche". Si esto no se aclara en forma dirigida
por el médico, induce a error. Es importante precisar también
la fórmula miccional en condiciones de comida y bebida normales,
y compararlas con los posibles trastornos que sufren en el momento
de la consulta.
Cualquier persona puede precisar, con mucha exactitud, cuál
es su hábito miccional nocturno. Por este motivo, las alteraciones
en el hábito miccional se notan primero en el período
"noche" y se relatan en forma más precisa. La presencia
de micciones nocturnas, de frecuencia superior a lo señalado
más arriba, se llama nicturia.
En el hombre de edad pueden existir variaciones discretas en la
fórmula miccional. Esto sólo traduce cambios subclínicos,
producidos por la hipertrofia de la próstata propia de la
edad. La mujer, en general, tiene una capacidad vesical algo mayor
que el hombre. Ello explica en parte que pueda tener una fórmula
miccional tan baja como una o dos micciones en 24 horas. Contribuye
a esto la costumbre de ingerir poco líquido y la comprensible
desconfianza que ella tiene por los desaseados servicios higiénicos
públicos.
El aumento de la frecuencia miccional se llama polaquiuria. Este
concepto implica aumento en la frecuencia, pero con volumen bajo.
Es más notorio durante la noche (nicturia). Cualquier trastorno
irritativo de la vejiga trae consigo polaquiuria. En forma independiente,
o bien asociada a la polaquiuria, pueden existir el pujo y/o tenesmo
vesical. En algunos casos de inflamación vesical aguda, la
polaquiuria puede alcanzar tal magnitud que el paciente orina cada
5 ó 10 minutos y se la confunda con incontinencia urinaria:
pseudoincontinencia.
Por poliuria se entiende el aumento de volumen total de orina en
24 horas. Puede ser consecuencia de una mayor ingesta de líquidos:
diabetes mellitus, diabetes insípida, etc., determinada por
enfermedad o por trastornos de carácter neurótico.
Se llama disuria cualquier trastorno de la micción. Esta
palabra por sí sola significa poco y debe adjetivarse, señalando
si se trata de disuria de esfuerzo o de disuria dolorosa. También
debe precisarse si la disuria es inicial, o sea, del comienzo de
la micción, si es total o terminal.
La disuria de esfuerzo corresponde a procesos obstructivos de la
vía urinaria, a partir del cuello vesical, la fimosis, etc.
En el hombre adulto: el adenoma prostático, la enfermedad
del cuello vesical, el cáncer prostático, las estenosis
uretrales de causa traumática e inflamatorias. En la mujer,
la estenosis inflamatoria de la uretra y la propagación de
procesos tumorales infiltrantes de origen ginecológico.
La disuria de esfuerzo es de instalación progresiva, solapada,
y el paciente generalmente no tiene conciencia de su condición
en forma clara. Es útil inducirlo a comparar con la forma
de orinar que tenía algún tiempo antes. En la disuria
de esfuerzo la micción va precedida por un período
de latencia que el paciente puede reconocer claramente y que puede
alargarse hasta varios minutos, y se recurre a la contracción
de la prensa abdominal para vencer el obstáculo.
La disuria dolorosa habitualmente es de tipo inicial o terminal,
está en relación a los fenómenos inflamatorios
del cuello vesical y trígono. El dolor es referido a la uretra
posterior y, por lo general, asociado a pujo y tenesmo. En los casos
de disuria de esfuerzo es frecuente que haya un componente doloroso
asociado, que generalmente es terminal.
Durante la micción puede ocurrir la interrupción
brusca del chorro que, tras algunos momentos, y después de
efectuar algún movimiento o maniobras de comprensión
del hipogastrio, se reanuda nuevamente con las mismas características
anteriores. Esto se conoce como micción interrumpida o en
dos tiempos, y es propia de la presencia de cuerpos extraños
en la vejiga: litiasis, tumores pediculados, coágulos.
Continencia es la capacidad de controlar la micción por
el esfínter vesical. El niño comienza su aprendizaje
a los 18 meses y lo termina entre los 36 y 48 meses, cuando alcanza
un control diurno y nocturno perfecto.
La incontinencia nocturna se llama enuresis. Esta puede ser primaria,
generalmente ligada a incompleta maduración del sistema nervioso
central, o secundaria, reactiva a conflictos de orden psicológico,
o bien, obedece a una causa orgánica en que la enuresis es
una manifestación de una uropatía obstructiva: válvulas
uretrales, estenosis uretral, infección urinaria, diabetes,
etc. En las niñitas existe una alteración especial
de la continencia que consiste, fundamentalmente, en la sensación
de micción imperiosa y en la pérdida de algunas gotas
de orina que las hace mantener el "calzón húmedo".
En ellas la madre puede relatar, si se la interroga dirigidamente,
que el chorro miccional es vacilante y a veces tiene muecas de dolor
o escalofríos durante la micción. Este cuadro es producido
por una estenosis funcional del esfínter estriado y favorece
la infección y el reflujo vesicoureteral.
Las incontinencias urinarias pueden ser parciales o totales, permanentes
o transitorias. Una de las principales causas reside en las lesiones
neurológicas: fractura de columna, tumores medulares, metástasis
infiltrantes a nivel medular, denervación a raíz de
intervenciones pelvianas, polineuritis diabética, etc. Serán
parciales o totales y definitivas o transitorias, según el
grado de compromiso neurológico.
En la mujer es frecuente encontrar incontinencia parcial de esfuerzo,
dada por la natural debilidad del esfínter estriado y por
los traumatismos del parto. Estos últimos deterioran o hacen
desaparecer el ángulo uretrovesical posterior, llevando a
la vejiga a la etapa de premicción permanente, en que toda
la continencia está a cargo del esfínter estriado,
el cual no puede controlar bruscos aumentos de presión abdominal,
produciéndose escape vesical.
En ciertos casos de irritabilidad exagerada de la pared de la vejiga
(algunas cistitis), se hace imposible controlar el deseo de micción
imperiosa, perdiéndose orina en forma involuntaria. Esta
situación anormal desaparece al eliminarse la causa de la
inflamación vesical.
En los casos de fístulas del uréter o de la vejiga
hacia la vagina, se observa la pérdida de orina por una vía
absolutamente patológica. En estos casos, siempre existe
el antecedente anamnéstico de una intervención quirúrgica
pelviana efectuada algunos días antes.
Existe también la pérdida urinaria parcial, pero
permanente, cuando por defecto del desarrollo un uréter desemboca
distal al esfínter urinario.
En la uropatía obstructiva se puede llegar a incontinencia
paradójica en la exageración de la micción
por rebosamiento. Existe retención de orina y el paciente
consulta por "incontinencia". Este paciente es portador
de un obstáculo que le hace evacuar en forma incompleta su
vejiga, dejando cada vez un residuo más importante. La polaquiuria
puede llegar a tener una frecuencia tal, que remeda una incontinencia
urinaria. La misma situación se encuentra en las retracciones
cicatriciales de la vejiga secundaria a tuberculosis, en que la
vejiga retraída es tan pequeña, que contiene un volumen
de orina también pequeño, y a ello se suma la irritabilidad
exagerada de la vejiga, lo que simula una incontinencia por la alta
frecuencia de las micciones, que pueden invalidar totalmente al
paciente. |
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Retención Urinaria |
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Es la imposibilidad de expulsar la orina acumulada
en la vejiga. Se puede presentar en forma aguda, condición
frecuente en el postoperatorio de algunas intervenciones, provocada
por el uso de analgésicos y espasmolíticos. La mayoría
de las veces no tiene mayor trascendencia. En otros casos puede
ser la primera manifestación de una uropatía obstructiva
que ha sido desconocida hasta ese momento. Es frecuente que este
accidente agudo esté en relación a transgresiones
etílicas o al frío. También puede ser causado
por malas indicaciones terapéuticas, como el uso de diuréticos
en un urópata obstructivo. En estos casos, el alcohol y los
diuréticos son responsables de alterar el equilibrio, aumentando
la producción de orina y la distensión vesical, con
pérdida de la capacidad contráctil, de una vejiga
ya distendida por la presencia de obstrucción, hasta ese
momento compensada.
El edema del cuello vesical producido por la infección o
el frío puede ser responsable de una retención total.
Las retenciones agudas se acompañan de gran malestar, con
dolor angustiante referido a la región hipogástrica.
Por el contrario, el retencionista crónico puede llegar
a la retención total y en quien esta condición se
repite en el curso de los días siguientes, llega a temer
en tal forma estos episodios, que deja de beber, con lo cual agrega
deshidratación, y un factor prerrenal a la anuria obstructiva.
En los traumatismos pelvianos o en los pacientes politraumatizados,
la retención urinaria puede corresponder a sección
total de la uretra, la que habitualmente se acompaña de uretrorragia.
También los traumatismos cerrados abdominales con vejiga
llena pueden llevar al estallido vesical y a un falso cuadro de
retención urinaria, o anuria, en que la orina se acumula
en la cavidad peritoneal. |
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Neumaturia |
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Es la expulsión de gas por el chorro urinario.
Produce un ruido característico que recuerda el de una llave
abierta cuando existe aire en la cañería. Se la encuentra
con posterioridad a un examen endoscópico y corresponde al
aire que penetró durante él y que es expulsado. En ausencia
de maniobras de ese tipo es un síntoma que delata la existencia
de una fístula digestivo-urinaria. Esta se encuentra secundariamente
a procesos de diverticulitis del colon perforado a vejiga, y más
raramente en cáncer de colon. Pueden acompañarse de
expulsión de material intestinal. También puede ser
causada por infecciones urinarias, producidas por gérmenes
anaerobios que generan gas; suele complicar la diabetes. |
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Trastornos de la Esfera Sexual |
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Hematosperma es la eyaculación con sangre.
Puede tratarse de sangre fresca, roja o bien color ladrillo o salmón,
que corresponde a sangre más antigua. Puede ir asociada a
la eyaculación dolorosa. Es un síntoma que alarma
al hombre y que corresponde a procesos de prostatitis o uretritis
posterior que deberán ser diagnosticados.
El paciente que consulta por trastornos sexuales, lo hace bajo
gran tensión y angustia. Generalmente evita mencionar la
causa verdadera de la consulta y la oculta bajo malestares imprecisos
que atribuye a la próstata.
El médico debe reconocer a este tipo de paciente y ayudarlo,
interrogándolo directamente, con tacto y paciencia.
Las causas de consultas más frecuentes son: eyaculación
precoz, entre los jóvenes, que revela situaciones de angustia
o bien desinformación; erección imperfecta, impotencia,
pérdida de la libido.
En los hombres adultos, la diabetes es causa frecuente de impotencia
orgánica. |
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Patología Genital |
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Algunos de estos cuadros son más propios
del hombre joven: tumores testiculares, varicocele, hernias, fimosis,
etc., y otros, del hombre maduro o senil: hidrocele, epididimitis,
etc.
La causa de consulta puede ser hallazgo fortuito de una tumoración
testicular, que pasó inadvertida por largo tiempo y sólo
se reconoció debido a un microtraumatismo. Esto es válido
para los tumores testiculares, hidrocele, varicoceles pequeños
y para los procesos epididimarios crónicos (TBC).
Debe tratarse de precisar el tiempo de evolución, cosa en
general difícil, pues es increíble lo poco observador
que es el hombre en lo que atañe a su patología genital.
Coadyuva la lentitud de estos procesos y su evolución indolora.
La consulta por patología dolorosa referida al área
genital fue revisada ya a propósito del dolor.
La presencia de fimosis (incapacidad de descubrir el glande) es
relatada como estrechez del prepucio. En el caso de individuos adultos
que consultan por esta causa, debe interrogarse sobre antecedentes
sugerentes de diabetes mellitus, ya que esta es, a veces, la primera
manifestación de esta enfermedad. Otra causa de fimosis adquirida
es el uso de sonda vesical por períodos prolongados.
En la mujer debe investigarse la presencia de leucorrea (secreción
vaginal), la cual puede explicar piurias que no corresponden a infección
urinaria. En la niña pueden existir también leucorreas
(micóticas, trichomoniásicas), que deben ser investigadas
mediante interrogatorio adecuado a la madre.
Criptorquidia es la anomalía de posición del testículo,
en que este, ausente del escroto, se encuentra en cualquier punto
de su trayecto normal (puede ser así intraabdominal, lumbar,
ilíaco o pelviano). Debe ser diferenciado de un cuadro frecuente
en el niño que es el testículo retráctil o
en ascensor, en que la glándula está en el escroto
la mayor parte del tiempo, pero es llevado fuera de él por
la contracción del cremáster, hacia el conducto inguinal.
Ectopia testicular es la ausencia de un testículo del escroto
y su presencia en un sitio que no corresponde a su trayecto normal. |
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Examen Físico |
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Conciencia
La conciencia se compromete en el síndrome urémico
avanzado. Este compromiso es más manifiesto en los cuadros
agudos, mientras que en los crónicos se puede llegar a etapas
bastante avanzadas, sin deterioro de la conciencia.
Los pacientes de edad avanzada suelen presentar signos de deterioro
psíquico, el que puede acentuarse en forma grave a raíz
de anestesia general e hipotensión. Se puede llegar a niveles
confusionales, con excitación psicomotora que pone en peligro
el resultado de una intervención quirúrgica o la vida
del paciente, también puede contraindicar algunos procedimientos
quirúrgicos
Posición y Decúbito
La gran excitación psicomotora es casi patognomónica
del cólico renal. Durante los paroxismos de dolor el paciente
cambia de posición y decúbito, y a menudo opta por la
marcha. A diferencia del cólico renal, los cuadros inflamatorios
renales o perirrenales obligan al paciente a adoptar posiciones antiálgicas.
Estas se caracterizan por la escoliosis de concavidad hacia el lado
comprometido y porque el paciente prefiere el decúbito lateral
hacia el lado opuesto a la lesión.
Hipo o Singulto
Se le observa con frecuencia en el síndrome urémico
avanzado, debido a la irritación gástrica. Acompaña
muy frecuentemente a los procesos peritoneales y su presencia debe
hacerlos sospechar. Puede estar presente también en la sepsis.
Aquellos pacientes sometidos a una anestesia general, que ha sido
difícil, con relajación inadecuada y en quienes se ha
establecido una lucha con el anestesista, presentan con frecuencia
hipo en el postoperatorio.
Piel y Mucosas
En el niño y en especial en el lactante el turgor y la elasticidad
de la piel son de gran valor para apreciar el estado de hidratación.
En los pacientes adultos es más útil el estado de
las axilas, que deben de estar húmedas en un individuo bien
hidratado. Este índice es mucho más fiel que el estado
de la lengua y mucosa bucal, las que pueden estar secas en pacientes
que respiran por la boca. En el paciente urémico avanzado,
la lengua está seca e incluso alcanza aspecto costroso: lengua
de loro. Sin embargo, esto no se aprecia cuando las cifras de uremia
son sólo moderadamente altas.
El paciente urópata obstructivo bajo (adenoma de la próstata,
enfermedad de cuello vesical, estenosis uretral), que presenta retenciones
urinarias en forma subintrante, llega a tener tal temor a ellas,
que deja de ingerir líquidos y puede consultar en avanzado
estado de deshidratación. Por el contrario, aquellos enfermos
que progresan hasta la oliguria extrema o la anuria por obstrucción
ureteral bilateral (cáncer prostático, cáncer
cervicouterino, etc.) no presentan las molestias propias de la retención
urinaria vesical. Por lo tanto, continúan la ingestión
de líquidos aun en la etapa de anuria. Este tipo de paciente
consulta frecuentemente con edemas o en estado de anasarca, producto
de la retención hídrica crónica.
Examen de la Región Lumbar
Forma parte del examen de columna y dorso; sin embargo, conviene destacar
algunos detalles en relación con el aparato urogenital. Es
conveniente efectuarlo en posición de pie y también
sentado. De pie son visibles los defectos de la columna. Escoliosis
de concavidad del lado de la lesión en los procesos inflamatorios
renales o perirrenales. Contracción de las masas musculares
que pretenden inmovilizar la zona dolorosa. Edema inflamatorio de
la piel en los procesos perirrenales. Es posible pesquisar la presencia
de tumoración a nivel sacro, propio del meningocele (vejiga
neurogénica). Posteriormente, pueden observarse o acentuarse
estos mismos signos en la posición sentado. En esta postura
se efectúa la percusión de la fosa lumbar, para lo cual
se solicita al paciente que incline el dorso hacia adelante, flectándolo,
y cruce los brazos sobre el pecho. Se percute con el puño cerrado,
utilizando el borde hipotenar. Debe advertirse previamente al paciente
de lo que se va a hacer y efectuarlo primero muy suavemente y luego
con más fuerza, percutiendo primero sobre el lado sano, de
manera de dar un patrón de comparación con el lado enfermo.
El paciente reconoce perfectamente la percusión sobre la fosa
lumbar sana como golpe que no causa dolor. En cambio, en los procesos
inflamatorios del riñón (pielonefritis) o de la celda
perirrenal (flegmón) el dolor es inmediato y, como norma, intenso.
Lo mismo ocurre en los casos de distensión brusca de las cavidades:
cólico renal, hidronefrosis.
Examen Renal
Las masas renales sólo son visibles cuando alcanzan gran
tamaño y abomban la región lumbar e hipocondrio y
flanco. No es infrecuente que esto ocurra en el lactante y preescolar
(tumor de Wilms e hidronefrosis). En los adultos, los grandes riñones
poliquísticos pueden ser percibidos a simple vista.
Antes de efectuar la palpación renal, es imprescindible
efectuar la palpación del abdomen, lo que permite tener una
información sobre la pared, hernias o eventraciones y otros
procesos patológicos abdominales. Esto da confianza al enfermo
y le permite relajarse. La palpación renal se hace con el
paciente en decúbito dorsal, con la cabeza apoyada en una
almohada y los brazos extendidos a lo largo del cuerpo. El paciente
debe respirar tranquilamente y no hablar para no contraer la musculatura
abdominal.
Examen Vesical
La inspección es una parte del examen clínico, que
desgraciadamente es omitida con frecuencia. Orienta en los casos
de persistencia del uraco, en el niño, donde fluye orina
por el ombligo.
Tanto en el niño como en el adulto con retención
urinaria, la inspección permite reparar en aumentos de volumen
circunscritos al hipogastrio (globo vesical). La palpación
permite precisar la forma ovoidea de un globo vesical. Este puede
ser biloculado, en los casos de grandes divertículos vesicales.
La percusión permite delimitar matidez de límite superior
convexo, no desplazable, propio del globo vesical. Cuando persiste
la duda sobre el origen de una masa hipogástrica, es necesario
efectuar cateterismo uretral y repetir el examen luego de extracción
de orina: embarazo, mioma uterino, quiste ovárico, etc.
Examen Genital
Forma parte del examen físico general; a través de él
se diagnostican precozmente lesiones locales: tumor testicular, cáncer
de pene, etc., o bien, se reconocen alteraciones generales que hasta
el momento no hayan dado otras manifestaciones: diabetes mellitus,
tuberculosis. Debe ser efectuado siempre, cualquiera que sea la especialidad
del médico. Su omisión lo hace responsable de las consecuencias
que esta pueda acarrear.
Examen de la Región Inguinal
La inspección puede demostrar aumento de volumen, el que
debe ser explorado palpatoriamente, a fin de precisar si corresponde
a hernia inguinal, quiste del cordón, testículo ectópico,
hidrocele, etc.
En las hernias, el aumento de volumen se hace más notorio
y se palpa pulsátil, cuando el paciente, en posición
de pies, contrae bruscamente la prensa abdominal (se pide al paciente
que tosa). Esto no ocurre en quistes del cordón, testículo
ectópico, hidrocele, etc.
El conducto inguinal tiene su orificio superficial a 1.5 cm por
encima y lateral a la espina del pubis. El orificio profundo se
encuentra a 1.5 cm por sobre el punto medio del ligamento inguinal
de Poupart. Las masas ubicadas a nivel del orificio inguinal profundo,
que el examinador puede delimitar palpatoriamente en su límites
superior y laterales, con gran probabilidad no corresponden a hernias.
Las hernias crurales, cuadros más frecuentes en la mujer,
se palpan por debajo del ligamento de Poupart y pueden ser confundidas
con un testículo ectópico o adenitis.
Examen del Escroto
La inspección revela la presencia o ausencia del testículo
en el escroto. La piel de esta zona se caracteriza por ser extraordinariamente
elástica y contráctil, gracias a la presencia de un
músculo bajo ella: Dartos. Puede presentarse retraída,
a causa de frío o dolor, y laxa, por el calor, o como ocurre
en el individuo senil. Es importante extenderla, de modo de examinar
toda la superficie, donde se pueden ocultar procesos fistulosos
o cicatrices entre los pliegues. No es infrecuente que el escroto
sea asiento de quistes sebáceos, susceptibles de infectarse.
Cuando existe un proceso inflamatorio subyacente, la piel pierde
su elasticidad, los pliegues desaparecen y el edema la hace adoptar
el aspecto característico de "piel de naranja",
en la cual los poros se hacen muy evidentes.
En los traumatismos uretrales y peneanos se producen equimosis
escrotales por el deslizamiento al máximo decúbito
de la hemorragia.
El contenido escrotal está formado por: el testículo,
el epidídimo y sus anexos, el conducto deferente y el cordón
espermático. También deben considerarse las túnicas
que envuelven al testículo y que pueden ser asiento de procesos
patológicos.
Ante la ausencia de un testículo en el escroto, debe investigarse
acuciosamente su ubicación. El testículo termina de
descender al escroto al fin del octavo mes de desarrollo intrauterino.
Al nacer, un 3% de los niños tienen ausencia del testículo
en el escroto. En el momento de la pubertad, un 1% de los adolescentes
presentan la misma condición.
La gran mayoría de los testículos ectópicos
se localizan próximos al orificio inguinal superficial. Una
vez reconocido por la palpación, se comprobará si
es posible descenderlo al escroto, traccionándolo y empujándolo,
a la vez, suavemente. Si el testículo desciende satisfactoriamente,
se trata de un "testículo en ascensor", o retráctil,
cuadro provocado por la contracción del cremáster
y la laxitud del "gubernaculum testis", que permiten la
migración del órgano fuera de la bolsa. Este cuadro
es provocado por el temor al examen, el frío (manos del examinador)
o esfuerzos físicos, y debe ser diferenciado de la verdadera
ectopia, en que el testículo está permanentemente
fuera del escroto. Ante esta segunda eventualidad, se investigará
palpatoriamente la presencia del testículo en su trayecto
normal, criptorquidia; o en zonas de ubicación anormal.
Zonas de ectopia:
| |
Región inguinal.
Región pubiana.
Región perineal.
Triángulo de Scarpa |
Si el testículo no es localizado mediante la palpación
en las zonas ectópicas o en el trayecto de su descenso, conducto
inguinal, debe tenerse presente que puede estar en la región
lumbar, ilíaca o pelviana, inaccesible al examen físico,
retroperitoneal; criptorquídea.
El testículo ectópico y el criptorquídico
son asiento de enfermedades con mayor frecuencia que el que ha descendido.
Frecuentemente es hipotrófico y presenta degeneración
maligna con mayor frecuencia que el testículo normal.
El escroto puede estar distendido por hidrocele, esto es, aumento
patológico del líquido contenido en la membrana vaginal
que rodea al testículo. Es frecuente encontrarlo en los individuos
de edad, de moderado volumen y baja tensión, por lo general
idiopático. En individuos más jóvenes, generalmente
es secundario a cuadros inflamatorios, puede alcanzar gran volumen
y estar a tensión. En el niño recién nacido,
el hidrocele es muy frecuente, bilateral, y desaparece espontáneamente
dentro de los primeros meses.
La inspección demuestra el aumento de volumen del hemiescroto
afectado, que toma conformación esferoideal, regular e indolora
a la palpación.
Varicocele
La piel del escroto puede presentar aumento de volumen mal delimitado,
que la palpación identifica de carácter cordonal,
blando y que desaparece o se desplaza con la presión digital.
Esto corresponde a dilataciones varicosas de la venas del cordón
espermático: varicocele. Puede ser de tamaño discreto
y se lo evidencia colocando al paciente de pie durante algunos
minutos. Característicamente, se observa en individuos
jóvenes y al lado izquierdo (desembocadura de la vena espermática
en la vena renal izquierda). Cuando aparece en forma aguda debe
hacer sospechar la presencia de un hipernefroma, y es secundario
a trombosis de causa tumoral de la vena renal.
Testículo
Para examinar el testículo se le fija suavemente, usando
los dedos cuarto y tercero de ambas manos, que pinzan la piel del
escroto. Así, mientras los índices y pulgares lo exploran,
contribuyen también los dedos medios. La separación
entre el testículo y el epidídimo está situada
en posición lateral externa y algo posterior con respecto
al testículo. En él puede distinguirse un abultamiento
a nivel de su extremidad superior, que se conoce como cabeza del
epidídimo. Lo sigue una porción de diámetro
uniforme, que constituye el cuerpo del epidídimo, el que
imperceptiblemente termina en la cola; o bien, esta última
se presenta como un engrosamiento menor. Desde la cola del epidídimo
nace el deferente, que asciende para tomar el conducto inguinal.
La palpación del deferente es similar a un cable eléctrico
de superficie lisa, firme e indolora, y se efectúa tomándolo
entre el índice y pulgar.
El examen del testículo se efectúa recorriendo su
superficie con los tres dedos señalados de cada mano, en
forma indicada más arriba. Así se obtiene una idea
de su tamaño (hipotrofia o atrofia), de su consistencia,
que debe ser firme y elástica, lisa y homogénea y
de escasa sensibilidad.
El desarrollo de una masa policíclica, dura, nodular, sin
caracteres inflamatorios y que ocupa una parte o la totalidad de
la glándula, debe hacer sospechar un tumor testicular. También
puede palparse un nódulo en profundidad. Los tumores testiculares
se caracterizan por ser pesados. Quizás sea este uno de los
hechos que más orientan en su diagnóstico.
El testículo puede presentar una disminución de la
consistencia en los casos de hipotrofia y en el hombre anciano.
El epidídimo puede ser asiento de inflamaciones agudas o
traumáticas. Las primeras obligan a investigar infección
urinaria, uretritis o prostatitis. La piel del escroto se inflama,
presentándose edematosa y enrojecida. El examen palpatorio
debe hacerse con gran cautela, pues el epidídimo se torna
extraordinariamente sensible. Es muy difícil poder diferenciar
la masa epididimaria inflamada, del testículo. Es muy útil
levantar suavemente el escroto, suspendiéndolo. Con esta
maniobra se evita la tracción sobre el cordón espermático,
y significa un alivio inmediato del dolor. El cuadro de epididimitis
aguda puede ser indiferenciable del de torsión de cordón
espermático, pero en este último la suspensión
del escroto aumenta el dolor, ya que significa la elongación
del cordón espermático que se encuentra acortado por
el efecto de la torsión. Este es un caso en que el diagnóstico
diferencial es semiológico. Si está bien y oportunamente
hecho, hará la diferencia entre un testículo salvado
o perdido.
Las inflamaciones crónicas del epidídimo se caracterizan
más bien por el aumento de volumen, generalmente lobulado,
nodular, indoloro o discretamente sensible. Pueden ser de etiología
inespecífica (infección urinaria), o bien, de etiología
tuberculosa. Semiológicamente, pueden ser indiferenciables
de un tumor testicular.
Tanto las epididimitis agudas como las crónicas reagudizadas
pueden evolucionar hacia la abscedación y fistulación.
Las de etiología tuberculosa pueden ir también hacia
la abscedación, pero en este caso no hay componente inflamatorio
importante (absceso frío).
Durante el examen del epidídimo es frecuente advertir junto
a la cabeza una pequeña formación ovoidea de 2 a 3
mm de diámetro, unida ella por un pequeño pedículo
más o menos diferenciable. Corresponde a la hidátide
de Morgagni pediculada. Su torsión provoca en el niño
un cuadro indiferenciable del de la torsión del cordón.
La torsión crónica en el adulto provoca dolor y aumento
de volumen palpable. A nivel de la cabeza del epidídimo pueden
palparse formaciones quísticas que hacen cuerpo con el órgano.
Son de dos orígenes: quistes de tipo seroso, o bien dilatación
quística del conducto epididimario, espermatocele. La diferencia
entre uno y otro no puede ser asegurada semiológicamente.
Con alguna frecuencia, es posible palpar un cálculo de libre
desplazamiento en la cavidad vaginal.
Pene
Durante el examen físico se lo encontrará normalmente
en estado de flacidez. Puede, sin embargo, encontrarse en estado
de erección patológica o priapismo. En estos casos,
la inspección revela la erección de los cuerpos cavernosos,
sin erección del glande.
La inspección revela las anomalías de la uretra.
Hipospadias en que existe desembocadura anormal de la uretra en
la cara ventral del pene, generalmente próximo a la región
balánica, pero también puede tener ubicación
perineal; en estos casos, los niños deben orinar sentados.
El defecto inverso es la epispadia, en que, por malformación
en el desarrollo peneano, la uretra se abre sobre la cara dorsal
del pene. Su grado máximo es la extrofia vesical, en que
existe una falta de la cara anterior del abdomen y vejiga, con malformación
del anillo óseo pelviano.
La inspección, para que sea bien efectuada, debe incluir
la retracción del prepucio, de modo de inspeccionar completamente
el glande, la región balánica y el prepucio. Con posterioridad
al examen se debe cuidar que el prepucio vuelva a su posición
normal, por el riesgo de parafimosis. Al retraer el prepucio se
descubrirán los casos de fimosis, diagnóstico que
se efectúa al constatar la dificultad o incapacidad de descubrir
el glande por estrechez del prepucio. En los niños, la fimosis
obedece a causas congénitas, y en el adulto se agregan, además,
causas secundarias, como las balanopostitis a repetición,
el uso de sonda a permanencia por períodos prolongados y
la diabetes. Esta última puede ser descubierta a raíz
de una consulta por fimosis adquirida. Se pueden encontrar también
úlceras crónicas, indoloras, que son muy sospechosas
de corresponder a cáncer del pene, el chancro luético,
que se caracteriza por ser indoloroso, de bordes indurados, y se
acompaña por una adenopatía inguinal satélite.
Se pueden encontrar lesiones herpéticas, condilomas acuminados
(virales) o planos (luéticos). Sirve para demostrar la existencia
de secreción uretral, la brevedad del frenillo, que puede
haber sufrido rupturas y cicatrización patológica,
estrechez del meato uretral, etc.
Los pacientes que son portadores de fimosis pueden vencer la estrechez
del prepucio, con lo cual el anillo fimótico queda por detrás
del glande, a nivel del surco balano-prepucial. Esto significa edema,
que exacerba la dificultad para retornar el prepucio a su posición
normal. El cuadro se autoperpetúa y puede llegar a la necrosis
isquémica. En estos casos, la inspección revela el
glande descubierto y erecto. El prepucio forma aumento de volumen
edematoso por detrás del glande; este cuadro se conoce como
parafimosis.
La piel del prepucio pierde sus características de fineza
y elasticidad por los procesos de balanopostitis a repetición,
haciéndose acartonada, rígida y fibrosa (diabetes).
Cuando se sospecha la presencia de uretritis o se desea tomar una
muestra de la secreción uretral, conviene pedir al paciente
que no orine hasta después de haberla tomado. Para esto,
es útil hacer la expresión de la uretra deslizando
los tres dedos medios, de una mano, por la cara inferior del pene
desde el periné hacia adelante.
El examen palpatorio de la región peneana puede revelar
la presencia de placas de fibrosis sobre el dorso del pene generalmente
próximo a su base y en la línea media. Es la enfermedad
de la Peyronie.
Uroscopia: Examen de la Orina
Es una parte del examen físico extraordinariamente útil,
que si se complementa con la inspección de la micción
informará sobre innumerables hechos de importancia.
Lo más práctico es efectuarlo al final del examen,
cuando ya se ha establecido alguna confianza en el paciente. Se
le proporciona un vaso de vidrio liso, transparente e incoloro.
Se le solicitará que pase al baño o detrás
de un biombo. Se le debe instruir de modo que avise en el momento
en que comience a orinar, y así será posible observar
y comprobar los caracteres de la micción, tal como se señalaron,
a propósito de la anamnesis. En general, mientras más
problemas de orden urológico tenga el paciente, menos inhibiciones
tendrá para orinar, siempre que se respeten las condiciones
señaladas más arriba.
El examen al trasluz de la orina demuestra la presencia de turbidez,
reconocible como piuria en algunos casos, hematuria macroscópica,
filamentos en los casos de uretritis crónica, etc. Dada la
gran subjetividad de la sintomatología que afecta a la micción,
la uroscopia, examen simplísimo, puede aclarar una historia
difícil o confirmar algunos hechos.
Tacto Rectal
Forma parte del examen físico general y tiene especial importancia
en patología urogenital y proctológica. Se hace al
final del examen físico, y el médico debe advertir
al paciente en qué consiste y las razones que lo justifican.
Debe ser hecho con la vejiga vacía, pues de lo contrario
se alterará su interpretación. El examen será
efectuado en privado o protegido por un biombo si se hace en la
sala de hospitalización.
Se realiza en alguna de las siguientes posiciones: posición
genupectoral, que es muy cómoda para el examinador, ya que
expone toda la región perianal. De este modo, se pueden reconocer:
eritema y signos de grataje, fisura (grieta en las comisuras anales),
orificios fistulosos perianales, procesos inflamatorios con aumento
de volumen (abscesos perianales), hemorroides externos o prolapsados,
prolapso rectal. Los procesos inflamatorios agudos y las fístulas
pueden contraindicar el tacto rectal, por ser extraordinariamente
doloroso.
En las restantes posiciones, la inspección no puede ser
realizada con la misma facilidad: paciente en decúbito lateral,
con la extremidad superior flectada y la inferior extendida. Paciente
en decúbito dorsal, con ambas extremidades inferiores semiflectadas,
o bien, abrazadas sobre el pecho por el paciente. Esta posición
tiene la ventaja de permitir el tacto bimanual, palpando con el
dedo índice de una mano a través del recto y con la
otra retropúbicamente, lo que permite palpar el lóbulo
medio de la próstata.
El tacto rectal, propiamente tal, se efectúa con el dedo
índice protegido por el guante que debe estar convenientemente
lubricado. Se presiona suavemente sobre el esfínter, de modo
que el paciente se relaje, y suavemente se introduce, reconociendo
si la ampolla rectal está vacía u ocupada (fecalomas),
si existe infiltración de la mucosa rectal o estenosis de
ella (cáncer rectal), cáncer vesical invasor, cáncer
de próstata. Puede también palparse un tumor que protruya
hacia el lumen rectal. Luego se palpa la cara anterior o ventral,
donde puede reconocerse la próstata, que tiene el tamaño
de una castaña, con el vértice que apunta hacia la
uretra. Su consistencia es firme, pero elástica, y su examen
no debe producir dolor. Se la puede delimitar en forma neta y la
mucosa rectal se desliza fácilmente sobre ella. En los casos
de adenoma prostático, su tamaño se valora en cuatro
grados, según la protusión, apreciada en centímetros,
que haga hacia el lumen rectal. Así, un adenoma prostático
grado 1 protruye un centímetro hacia el recto, y un grado
3 lo hace tres centímetros. Debe tenerse presente que el
tacto rectal informa solamente sobre el estado de los lóbulos
laterales de la próstata y no lo hace sobre el lóbulo
medio y el anterior. De modo que con un tacto rectal que demuestra
un próstata aparentemente normal, puede existir un adenoma
obstructivo o un cáncer no detectable.
En los casos de cáncer prostático, la palpación
demuestra que la glándula ha perdido sus límites netos,
tiene una dureza pétrea y respeta la mucosa rectal, salvo
en los casos muy avanzados en que puede estar comprometida. La palpación
de una próstata que ha estado expuesta a procesos de prostatitis
crónica puede ser indiferenciable de la del cáncer
prostático.
En condiciones normales, las vesículas seminales no se palpan,
salvo cuando están en estado de repleción. En los
casos de espermatocistitis puede doler en los ángulos superiores
de la próstata.
El examen prostático produce malestar e incomodidad, pero
no es de suyo doloroso, salvo cuando existen procesos inflamatorios
agudos: prostatitis aguda o abscesos prostáticos. En este
último caso se puede palpar el abombamiento del fondo de
saco rectal, e incluso fluctuación de la próstata
abscedada.
Para terminar este tópico, traemos a reflexión que
el médico será sometido a crítica y juicio
por el paciente de acuerdo a la forma como procedió durante
el examen rectal. Así, se puede crear desconfianza y miedo
si el examen fue brusco e, incluso, rechazar terapéuticas
que, aunque bien indicadas, se identifican con el temor producido
por el tacto rectal. |
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