Ella se parece, en su primera fase, a la curación de las heridas de tejidos blandos por segunda intención, con la diferencia de que el tejido granulatorio formado en esa fase, en lugar de dar origen a una cicatriz, se transforma en tejido óseo similar al normal.

Producida la fractura, se forma entre los cabos óseos un hematoma, con fibrina y tejido necrótico, que hacia el fin de la primera semana comienzan a ser reabsorbidos y organizados por tejido granulatorio, el cual constituye el primer puente de unión entre los cabos: callo fibroso. En el periostio el tejido proliferado también forma un manguito de unión, el callo externo, que es muy celular, puede contener islotes de cartílago y se transforma en tejido óseo antes que el callo interno. En las zonas intracapsulares de los huesos largos, donde no hay periostio, las fracturas curan principalmente a través de la formación del callo fibroso (interno); en la diáfisis, por el contrario, a través del callo externo (figura 5.5). En el hombre, la formación de cartílago en este callo es relativamente escasa. La transformación de los callos fibroso y cartilaginoso en tejido óseo se realiza en forma similar al proceso normal de osificación; en el callo fibroso siempre es de tipo desmal. El primer callo óseo que se forma se llama callo óseo temporal, que se va remodelando con el tiempo por reabsorción y neoformación de tejido óseo a medida que la parte afectada se va movilizando normalmente.

Figura 5.5.

Curación de las fracturas. A la izquierda, callo fibroso: tejido granulatorio, sangre (puntos negros) y material necrótico (óvalos negros). A la derecha, callo óseo (interno) y cartilaginoso (externo), ambos transitorios. (Modificado).