Clínicamente se distinguen la inflamación aguda y la crónica.
La inflamación aguda suele ser de iniciación brusca, con
síntomas muy manifiestos y de corta duración. La inflamación
crónica suele ser de instalación paulatina, de síntomas
apagados y de larga duración. Las inflamaciones agudas son en general
de predominio alterativo o, más frecuentemente, exudativo; las
inflamaciones crónicas siempre tienen un componente productivo
importante. Existen, sin embargo, inflamaciones agudas predominantemente
productivas linfoplasmocitarias, como algunas miocarditis y neumonitis
intersticiales causadas por virus.
También hay inflamaciones crónicas con abundante exudado,
como son las supuraciones crónicas, entre ellas las osteomielitis
crónicas purulentas y los abscesos. La salpingtis y la pielonefritis
crónicas suelen tener abundante exudado leucocitario.
Desde el punto de vista morfológico se distinguen tres formas
según el componente predominante: la inflamación alterativa,
la exudativa y la productiva (o proliferativa).
a. Inflamaciones alterativas
Las inflamaciones con predominio del componente alterativo son relativamente
poco frecuentes. Ejemplos de esta forma son inflamaciones necrotizantes
en que el componente principal está representado por necrosis,
como algunas bronquiolitis, miocarditis, angeítis y encefalitis.
No necesariamente el componente alterativo corresponde a una necrosis,
así por ejemplo, en la miocarditis diftérica pueden predominar,
en la primera semana de evolución, alteraciones paratróficas
de las fibras miocárdicas (figura 4.3).
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| Figura 4.3. Inflamación alterativa.
Miocarditis diftérica: predominio del componente alterativo
en forma de necrosis y tumefacción de fibras micárdicas.
(Modificado de Hamperl, 1966) |
Las inflamaciones alterativas suelen darse en órganos que tienen
relativamente poco estroma, como el encéfalo, corazón
e hígado. Cuando la alteración se da principalmente en
el parénquima, algunos autores hablan de inflamación parenquimatosa.
b. Inflamaciones exudativas
Estas son frecuentes. Según el carácter del exudado,
pueden distinguirse dos grupos: inflamaciones catarrales, con un exudado
líquido, que fluye, e inflamaciones fibrinosas, en que el exudado
está dado principalmente por un material semisólido, que
no fluye. Catarral viene del verbo griego katarrein, que significa fluir,
caer (referido a un líquido). Dicho adjetivo suele tener un uso
más limitado referido a ciertas inflamaciones catarrales (con
células descamadas o con mucus).
1. Inflamaciones catarrales
Según cuál sea el componente predominante del exudado
catarral, se distinguen la inflamación serosa, leucocitaria
(o purulenta) y la hemorrágica.
La inflamación serosa está representada por un edema
inflamatorio, constituido por plasma a veces con algo de fibrina y
escasos leucocitos (figura 4.4). Estas pocas células son las
que sirven para distinguir histológicamente el edema inflamatorio
del edema; en la clínica ello suele hacerse midiendo la densidad
del líquido, que traduce la cuantía de las proteínas.
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| Figura 4.4.
Inflamación serosa en pulmón: alvéolo
con abundante plasma y escasos leucocitos.
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En la inflamación leucocitaria predominan las células
leucocitarias en el exudado. Ellas tienden a sufrir rápidamente
alteraciones degenerativas: tumefacción del citoplasma, vacuolización,
degeneración grasosa, necrosis (figura 4.5).
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Figura 4.5.
Transformación de un leucocito en piocito: progresiva vacuolización
y tumefacción del citoplasma hasta la necrosis con carriorrexis.
(Modificado por Hamperl, 1966) |
Los leucocitos así alterados se denominan piocitos. Como estas
alteraciones ocurren rápidamente debido a que los leucocitos
extravasados tienen una vida corta, de regla se encuentran piocitos
en una inflamación leucocitaria y, por lo tanto, se habla indistintamente
de inflamación leucocitaria e inflamación purulenta
(figura 4.6).
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| Figura 4.6.
Inflamación exudativa predominantemente leucocitaria
en pulmón. (Modificado de Hamperl, 1966)
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Macroscópicamente pueden manifestarse en la presencia de pus,
constituido por piocitos y detritus celulares. El pus es un exudado
líquido amarillento, pero de viscocidad y coloración
variables. Puede ser muy fluido hasta cremoso filante y puede tener
tonalidades blanquecina, verdosa y grisácea. Puede ser desde
casi inodoro hasta fétido. La formación de pus es casi
característica de las inflamaciones producidas por gérmenes
piógenos. Un ejemplo de inflamación purulenta no producida
por gérmenes piógenos es la que causa el aceite de trementina.
En las inflamaciones leucocitarias hay tres formas particulares:
el flegmón, el foco supurado y el absceso. El flegmón
es una inflamación leucocitaria o serosa, infiltrativa, sin
delimitación neta. El exudado se encuentra en el intersticio
(figura 4.7).
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| Figura 4.7.
Flegmón de la musculatura esquelética: inflamación
leucocitaria infiltrativa (Modificado de Hamperl, 1966)
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Es una inflamación particularmente grave. El foco supurado
es una colección de pus en una cavidad labrada en el espesor
de un órgano (figura 4.8).
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| Figura 4.8.
Foco supurado en miocardio. Colección de piocitos en
cavidad labrada por necrosis y lisis del tejido, frecuentemente
con colonias bacterianas visibles (en negro). (Modificado de
Hamperl, 1966)
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La cavidad se forma por necrosis con rápida colicuación.
La necrosis es producida principalmente por la acción de gérmenes
piógenos y la colicuación, por enzimas proteolíticas
liberadas por los piocitos. El foco supurado suele tener alrededor
exudado fibrinoso. La persistencia de un foco supurado lleva a la
formación de un absceso, que consiste en un foco supurado delimitado
por tejido granulatorio (figura 4.9).
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| Figura 4.9.
Absceso. Al centro, necrosis y piocitos. Periferia con membrana
piógena (fibrina y polimorfonucleares neutrófilos)
y banda de fibroblastos y colágeno.
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Este tejido granulatorio tiene al comienzo abundantes leucocitos y
fibrina y entonces se habla de membrana piógena. Con el tiempo
se transforma en una cápsula fibrosa.
Las inflamaciones hemorrágicas contienen abundantes eritrocitos,
se distinguen de una hemorragia por contener otras células
exudadas en mayor proporción que la sangre. Estas inflamaciones
traducen una lesión endotelial acentuada.
Al exudado pueden agregarse otros elementos que no provienen de la
sangre sino de los tejidos afectados. Ellos son el mucus y células
descamadas (epiteliales o de los senos linfáticos). El mucus
suele ser abundante en las inflamaciones del tracto respiratorio,
en que por la irritación inflamatoria se produce una hipersecreción
mucosa e incluso hiperplasia de células mucosas. El mucus abundante
se ve especialmente en inflamaciones serosas o purulentas (seromucosas,
mucopurulentas, respectivamente), células descamadas abundantes
se observan en inflamaciones serosas (inflamación catarral
descamativa).
2. Inflamaciones fibrinosas
La fibrina predomina típicamente en una fase de la neumonía
neumocócica (figura 4.10), se la encuentra con frecuencia en
inflamaciones de superficies serosas (pleuritis, pericarditis fibrinosas)
o mucosas (figura 4.11). En los espacios alveolares aparece a ojo
desnudo como gránulos gris amarillentos que rellenan los alvéolos;
en las superficies, como filamentos o grumos blanquecino-amarillentos
friables o como una lámina friable (pseudomembrana).
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Figura 4.10.
Inflamación exudativa predominantemente fibrinosa en
pulmón: alvéolo relleno con fibrina en forma de
material filamentoso. (Modificado de Hamperl, 1966)
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Figura 4.11.
Inflamación fibrinosa en pericardio. La fibrina aparece
como grumos eosinófilos (capa superior). hacia abajo,
subserosa y miocardio. (Modificado de Hamperl, 1966)
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c. Inflamaciones productivas
El predominio del componente productivo puede manifestarse principalmente
como un infiltrado de linfocitos, plasmocitos, histiocitos o mezclas
de estos elementos (figura 4.12); como una proliferación acentuada
de fibroblastos con tendencia a la fibrosis (inflamaciones esclerosantes),
como una inflamación con tejido granulatorio (inflamación
granulante) o como una inflamación con granulomas (inflamación
granulomatosa).
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| Figura 4.12.
Inflamación predominantemente productiva linfoplasmocitaria
de la trompa de Fallopio. (Modificado de Hamperl, 1966)
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