| |
La experiencia de la
hospitalización produce en el niño gran ansiedad,
angustia y sufrimiento. Su inmadurez y limitada capacidad de adaptación
al ambiente hospitalario, lo pone en franca desventaja frente al
paciente adulto. Para él, desaparecen momentáneamente
la casa, la escuela, los hermanos, los amigos. Se interrumpen actividades
usuales como el juego, el estudio y el descanso.
En el nuevo ambiente, el niño(a) se ve obligado a asimilar
múltiples cambios. Tiene que interactuar con muchas personas
a quienes no conoce. Entre ellos, los profesionales de la salud,
quienes usan a veces un lenguaje técnico difícil de
comprender, examinan su cuerpo y lo someten a diversas intervenciones,
con frecuencia dolorosas.
Las variables que influyen en el modo en que el niño percibe
los factores estresantes y que determinan su respuesta son:
- Edad, sexo y desarrollo cognitivo
- Diagnóstico médico
- Duración de la hospitalización
- Experiencias previas con procedimientos médicos y
el hospital
- Naturaleza y tiempo de la permanencia para la hospitalización
- Preparación psicológica pre hospitalaria
- Habilidad de los padres de contención y apoyo para
el niño
Se han identificado seis momentos especialmente
críticos en la experiencia hospitalaria:
1. Al Ingreso
2. Período previo a una extracción de sangre
3. La tarde anterior al día de la operación
4. Antes de los medicamentos preoperatorios
5. Antes del traslado a la sala de operaciones
6. Al regreso de la sala de recuperación
Existen una gran variedad de manifestaciones, como consecuencia
del impacto sicológico de la hospitalización:
1. Problemas de alimentación.
2. Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas o
fobias a la oscuridad
3. Enuresis o encopresis
4. Regresión a niveles de comportamiento más primitivo
y etapas ya superadas del desarrollo y del aprendizaje
5. Depresión, inquietud y ansiedad
6. Terror a los hospitales, personal de la salud, agujas, procedimientos
médicos, etc.
7. Miedo a la muerte o a la mutilación (incluyendo la castración)
8. Obsesión hipocondríaca, alucinaciones, síntomas
histéricos, etc.
Entre el 20 y 60 por ciento de los niños
experimentan dificultades emocionales que pueden durar días
o meses.
En los niños de menos de seis años las reacciones
son más graves.
La hospitalización del niño también repercute
en los familiares. Los padres (y otros familiares) pueden volverse
sobre protectores, demasiado indulgentes o, por el contrario, demasiado
exigentes y restrictivos. Se producen alteraciones en las conductas
de los padres y en sus expectativas sobre la atención del
niño en el hospital lo que a veces tensiona la relación
con el equipo de salud. Es importante ser paciente y tolerante y
dedicar suficiente tiempo a escuchar sus requerimientos y a explicar
con detalle a la familia lo que ocurre con el niño.
¿Cómo disminuir el impacto de la hospitalización
en los niños de acuerdo a su momento de desarrollo y sus
familias?
La necesidad de preparación psicológica de los niños
hospitalizados ha sido asumida en la práctica clínica
desde hace varias décadas. Estas actividades pretenden disminuir
el grado o duración de exposición al estrés
y aumentar las habilidades de los pacientes y sus padres para afrontar
dicha experiencia.
Actividades que aumentan las habilidades para afrontar la hospitalización:
1. Fomentar la visita y permanencia de padres
y hermanos, en la habitación con el paciente y disponer
de las veinticuatro horas para visitarlo.
2. Preparar emocionalmente a los niños y sus padres, en
el hospital para cirugía y procedimientos médicos.
3. Destinar tiempo profesional para lograr la mejor adaptación
posible a través del juego y la conversación con
los niños según su edad.
4. Educar a los padres sobre la enfermedad y el cuidado del niño.
5. Incorporar a los padres en la toma de decisiones.
6. Estimular el uso de objetos y juegos que permitan la expresión
de los sentimientos y emociones del niño (juguetes, libros,
rompecabezas, etc.)
El entorno físico es otro elemento que influye en la adaptación
satisfactoria del paciente y su familia. Estos espacios deben ser
variados a nivel sensorial, estimulando el interés visual
(posters, dibujos de niños, figuras infantiles, etc.), el
auditivo (música, risas y voces de niños, etc.) y
el interés táctil (diferentes materiales como madera,
plasticina, etc.)
Una parte fundamental del apoyo es el juego en sus diferentes formas,
y todos los niños deben tener la oportunidad de realizar
actividades lúdicas dentro del hospital.
En la práctica hospitalaria, aunque se usan de forma simultánea,
se distinguen tres funciones de las actividades lúdicas:
- Juego como recreación: sirve al niño(a) como
entretenimiento o diversión durante aquellos períodos
de tiempo en los que no hace nada, o casi nada, mientras permanece
en el hospital.
- Juego como educación: proporciona al niño(a)
estímulos que le favorecen un adecuado desarrollo.
- Juego como terapia: sirve al niño(a) para expresar
miedos, ansiedades y preocupaciones sobre lo que ocurre durante
su estancia en el hospital.
En general, el proceso de apoyo a los niños debe incluir
los siguientes componentes:
1. Proporcionar información (veraz y completa).
2. Estimular la expresión emocional (juego y objetos de
transición).
3. Establecer relaciones de confianza entre el niño y el
personal del hospital (de vital importancia es la honestidad,
nunca mentir ni lesionar la autoestima del niño).
4. Suministrar información a los padres y mantener siempre
abiertas las vías de comunicación.
5. Proporcionar estrategias de preparación del niño
y los padres (visitas al hospital previo al ingreso, juego médico,
juego terapéutico, películas o videos, folletos
informativos, etc.)
La educación del niño hospitalizado
Un esfuerzo más reciente ha sido la creación
de las “Escuelas Intrahospitalarias” en que se atienden
niños que padecen diversos trastornos físicos o enfermedades,
que los obliga a permanecer en el hospital o a aquellos que por
su condición física no pueden asistir a un establecimiento
habitualmente después de ser dados de alta.
Estas escuelas poseen determinadas características: debe
ser un espacio abierto y flexible y seguro.
La actividad educativa se lleva a cabo de varias maneras: la asistencia
a la escuela por parte del alumno, desde su casa o habitación
siempre que éste se encuentre en condiciones físicas
para desplazarse; o, bien, en su propia habitación, cuando
su estado de salud lo aconseje.
Conclusiones
El reconocimiento de las causas de estrés
psicológico, es extremadamente importante en el cuidado del
niño. Si bien la enfermedad puede ser de índole temporal,
una reacción emocional adversa puede ser sumamente prolongada.
Es responsabilidad de los médicos y personal de enfermería,
hacer el mayor esfuerzo para brindar una atención pediátrica
humanizada y comprensiva. Los hospitales que estén provistos
de una unidad de Pediatría, deben establecer un ambiente
físico seguro y apropiado para favorecer el bienestar anímico
de los pacientes, ofrecer comodidades a las familias y proveer áreas
destinadas para el crecimiento y desarrollo físico y emocional,
así como brindar oportunidades de juego y educación
para los niños hospitalizados. |
|