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Introducción |
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Las malformaciones congénitas del
aparato genitourinario son las más frecuentes en el ser humano.
Si bien se producen durante la vida intrauterina, muchas de ellas
no se expresan hasta la vida adulta o son ignoradas por completo.
Se conoce su existencia cuando por la gravedad o magnitud comprometen
la vida o cuando se complican de infección, litiasis, hematuria
o deterioro de la función renal; esto puede ocurrir en cualquier
etapa de la vida. Muchas de ellas no tienen tratamiento o sólo
puede buscarse el alivio sintomático, pero otras pueden ser
corregidas si se las busca y diagnostica en el período antenatal,
neonatal, en la infancia, juventud y en el adulto. Para ello es fundamental
conocerlas ya que los medios de diagnóstico por imágenes
actuales permiten una exploración precisa en la mayoría
de los casos.
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Agenesia |
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La agenesia renal bilateral es incompatible con
la vida extrauterina. Los riñones aparecen en la 5ª
semana, de modo que su ausencia se debería a una falla ocurrida
a esas alturas del desarrollo. Para Potter se daría en 1
de 4.800 nacidos, para Campbell 1 de 2.500 autopsias con predominio
masculino 3 a 1.
La agenesia unilateral es muy difícil de determinar al ser
perfectamente compatible con la vida (monorreno congénito)
y se debe considerar en el politraumatizado constatando la existencia
de otro riñón antes de efectuar nefrectomía.
Se estima en 1 de cada 1.000 nacimientos y en 1 de cada 1.500 urografías
intravenosas, Lang y Thomson. También hay predominio masculino
2 a 1.
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Anomalías de Posición y Forma |
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Ectopia renal, con posición abdominal baja
permanente, a diferencia de la ptosis que es el descenso renal por
laxitud de su medio de fijación y longitud de su pedículo.
Las posiciones ectópicas ilíaca y pelviana tienen
importancia al detectarse como masa abdominal palpable y por ser
causa de distocia pelviana en la mujer embarazada. Situación
enteramente similar a lo que ocurre luego del trasplante renal.
En algunas raras ocasiones la posición de un riñón
puede ser intratorácico que, siendo normal, es un hallazgo
de radiografía de tórax.
También el esbozo renal y ureteral puede cruzarse de la línea
media durante el desarrollo embriológico, dando lugar a ectopias
renales cruzadas en que el riñón se encuentra en el
lado contralateral, pero el uréter cruza la línea
media y desemboca en el hemitrígono correcto.
Asociado a una ectopia renal cruzada, se pueden dar anomalías
de fusión variadas: en L, en torta, en disco, etc., que no
tienen mayor trascendencia, salvo el hallazgo palpatorio, dilucidado
por los medios de imagen. Una forma especial de fusión es
el riñón en herradura, en que ambos riñones
están unidos por un istmo por delante de la aorta.
La vascularización del riñón en herradura se
hace por múltiples ramas provenientes de la aorta. Hacia
los polos inferiores unidos por el istmo existe un cáliz
supernumerario, a cada lado habitualmente mal drenado por posición
alta de la unión pieloureteral.
Puede complicarse de hidronefrosis, litiasis e infección,
en todas ellas interviene el mal vaciamiento de la pelvis renal.
De no haber complicaciones, no requiere tratamiento. Su frecuencia
sería de 1:5.000 individuos.
Como hallazgo de los medios de imágenes con alguna frecuencia
puede observarse lobulación renal que es un resto del desarrollo,
sin significado; hallazgo de medios de imagen a considerar en el
diagnóstico diferencial de tumor y de pirámide supernumeraria.
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Displasia e Hipoplasia renal |
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En ellas hay una zona renal limitada o difusa de
todo el riñón, en que no se produjo la diferenciación
metanéfrica y persisten estructuras del riñón
primitivo. Su diagnóstico es histológico al encontrar
epitelio columnar y tejido fibromuscular que recuerda al conducto
de Wolf y gran desorden arquitectural. Se produciría por
algún factor que afecta el desarrollo entre la 8ª y
10ª semana y según diferentes autores tendría
un origen vascular o de obstrucción del brote ureteral.
Según sea la gravedad de la malformación puede ser
un riñón aplásico que no es funcionante, por
lo cual si es bilateral, incompatible con la vida. Una forma es
el riñón multicístico (Potter). También
puede adoptar la forma de displasia focal o segmentaria con función
renal de zonas sanas, asociada a trisomía D y E. En los casos
de displasia parcial, generalmente del polo superior, se asocia
siempre a duplicidad ureteral, hecho importante, por ser la enfermedad
local corregible al eliminar el tejido displásico y su vía
urinaria.
La displasia cortical quística (Potter IV) aparece cuando
hay uropatía obstructiva baja, ya en la vida intrauterina:
válvulas uretrales. Se trata de quistes subcapsulares formados
a partir de los espacios de Bowmann, con cavidades renales normales
o dilatadas; se asocia a oligohidramnios. Algunos creen posible
la recuperabilidad en el caso de desobstrucción precoz.
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Riñón Poliquístico Infantil
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El riñón poliquístico infantil
(Potter I) sería un caso de gigantismo tubular conectado a
la vía urinaria; en forma casi constante se asocia a quistes
hepáticos y más infrecuente a quistes del pulmón
y páncreas. Tiene un origen autosómico recesivo. Se
asocia a hipertensión arterial y su evolución es al
deterioro progresivo de la función renal. Tratamiento dirigido
al control de la hipertensión, infección e insuficiencia
renal.
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Riñón Poliquístico del Adulto
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La forma adulta del riñón poliquístico
(Potter III) es una enfermedad autosómica dominante. Habría
una falta de unión entre el metanefros y las yemas ureterales;
también se lo atribuye a una falta de involución de
los nefrones primitivos y formación de quistes. Se asocia a
quistes hepáticos 56%, pancreáticos 10%, bazo, tiroides
y ovario. En un 15% hay aneurismas de las arterias cerebrales. En
un 96% son bilaterales aunque generalmente asimétricos. La
sintomatología más frecuente es el dolor sordo y aumento
de volumen renal; puede acompañarse de hematuria por rotura
quística a la vía urinaria. En un 50% hay hipertensión
arterial y puede presentar infección y litiasis. El curso es
benigno y en general la insuficiencia renal se presenta hacia los
50 años de edad. En casos juveniles hacia los 10 años.
Se puede manifestar asociado a fibrosis hepática portal que
comanda el cuadro.
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Quistes Renales Simples |
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Diferentes son los quistes renales simples o de
retención que se encuentran con frecuencia en el adulto como
hallazgo de medios de imagen. Pueden ser únicos o múltiples,
a veces multiloculados, sin comunicación a la vía
urinaria y sin parénquima renal en los tabiques.
Excepcionalmente dan síntomas como hematuria, dolor o masa
palpable y esto sólo cuando son muy grandes. En la medida
que sean uniloculares y asintomáticos su tratamiento es el
simple control ecográfico. El tratamiento quirúrgico
se indica en aquellos quistes con imagen multilocular sospechosa
de coexistir con carcinoma, y para los muy grandes y sintomáticos,
en que se reseca la calota del quiste. Su crecimiento lento produce
atrofia renal.
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Riñón en Esponja |
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En estos casos lo esencial es la ectasia y dilatación
de los tubos colectores de las pirámides renales, se le conoce
como enfermedad de Cacci-Ricci. Habitualmente se encuentra en adultos
a raíz de una U.I.V, con una imagen característica
en pincel en los cálices, que son quistes y dilataciones
de los túbulos colectores de Bellini próximos al fornix
calciliar. Con frecuencia hay microlitiasis múltiple de calcio
(apatita) que suele desprenderse al cáliz produciendo cólicos
renales a repetición.
A veces se asocia a acidosis tubular leve y también pueden
infectarse. El tratamiento será sintomático por lo
general y quirúrgico en casos muy focalizados de litiasis
o infección.
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Estenosis Pieloureteral- Hidronefrosis |
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Es una malformación relativamente frecuente.
Puede diagnosticarse ya en la vida intrauterina y un cierto número
importante de casos se reconocen en el período neonatal o
en el primer año de vida.
Sin embargo, como muchas otras malformaciones, puede mantenerse
asintomática u oligosintomática y aparecer en cualquier
edad. Es algo más frecuente en hombres que en mujeres y tiene
una predominancia leve por el riñón izquierdo. Entre
un 5% y un 20% puede ser bilateral.
La obstrucción a nivel pieloureteral condiciona una hiperpresión
y dificultad de vaciamiento piélico que se traduce en mayor
o menor dilatación de cálices y pelvis y atrofia del
parénquima renal variable. Las causas pueden agruparse en:
a) Intrínsecas: Derivadas de que el uréter
en su desarrollo pasaría por una fase sólida, con
posterior recanalización, que en este caso sería
fallida. También puede existir una mala arquitectura de
las fibras musculares lisas que tienen una disposición
circular en vez de helicoidal, con lo que la propulsión
del bolo urinario es fallido. Puede haber hipoplasia del músculo
liso y reemplazo por tejido fibroso, con igual falla del peristaltismo.
En algunos casos se puede reconocer un mecanismo valvular por
pliegues e hipertrofia de la mucosa.
b) Extrínsecas: La presencia de vasos aberrantes
o vasos polares que cruzan la unión pieloureteral por detrás
son responsables de una compresión que al igual que las
bandas fibrosas angulan la unión. Pueden sumarse a factores
intrínsecos.
c) Funcionales: Con frecuencia en el acto quirúrgico
y en el estudio patológico no se encuentra una causa que
explique la hidronefrosis. Todo apunta a un factor funcional sin
una base anatómica manifiesta.
La sintomatología difiere según edad: en el lactante
se puede descubrir por la palpación de una masa abdominal.
En niños mayores y adultos por dolor sordo, náuseas
y vómito. Rara vez como cólico nefrítico; en
algunos casos la infección urinaria con o sin fiebre descubre
el cuadro; también puede presentarse hematuria monosintomática.
La litiasis piélica es una asociación frecuente. La
hipertensión arterial es rara.
La exploración pasa hoy día por la ecotomografía
abdominal, por su carácter inocuo y no invasor; en la vida
intrauterina y a partir de la 22ª semana el acierto diagnóstico
es de 95%. La U.I.V. es el examen de elección, que en muchos
casos debe ser complementado con U.P.R., sea por el mal contraste
renal y/o para conocer en detalle la unión pieloureteral
y el uréter en toda su extensión, pues puede asociarse
a patología del uréter y unión uretrovesical.
El tratamiento consiste en extirpar el segmento pieloureteral y
restablecer un buen paso urinario sin hiperpresión. Debe
intentarse aun en casos de función renal de 15% en ese riñón.
Con un buen riñón contralateral y una función
mala, especialmente en personas mayores, la indicación puede
ser nefrectomía.
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Reparación Quirúrgica |
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El resultado de la operación debe ser valorado
al mes con urocultivo, a los tres meses repetido junto a U.I.V.
que valora el pasaje del medio de contraste por la unión
pieloureteral. Debe tenerse presente que las imágenes de
la U.I.V. pueden ser muy parecidas a las preoperatorias y que demoran
entre 1 y 2 años en mejorar. La función renal se puede
valorar con el renograma radioisotópico.
Los criterios de mejoría serán: mejoría de
la función renal, buen vaciamiento piélico, ausencia
de dolor, ausencia de infección. Estos criterios se cumplen
en el 85 a 90% de los casos. El fracaso debe hacer seguir el caso
y plantear una reintervención precoz o nefrectomía.
Debe tenerse presente que hay casos de hidronefrosis intermitente
en que la crisis de dolor orienta a ese diagnóstico. Pueden
hacerse evidentes haciendo U.I.V. con una sobrecarga de agua por
vía intravenosa y uso de diurético.
La existencia de una estenosis infundíbulo caliciliar leve
da hidrocalectasia, con iguales manifestaciones y consecuencias
en forma localizada. El tratamiento puede ser conservador o de resección,
según el caso, del segmento comprometido. La cirugía
conservadora rara vez puede plantearse, dado el carácter
intrarrenal de la lesión.
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Malformaciones Ureterales |
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La duplicidad ureteral incompleta o en Y en autopsias
es de 0,2% la completa y 0,4% la incompleta. En la urografía
intravenosa se encuentra entre un 1 y 3% de los exámenes
urográficos intravenosos. El riñón propiamente
tal es uno solo. El uréter superior drena el cáliz
superior sin que haya una pelvis propiamente tal. El uréter
inferior drena la pelvis a la cual confluyen los cálices
medios e inferiores.
El uréter terminal es normal por lo general, pero puede
tener las mismas anomalías que cualquier uréter. Existe
la posibilidad de reflujo ureteroureteral, es decir de un sistema
al otro, en especial si hubiera infección, que debe ser bien
establecida y tratada. De persistir el problema podría eliminarse
el segmento renoureteral afectado. En la gran mayoría de
los casos esta duplicidad incompleta no representa problema y no
requiere ningún tratamiento.
La duplicidad ureteral completa significa desembocaduras ureterales
en vejiga independientes. En este caso se encuentra que un 50% presenta
reflujo del sistema inferior, con más frecuencia, un 13%
ureterocele. Además puede presentarse estenosis pieloureteral
(sistema inferior) y megauréter sistema superior. El uréter
que drena el sistema superior desemboca en el trígono en
posición más caudal. El uréter que drena el
sistema inferior desemboca en el trígono en posición
más cefálica. Todo ello es producto de la reabsorción
del conducto de Wolff por el alantoides. El tratamiento es el mismo
que cuando cualquiera de las patologías ureterales que veremos
a continuación se presenta en un uréter único.
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Uréter Ectópico |
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El uréter puede desembocar en forma
ectópica en un 7%, ya sea en trígono o cuello vesical,
pero también en uretra posterior, conducto eyaculador y vesícula
seminal y deferente en el hombre y en uretra, vagina, cuello uterino
y útero en la mujer. En todos los casos en que la desembocadura
ureteral es distal al esfínter habrá escape urinario
permanente e independiente de posición y esfuerzos; como no
hay participación del esfínter se trata de una pseudoincontinencia
Ureterocele:
Es una dilatación quística del segmento de uréter
terminal que queda obstruida por un defecto en la reabsorción
de membranas.
Hay formas adultas en las que el ureterocele no produce dilatación
del uréter. En cambio en formas infantiles en que el ureterocele
es de base ancha puede dar lugar a megauréter secundario
e hidronefrosis. Cuando el ureterocele es muy grande puede prolapsarse
al cuello vesical y ser causa de uropatía obstructiva. La
U.I.V. mostrará muy bien el ureterocele con la imagen quística
en cabeza de cobra, característica.
En los casos de ureterocele con duplicidad ureteral e hidronefrosis
puede ser necesaria la nefroureterectomía del segmento enfermo
y reimplante del uréter sano. Los ureteroceles únicos
que se resecan abriéndose por vía endoscópica
son reluyentes, por ello no soy partidario del tratamiento endoscópico
de simple apertura, salvo excepcionalmente, sino del reimplante
ureteral en vejiga.
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Megauréter |
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Debe distinguirse del hidrouréter o uréter
dilatado. Por megauréter se entiende a una dilatación
parcial o total del uréter debida a mal funcionamiento de
su segmento terminal; en él hay una zona que no se relaja
e impide el flujo normal de la orina a la vejiga. El cuadro se debe
a una falla en el desarrollo de las fibras musculares de orientación
longitudinal del uréter terminal, por el contrario el desarrollo
de fibras musculares circulares sería anormal. También
se agrega un aumento del tejido fibroso. En síntesis, se
trata de un segmento del uréter terminal que no conduce las
ondas peristálticas, produciendo ureterectasia por arriba
de ella, con elongación y acodaduras y dolicomegauréter.
El megauréter puede asociarse a estenosis pieloureteral,
reflujo vesicoureteral del lado opuesto, etc.
La sintomatología deriva de la infección urinaria
que complica el cuadro obstructivo. En dos tercios de los casos
se diagnostica en la infancia. Puede ser bilateral 25-30%.
También en adolescente y adulto. Es un número variable,
10-15% es hallazgo de examen en U.I.V. y asintomático.
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Malformaciones Vesicales y Uretrales |
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Son infrecuentes y debe tenerse presente que existe
una variedad amplia que sólo mencionaremos:
Duplicidad vesical, con un uréter en cada vejiga. Tabiques
completos e incompletos. Vejiga en reloj de arena. También
la persistencia del uraco puede dar origen a divertículos,
quiste y fístula de origen uracal. En todos ellos se sitúan
a nivel de la cúpula de la vejiga y llegan al ombligo. Todas
estas anomalías tienen en común la falta de obliteración
del uraco.
Cada 40.000 nacimientos y en proporción de 3 mujeres para
un hombre se presenta la extrofia vesical, en que la vejiga y uretra
están totalmente abiertas y fusionadas con la piel de la
pared abdominal anterior, que compromete también a la pelvis
ósea que presenta falta de fusión del pubis a nivel
de la sínfisis. Puede haber otras malformaciones asociadas
de genitales, imperforación anal, espina bífida y
duplicación uterina. Existe falta de esfínter vesical.
La corrección de esta malformación es un desafío
muy complejo y hay diferentes pasos a cumplir.
La uretra masculina es también asiento de fallas en el desarrollo:
epispadias en que falta el techo de la uretra y tiene un origen
similar a la extrofia vesical, menor en su magnitud.
Hipospadia mucho más frecuente, en la cual la uretra desemboca
en la cara ventral a diferentes niveles: perineal, escrotal,
penescrotal, mesopeneano, siendo las más frecuentes las
subcoronales y del glande. En todas ellas el meato uretral está
insinuado y ciego. El meato hipospádico es estenótico
y entre él y el glande hay una cuerda que dobla el pene con
incurvación ventral. El niño debe orinar sentado en
las formas más acentuadas, por ello es necesaria la corrección
del defecto antes de la edad escolar.
La hipospadia no corregida puede ser causa de infertilidad. El tratamiento
es quirúrgico y busca corregir la incurvación del pene
y llevar la uretra hasta lo más próximo al glande, para
lo cual se usan diferentes técnicas de cirugía plástica
que utilizan piel o mucosas para formar la neouretra. Muchas veces
se requiere de varios tiempos operatorios.
La uretra puede ser asiento de válvulas que son repliegues
semilunares o diafragmáticos que obstruyen el paso de la
orina generando hiperpresión sobre vejiga, uréter
y riñón.
Con frecuencia ignoradas y se complican de infección y grave
daño renal. Hoy día el tratamiento de elección
es la resección endoscópica del velo valvular, debiendo
explorarse la uretra en previsión de otras lesiones.
La existencia de complicaciones como infección y hidroureteronefrosis
implica el tratamiento de estas condiciones, lo que a veces obliga
a derivación urinaria compleja y prolongada para la recuperación
de la función.
La uretra femenina puede ser asiento de múltiples malformaciones
existiendo: divertículos, quistes parauretrales, desembocadura
de uretra y vagina común en un seno urogenital, etc.
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Malformaciones Peneanas |
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De ellas la más frecuente es la fimosis,
definida como la dificultad o imposibilidad de retraer el prepucio
por detrás del glande.
Al nacer, existen adherencias balanoprepuciales que impiden la
retracción del prepucio. En la gran mayoría de los
niños éstas se reabsorben a los 2 años de edad
(90%).
En la pubertad no más de un 1% tiene una verdadera fimosis.
Esta puede ser puntiforme, entonces la micción se hace hacia
una bolsa prepucial que se vacía por un orificio muy fino.
Suele haber episodios inflamatorios y también puede ser causa
de infección urinaria.
La corrección es mediante circuncisión temprana.
También existe una forma anular que no dificulta la micción
pero puede ser asiento de parafimosis, por maniobras de autoexploración
genital del niño, al retraer un anillo fimótico apretado.
Se produce edema que tiende a agravarse y la compresión vascular
puede producir gangrena del glande. En etapa aguda debe reducirse
manualmente el anillo fimótico, lo que generalmente es factible;
en alguna ocasión es necesaria una incisión dorsal,
que permite reducir el prepucio, seguida de circuncisión
mediata.
La corrección de la fimosis anular debe ser hecha en edad
temprana, idealmente alrededor de los cuatro años de edad
y ciertamente antes de la pubertad, para evitar la parafimosis.
El pene puede ser asiento de otras patologías: incurvaciones,
que se perciben en la erección y generan gran angustia. Su
corrección es quirúrgica y postpuberal.
A veces la inserción escrotal es defectuosa y da origen
al pene palmeado o pene oculto. La corrección será
con cirugía plástica del escroto.
Es frecuente la consulta por falta de desarrollo peneano en niños
obesos. Se trata de un exceso de desarrollo del celular subcutáneo
pubiano. El tratamiento será el llevar a su peso normal al
niño y esperar su desarrollo, tranquilizando a los padres.
El micropene es un pene de morfología normal que por falta
de estímulo hormonal se detiene en su desarrollo. El tratamiento
es el estímulo hormonal con testosterona en los primeros
meses de vida por un corto período, lo que da un desarrollo
normal y que permanece.
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Testículo y escroto |
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Anorquia es la ausencia bilateral del testículo,
por algún accidente en el desarrollo, en esos casos existe
deferente y vasos espermáticos. Se estima que ocurre en 1:20.000
individuos. Hay que distinguir del testículo criptorquídico,
intraabdominal y ectópico.
La ausencia de testículo bilateral puede ser por una criptorquidia
por falla del estímulo hormonal; en estos casos se justifica
el estímulo hormonal con gonadotrofinas. El tratamiento debe
hacerse entre 1 y 2 años de edad, si no hay respuesta en
forma rápida 3 ó 4 meses, el tratamiento es quirúrgico.
El testículo se forma en el retroperitoneo próximo
al riñón, desde allí inicia su descenso y sale
del abdomen al escroto a través del conducto inguinal. Al
nacer sólo un 3% de los niños presenta criptorquidia,
cifra que es mayor en el prematuro. Al año de vida un 1%
presenta criptorquidia; y en la edad adulta un 0,7%. Entre la edad
de 1 y 3 años ya no hay descenso testicular, por lo cual
no se justifica esperar más.
La situación del testículo fuera del escroto permanentemente
eleva su temperatura en 2 a 3 grados, lo que significa alterar el
desarrollo de los túbulos seminíferos en el niño,
lo que se constata al microscopio ya a los dos años. A los
cuatro años hay franca disminución en el número
de espermatogonias y luego aparición de fibrosis tubular
y hialinización, hechos irreversibles. Las células
de Leydig en cambio permanecen intactas.
El testículo migra a partir del tercer mes y el gubernaculum
testis parece servir de guía al testículo acortándose
bajo la acción de la testosterona.
Las causas de criptorquidia son múltiples y complejas; entre
ellas mencionaremos: longitud insuficiente de los vasos espermáticos,
anillo inguinal estrecho, antecedentes de criptorquidia familiar,
asociación a malformaciones genitales, tabique anormal en
el ostium escrotal, asociación a hernia inguinal, lo que
ocurre en un tercio de los casos.
Las consecuencias de la criptorquidia apuntan a: alteración
de la fertilidad, repercusión psicológica, torsión
de cordón en la infancia y pérdida del testículo,
malignización del testículo, con frecuencia estimada
entre 35 y 50 veces que en la gónada ortotópica.
La exploración física permite palpar el 90% de los
testículos criptorquídicos a nivel inguinal, próximos
al orificio inguinal externo, o del ostium escrotal. Sólo
un 5 a 10% serían intraabdominales. Gran ayuda son la ecotomografía
y en ocasiones el TAC.
Ectopia testicular es la localización del testículo
en un lugar fuera del camino normal de su descenso. Puede situarse
en forma superficial, pero por arriba y fuera del orificio inguinal
superficial, también en posición perineal, prepubiana,
en el triángulo de Scarpa y región crural y en el
hemiescroto contralateral. Todas regiones accesibles a la exploración
palpatoria.
Tanto las criptorquidias como las ectopias testiculares son de
tratamiento quirúrgico precoz, idealmente desde los 2 años
de edad. En los casos de asociación a hernia inguinal se
efectuará la corrección de ella también. El
descenso del testículo al escroto y su fijación en
él es simple en el 85% de los casos. En otros puede ser muy
complejo y requerir de diferentes maniobras quirúrgicas para
lograr descenderlo. En un 3 a 5% el descenso puede resultar imposible
y por ello es conveniente prevenir a los padres para en caso de
testículo contralateral normal se considere la extirpación.
Diferente a criptorquidia y ectopia es el cuadro de testículo
retráctil o en ascensor, en que la acción poderosa
del cremáster con un gubernaculum laxo permite ascender a
la gónada ocultándose por sobre el escroto. Esto ocurre
como parte del reflejo cremasteriano exagerado que desencadena el
temor, un estímulo sobre el abdomen, el frío y el
llanto. El examen clínico con el niño en reposo será
fundamental para diferenciarlo de criptorquidia. Los testículos
retráctiles son sanos y el peligro está en la torsión
del cordón. El tratamiento es la fijación de la gónada
al fondo escrotal.
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Epidídimo y deferente |
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Puede haber anomalías en el desarrollo de ellos
desde su hipoplasia a agenesia, que darán infertilidad. El
examen clínico acucioso permite sospechar con alta probabilidad
su ocurrencia.
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Escroto
Las anomalías del desarrollo de escroto más frecuentes
son el escroto bífido asociado a hipospadias, la hipoplasia
escrotal, con un escroto liso sin pliegues, asociado a criptorquidia
bilateral y anorquia.
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Otras Patologías Genitales
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Varicocele
Es la dilatación de los plexos venosos pampiniformes del
cordón por encima del testículo. Estas venas drenan
a la vena espermática interna que a la derecha desembocará
en la vena cava y a la izquierda en la vena renal del mismo lado
en ángulo recto.
Las válvulas incompetentes son más frecuentes en
el lado izquierdo, la longitud de la vena es mayor, por lo que el
factor gravedad influye más. Aproximadamente un 10% de los
hombres jóvenes lo presentan y puede producir dolor sordo
en el testículo y cara interna del muslo. La mayor parte
de las veces es asintomático y hallazgo de examen físico.
En los menos casos la consulta es por infertilidad masculina.
Los cordones venosos se hacen aparentes en posición de pie
y con la maniobra de Valsalva. Disminuyen en tamaño en el
decúbito dorsal, pudiendo desaparecer. Se les objetiva también
en la ecotomografía testicular, siendo discutible el significado
de los pequeños varicoceles con Valsalvas.
La aparición de varicocele en un hombre mayor corresponde
a veces a una manifestación tardía de un tumor renal
avanzado que invade la vena renal.
El 70% de los individuos con varicocele presentan una disminución
en el recuento y en la motilidad del espermiograma. En ello influye
la elevación de temperatura del testículo, por una
red vascular que lo aproxima a los 37°C de la sangre y no a
los 34°C necesarios para la espermatogénesis. Sin embargo,
la presencia del varicocele actúa sobre el testículo
contralateral de igual forma, lo que afirma la existencia de factores
humorales mal drenados, en el deterioro de la espermatogénesis
y calidad fecundante del semen. Con frecuencia esto es causa de
infertilidad que puede revertirse con ligadura de las venas espermáticas
internas.
Hidrocele
Es el aumento del líquido vaginal entre las dos hojas de
la membrana vaginal que envuelve al testículo; en ocasiones
puede comprometer a parte del cordón espermático.
En niños suele asociarse a una comunicación pequeña
entre la cavidad vaginal y la cavidad peritoneal a través
de una persistencia del conducto peritoneo vaginal. Entonces el
hidrocele puede ser caprichoso en aparecer y desaparecer. También
se asocia a hernia inguinal congénita.
Se produce hidrocele agudo luego de una lesión local, radioterapia
y epididimitis aguda u orquitis. Puede ser una complicación
de una neoplasia testicular. En este caso hay mayor producción
de líquido vaginal.
En hombres ya en quinta y sexta década de la vida es frecuente
encontrar hidrocele de baja tensión que tiende a progresar
lentamente, puede llegar a tener aspecto quístico y muy tenso
y de gran volumen. Hidrocele idiopático: en que hay producción
normal de líquido y falta en la reabsorción.
El hidrocele habitualmente es indoloro y la causa de consulta es
el aumento de volumen y el peso. Esta masa transilumina al poner
una luz y mirar por un tubo. La ecotomografía da el diagnóstico
en forma muy clara.
Existen hidroceles secundarios a anasarca, hipoproteinemia, insuficiencia
cardíaca no compensada, cirrosis hepática.
Los hidroceles idiopáticos y secundarios a una causa local
se tratan quirúrgicamente realizando la resección
y eversión de la hoja vaginal externa.
Torsión del Cordón Espermático
Es una afección infrecuente que ocurre de preferencia en
adolescentes. Produce la estrangulación del flujo sanguíneo
al testículo y debe ser tratada con urgencia en un plazo
de 4 a 6 horas.
El testículo criptorquídico y el testículo
retráctil son candidatos potenciales a torsión del
cordón. El factor inicial parece ser la contracción
espasmódica del cremáster, que se inserta en forma
oblicua en el cordón. El testículo izquierdo rota
en contra de los punteros del reloj y el derecho a favor de los
punteros de reloj; todo esto mirando al paciente desde los pies.
Muchas torsiones ocurren durante el sueño o en relación
a excitación sexual. Al examen, el testículo aparece
con aumento de volumen, muy sensible, enrojecido y elevado. Se asocia
a gran dolor, náusea y vómito. La elevación
del testículo causa aumento del dolor, a diferencia de lo
que ocurre en las epididimitis donde la suspensión produce
alivio.
El diagnóstico diferencial debe ser hecho rápidamente.
En los casos de epididimitis puede haber secreción uretral
o disuria dolorosa y el antecedente anamnéstico de relación
sexual reciente.
El Eco-Doppler puede ser una ayuda, pero la necesidad de resolver
pronto una emergencia como la torsión del cordón obliga
a tomar decisiones sin esperar este examen.
Más vale operar de más una epididimitis aguda que
dejar pasar la oportunidad de recuperar una torsión del cordón.
El tratamiento es quirúrgico, recordando que puede haber
torsión extravaginal.
Torsión de la Hidátide Pediculada
Es un cuadro similar pero mucho más atenuado. Generalmente
se presenta en niños y puede palparse una formación
esferoide muy dolorosa. La hidátide hace una reacción
inflamatoria aguda y luego va a la necrosis. El tratamiento es quirúrgico,
fundamentalmente para hacer el diagnóstico diferencial con
torsión de cordón y además permite extirpar la
hidátide torcida. En las primeras horas es posible hacer el
diagnóstico clínico y un tratamiento médico.
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