La inflamación puede curar con restitución ad integrum (restitución del estado normal). Para ello se requiere:

a) la eliminación del agente causal,
b)
la reabsorción total del exudado y
c)
la regeneración de los tejidos destruidos.

Si no se dan estas condiciones, no se produce la curación completa. Así, si no se elimina el agente causal, la inflamación se convierte en crónica. Ejemplos son las supuraciones crónicas y en particular el absceso. Si no se elimina el exudado, se produce organización. Esto vale especialmente para la fibrina. En ciertos casos de neumonía fibrinosa, falla el proceso de fibrinolisis, el exudado alveolar se organiza, lo que se manifiesta macroscópicamente en una carnificación pulmonar. Esta condición se denomina también neumonía crónica o neumonía en organización. Por último, puede fallar la regeneración sea por la cantidad o por la calidad de los tejidos destruidos. En este caso se produce un proceso reparativo que termina con una cicatriz.