La necrosis puede definirse como la muerte celular patológica
reconocible por los signos morfológicos de la necrofanerosis. Estos
son: en el citoplasma, hipereosinofilia y pérdida de la estructura
normal; en el núcleo, picnosis, cariolisis o cariorrexis (figura
2.18). La picnosis es la retracción del núcleo con condensación
de la cromatina; la cariolisis, la disolución del núcleo;
la cariorrexis, la fragmentación del núcleo en trozos con
cromatina condensada. Las alteraciones del citoplasma y núcleo
son coexistentes. La picnosis, cariolisis y cariorrexis no constituyen
etapas de la alteración nuclear; representan, aparentemente, formas
distintas de reacción.
|
|
Figura 2.18.
Signos de la necrofanerosis.
A la izquierda, célula normal; a la derecha, cariorrexis
(arriba), picnosis nuclear (al medio) y cariólisis (abajo).
Hipereosinofilia representada por mayor densidad de puntos.
|
En esta definición se destacan dos ideas: por una parte, el carácter
patológico de la necrosis como la manifestación más
grave de enfermedad a nivel celular; por otra, la base morfológica,
dada por los signos de la necrofanerosis, en el reconocimiento de la necrosis.
La primera idea excluye de la necrosis toda muerte celular que no sea
manifestación de enfermedad, es decir la apoptosis que ocurre en
la muerte celular normal en los tejidos lábiles, es decir, en los
que están sometidos normalmente a un recambio de células,
como los eritrocitos, las células epidérmicas, las células
de los epitelios respiratorio y digestivo, etcétera. Se excluye
también la muerte celular dentro del proceso de remodelación
de órganos en desarrollo. No abarca tampoco la muerte celular que
ocurre en el organismo muerto, como fenómeno cadavérico.
No comprende, por último, la muerte de células separadas
del organismo y producida por la acción de líquidos fijadores,
pues dicha muerte no es manifestación de enfermedad.
La segunda idea excluye de la necrosis otras formas de muerte celular
patológica o apoptosis asociada a condiciones patológicas,
que no se manifiestan en los signos de la necrofanerosis, así por
ejemplo, la muerte celular por la que puede producirse una atrofia numérica.
Necrobiosis, necrofanerosis y necrolisis
Desde el momento en que actúa una noxa, se producen en la célula
alteraciones morfológicas y funcionales que durante algún
tiempo son reversibles si cesa la acción nociva. De hecho, a
la microscopía de luz no se conoce ninguna alteración
en la célula aún viva que indique con certeza daño
celular irreversible conducente a necrosis. Con microscopía electrónica
se han descubierto alteraciones que, según lo muestra la llamada
necrosis de reperfusión (véase más adelante), indican
en la célula viva muerte inevitable. Estas lesiones, llamadas
irreversibles, consisten en floculaciones de la matriz de las mitocondrias.
Puede considerarse que la célula muere en el momento en que la
pérdida de funciones vitales es irreversible aunque cese la acción
nociva. Signos de funciones vitales de la célula son: movimientos
celulares (perceptibles con microscopía de contraste de fases),
tinción granular del citoplasma con colorantes vitales sin tinción
del núcleo, respiración celular (manifestada por consumo
de oxígeno) y existencia de un potencial de membrana.
Necrobiosis
Se llama necrobiosis el proceso celular que media entre el momento
en que la célula muere y el momento en que se presenta la necrofanerosis.
Durante este periodo la célula no muestra alteraciones a la microscopía
corriente; con este método de examen la necrobiosis dura 6 a
8 horas. Con el microscopio de fase contrastada pueden verse algunas
alteraciones nucleares a las 2 horas de ocurrida la muerte celular y
a las 4 horas: núcleo granular y núcleo con halo brillante,
respectivamente. Con el microscopio electrónico se encuentran
las primeras alteraciones consideradas irreversibles entre 1 y 2 horas
después de iniciada una isquemia experimental en el epitelio
hepático y tubular renal y de 20 a 60 minutos en las fibras miocárdicas,
esto es muy poco antes del momento en que parece ocurrir la muerte celular
(60 minutos en los epitelios indicados, 30 minutos en fibras miocárdicas).
El concepto de necrobiosis, sin embargo, nació del estudio con
microscopía de luz.
Necrofanerosis
Los signos de necrofanerosis están definidos claramente con
microscopía de luz, se presentan, por lo general, no antes de
6 horas de ocurrida la muerte celular y pueden persistir días
o semanas e incluso meses. En neuronas necróticas del hombre
los primeros signos de la fase siguiente, la necrolisis, se observan
en el núcleo a los 5 días de ocurrida la muerte celular.
Necrolisis
Se denomina necrolisis el proceso de desintegración y disolución
de la célula necrótica, proceso que en ciertas condiciones
se acompaña de infiltración de células polinucleares
y remoción de los detritus celulares por macrófagos.
Nomenclatura
El concepto de necrosis se refiere esencialmente a células, la
destrucción de la sustancia intercelular en la necrosis es un hecho
secundario e inconstante y que se observa bajo ciertas condiciones. En
todo caso, no es uniforme la terminología usada para designar la
destrucción del material intercelular que puede acompañar
a una necrosis. Algunos autores hablan por ejemplo de "necrosis de fibras
colágenas", uso que aquí no se comparte.
El término de necrosis comprende la muerte celular y el proceso
que le sigue, es decir, la necrobiosis, necrofanerosis y necrolisis (figura
2.19). Los autores angloamericanos lo usan de manera algo diferente: el
momento en que ocurre daño celular irreversible lo llaman "punto
sin retorno" ("point of no return"), a la muerte celular que se produce
en ese momento, la llaman simplemente "muerte celular", y denominan "necrosis"
el proceso que sigue a la muerte celular refiriéndose en particular
a la necrofanerosis.
|
Figura 2.19.
Esquema de las fases de la necrosis.
|
Genesis Causal
Los factores que pueden producir necrosis son de naturaleza tan variada
como los indicados en la etiología general. Dos son sin embargo
los que se han usado más frecuentemente para comprender la patogenia
de la necrosis: la hipoxia por isquemia y ciertos factores tóxicos
como las radiaciones ionizantes.
Patogenia
a. Necrosis por hipoxia
En este modelo la alteración primaria en la célula
se produce en las mitocondrias, en las que se frena la oxidación
fosforilativa y disminuye así la producción de ATP.
El descenso de ATP tiene fundamentalmente dos consecuencias: puesta
en marcha de la glicolisis (anaeróbica) y detención
de los procesos activos que requieren
ATP. La glicolisis lleva a un rápido consumo del glicógeno,
acumulación del ácido láctico y descenso del
pH, al que se atribuye la condensación de la cromatina nuclear.
Los procesos activos que se detienen son tres: bomba de sodio, agregación
de los polirribosomas junto a la membrana del retículo endoplasmático
y captación de calcio en las mitocondrias. Así, se producen
entrada de agua y sodio a la célula y dispersión de
los polirribosomas. La célula y las mitocondrias aparecen hinchadas;
los gránulos mitocondriales desaparecen; el retículo
endoplasmático se halla dilatado; los polirribosomas dispersos.
Estas alteraciones son reversibles y se desarrollan en los primeros
15 minutos de hipoxia. Alrededor de los 20 minutos se producen cristolisis
y aparecen floculaciones de la matriz de las mitocondrias, que indican
aparentemente lesión irreversible de la célula. Estas
floculaciones parecen corresponder a proteínas desnaturalizadas.
No está aclarado exactamente por qué se produce esta
alteración.
Normalmente la concentración de iones de calcio en el líquido
extracelular es muy superior a la concentración de ese elemento
en el citosol: los valores respectivos son del orden de 10-3 y 10-7M.
En condiciones normales, las mitocondrias captan iones de calcio cuando
tiende a subir la concentración en el citosol. La concentración
dentro de las mitocondrias es del orden de 10-5M. Cuando el descenso
de ATP es acentuado, se produce salida de iones de calcio de las mitocondrias
al citosol, lo que activa las fosfolipasas y proteasas, que actúan
entonces sobre la membrana celular, el citoesqueleto y la membrana
de los organelos, y producen rupturas de membranas y filamentos. Las
rupturas de la membrana celular indican también daño
celular irreversible y permiten gran aflujo de iones de calcio al
citosol, la lesión de la membrana mitocondrial hace que el
flujo de iones de calcio inunde también las mitocondrias: así
se produce la mineralización mitocondrial. La lesión
de la membrana lisosomal permite la salida de las enzimas lisosomales,
con lo que se produce la autodigestión (autólisis).
b. Necrosis por radiación
En este modelo la noxa corresponde a radicales libres producidos
por la radiación ionizante. La lesión primaria se produce
en la membrana celular. Las alteraciones que siguen son similares
a las de las últimas fases de la necrosis por hipoxia, fases
en que la entrada de iones de calcio al citosol, la activación
de las enzimas y las lesiones de las membranas celulares desempeñan
el papel principal. Las lesiones mitocondriales se producen tardíamente
en comparación con la necrosis por hipoxia. Entre otras noxas
que actúan de manera similar a las radiaciones ionizantes,
está el tetracloruro de carbono.
c. Necrosis de reperfusión
En este modelo estudiado en la isquemia experimental del miocardio
y de particular importancia en la patología humana, a diferencia
de la necrosis por hipoxia, la necrosis se produce no durante isquemia,
sino cuando se la interrumpe reperfundiendo sangre. Se trata de una
isquemia prolongada, pero transitoria, de unos 20 minutos, es decir,
que alcanza a producir floculaciones de la matriz mitocondrial. Al
reperfundir el tejido en este estado, el fenómeno se manifiesta
característicamente por bandas de contracción que comprenden
varios sarcómeros y que se alternan con bandas de rarefacción,
en las que las miofibrillas aparecen rotas y las mitocondrias desplazadas
en acúmulos (figura 2.20). En las bandas de contracción,
en cambio, el material filamentoso aparece disgregado y aglutinado.
Se cree que al final del período de isquemia se producen alteraciones
celulares tales que hacen reaccionar anormalmente a la célula
frente a la reperfusión con la producción de altas cantidades
de radicales libres, que, en comparación con la necrosis hipóxica
por isquemia mantenida, alteran precozmente la membrana celular y
el citoesqueleto con rápida mineralización de las mitocondrias.
En este modelo se superponen así los mecanismos de los dos
modelos antes descritos.
|
Figura 2.20.
Necrosis de reperfusión de fibras miocárdicas.
Partes de dos fibras separadas por un disco intercalar; a la
derecha, fibra normal; a la izquierda, fibra con bandas de contracción,
entre éstas rarefacción de filamentos, mitocondrias
mineralizadas y desplazadas en acúmulos.
|
Formas de Necrosis
Clásicamente se distinguen dos formas principales: la necrosis
de coagulación y la necrosis de colicuación. Los signos
que permiten distinguir estas formas son esencialmente macroscópicos
y se observan, por lo tanto, cuando la necrosis alcanza dimensiones
adecuadas, como los infartos.
a. Necrosis de coagulación
La zona necrótica, cuando ya hay necrofanerosis, aparece tumefacta,
amarillenta; en los infartos, carece de la estructura normal. Si la
necrosis es extensa, aunque no corresponda a un infarto, puede haber
destrucción de la trama fibrilar, como sucede en las necrosis
masivas del hígado.
Al microscopio, las células comprometidas presentan los signos
típicos de la necrofanerosis (figura 2.21). En general, se
reconoce la estructura del órgano por las siluetas de las células
y fibras. Se habla de una necrosis estructurada.
|
Figura 2.21.
Aspecto microscópico de la necrosis de coagulación
en miocardio. A la derecha, fibras con signos de necrofanerosis:
picnosis nuclear, hipereosinofilia del citoplasma, pérdida
de la estiración normal.
|
El proceso necrolítico se desarrolla lentamente; si la necrosis
es extensa, se produce un proceso reparativo que deja una cicatriz.
Si es pequeña y afecta sólo el parénquima, se
colapsa la trama fribilar.
La necrosis de coagulación tiene dos variantes: la necrosis
de caseificación y la necrosis cérea o de Zenker.
Necrosis de caseificación. Ella presenta una superficie de
corte homogénea, blanquecino amarillenta, con un aspecto similar
al queso (mantecoso). Ocurre con mayor frecuencia en la tuberculosis,
en la forma exudativo-caseosa, en la que primero se produce un exudado,
que se caseifica junto con el tejido inflamado (figura 2.22).
|
Figura 2.22.
Necrosis de caseificación en pulmón.
A la izquierda alvéolo con exudado antes de la caseificación.
Esta afecta tanto al exudado como las paredes alveolares (indicado
por lineas). A la derecha, zona caseificada.
|
En la necrosis de caseificación constantemente se necrosan
las células y se destruye la trama fribilar; las más
resistentes a esta destrucción son las fibras elásticas.
Al microscopio el tejido comprometido aparece como una masa eosinófila
en la que, en general, las siluetas de las estructuras son confusas;
se habla por eso de una "necrosis no estructurada". Los caracteres
particulares de la necrosis de caseificación se deben a ciertas
substancias grasas, que en el bacilo tuberculoso corresponden a lipopolisacáridos.
La caseificación puede producirse también en otras inflamaciones,
como en la sífilis y en el carcinoma de células renales,
llamado también hipernefroma, que contiene substancias grasas.
Necrosis cérea. Zenker describió esta lesión
en los músculos abdominales en la fiebre tifoidea, en la que
se presenta especialmente en las porciones inferiores de los músculos
rectos. El aspecto macroscópico es similar al de la cera: focos
amarillo-verdosos, opacos, homogéneos. La lesión puede
verse en la musculatura esquelética en otras enfermedades infecciosas.
Al microscopio el sarcoplasma muestra una fuerte hipereosinofilia
(figura 2.23). Por extensión se ha descrito una necrosis cérea
en el miocardio, donde las fibras comprometidas presentan un aspecto
microscópico similar. En ocasiones las masas hipereosinófilas
del sarcoplasma no se acompañan de alteraciones del núcleo;
en estos casos no se trata de una necrosis; se habla entonces de coagulación
del sarcoplasma o degeneración cérea o de Zenker.
|
Figura 2.23.
Necrosis y degeneración cérea de fibras musculares
esqueléticas. Arriba, una fibra normal; debajo de ella,
una con necrosis cérea; abajo, dos fibras con degeneración
cérea (sin alteraciones nucleares)
|
b. Necrosis de colicuación
La necrosis de colicuación se presenta casi exclusivamente
en el sistema nervioso central, con mayor frecuencia en infartos cerebrales,
en que es más manifiesta en la substancia blanca; puede ocurrir
también en el páncreas como componente de pancreatitis
necróticas. Está condicionada en particular por características
del tejido comprometido. No se trata de una forma esencialmente diferente
de la necrosis de coagulación, se trata, en particular, de
una necrosis con rápida e intensa necrolisis producida por
una intensa actividad enzimática. Ello se manifiesta macroscópicamente
en la transformación de la zona comprometida en una cavidad,
en cuyos bordes se aprecia al microscopio una intensa actividad macrofágica.
En el cerebro las zonas de cavitación comienzan a producirse
en la tercera semana de evolución de un infarto; los macrófagos,
que corresponden a la microglía, aparecen a los cuatro días
de evolución. Ellos contienen material graso producto de la
desintegración de la mielina, en forma de gotitas y gránulos,
por lo que esos macrófagos reciben el nombre de "corpúsculos
gránulo-adiposos"; suelen contener además, hemosiderina,
producto de la degradación de la hemoglobina fagocitada (figura
2.24).
|
Figura 2.24.
Corpúsculo gránulo-adiposo en encefalomalacia: microglía
con gotitas de material graso y partículas de hemosiderina
en el citoplasma.
|
Los caracteres particulares de la necrosis de colicuación
en el tejido nervioso, especialmente de la substancia blanca, se explican
por su pobre contenido en proteínas y su alto contenido en
substancias grasas. Se sabe que en la necrosis de coagulación
el pH, después de descender bajo lo normal, sube y se mantiene
sobre siete durante la necrofanerosis; debido a esta alcalinidad la
actividad enzimática es baja, y el material necrótico,
de alto contenido proteico, es lisado lentamente. En la necrosis de
colicuación el pH se mantiene ácido, lo que favorece
la actividad enzimática. El medio ácido se explica por
la liberación de ácidos grasos producidos en la desintegración
de la mielina. En el páncreas, la necrosis de colicuación
se explica por el alto contenido en enzimas proteolíticas de
éste órgano.
El páncreas también tiene un alto contenido en lipasas,
que, al necrosarse las células, se liberan y actúan
sobre el tejido adiposo vecino: se produce una adiponecrosis (mal
llamada "necrosis grasa"). En la adiponecrosis se lisan los triglicéridos
y se liberan grandes cantidades de ácidos grasos; se producen
así jabones de calcio lo que da un aspecto finamente granular
basófilo a los focos necróticos.
En algunos procesos séptico-toxémicos, en algunos casos
de hipoxia y en algunas inflamaciones, se producen en el miocardio
focos microscópicos de miolisis del parénquima con conservación
de la membrana basal de las fibras comprometidas (figura 2.25). El
intersticio tampoco se compromete. La lesión no se da a nivel
macroscópico. Se trata también de una necrosis con rápida
necrolisis; los mecanismos patogenéticos no se conocen.
|
Figura 2.25.
Miólisis en miocardiocitos. Las fibrs comprometidas, en su
mayor parte con citoplasma de aspecto vacío, con escaso material
granular y filamentoso.
|
|