Los lípidos se clasifican en lípidos neutros, que forman
en el agua gotas de grasa y pueden ser transportados en medios acuosos
al agregárseles proteínas, y en lípidos polares que
poseen en su molécula una parte hidrofílica y otra hidrofóbica
y forman así en el agua una doble capa con superficies hidrofílicas
e interior hidrofóbico. Véase tabla 7.
En las preparaciones corrientes los triglicéridos acumulados en
el citoplasma aparecen como espacios circulares ópticamente vacíos
correspondientes a las gotas de grasa extraída en el proceso de
inclusión del tejido. Las gotas pueden ser pequeñas -menores
que el núcleo-, medianas -del tamaño del núcleo o
algo mayores- y grandes, que pueden ocupar todo el citoplasma. En este
caso los núcleos se hallan rechazados y comprimidos. Los ésteres
del colesterol y los lípidos polares, exceptuando los cerebrósidos,
dan al citoplasma un aspecto espumoso. El colesterol (o colesterina) aislado
es extracelular, se presenta en forma de cristales aciculares, no rara
vez rodeados o englobados por célulares gigantes de reacción
a cuerpo extraño. Los lípidos pueden teñirse. Para
ello hay que hacer cortes en congelación, procedimiento en que
los lípidos no son extraídos de los tejidos y, por otra
parte, se usa un colorante liposoluble. Los más corrientes son
el Sudán IV y el Rojo Escarlata. Los ésteres del colesterol
se distinguen del resto de los lípidos porque con luz polarizada
producen las llamadas Cruces de Malta.
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