• Existe una proporción baja de pacientes pediátricos que luego de una cirugía requieren ser hospitalizados: recién nacidos, pacientes con morbilidad asociada, grandes cirugías, o pacientes con complicaciones en el intra y postoperatorio.
  • La evaluación y manejo eficiente del dolor postoperatorio es un aspecto fundamental en todas las edades pediátricas.
  • En el recién nacido se recomienda independiente del tipo de cirugía mantenerlo hospitalizado 18-24 horas por el riesgo de apneas.
  • Las complicaciones más frecuentes en el post operatorio son nauseas, vómitos, dolor, más raramente apneas y obstrucción de vía aérea.
  • En cirugías menores la realimentación debe ser precoz iniciándose en la sala de recuperación.
 
Bibliografía
     
 

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  Evaluación  
  Cuidados posoperatorios de las Cirugías más frecuentes  
     
     

 

 
 

Si bien más del 70% de la intervenciones quirúrgicas en niños se realiza en forma ambulatoria, hay un número importante de pacientes que requieren ser hospitalizados para su manejo post operatorio.
Los pacientes pediátricos que se hospitalizan después de una cirugía lo hacen generalmente por:

  • Presentar co morbilidad asociada (Pacientes con cardiopatías, daño neurológico, prematurez, etc).
  • Haber sido sometidos a cirugías que pueden afectar significativamente la reserva funcional (necesidad de ventilación mecánica post operatoria, laparotomías, toracotomías, cirugía de tumores, quemados, etc).
  • Presentar eventos intra o postoperatorios no programados.
  • Manejo del dolor post operatorio.
  • Tratamiento de náuseas y vómitos postoperatorios.
  • Continuación de tratamiento (antibióticos en peritonitis, empiemas, etc).
  • Necesidad de observación y problemas sociales.

Recuperación – período inmediato

Aún cuando los riesgos operatorios en Pediatría son similares a los de la Cirugía de adultos, los pacientes pediátricos presentan algunos desafíos especiales:

- manejo del dolor
- manejo de la vía aérea
- control de nauseas y vómitos.

  • Dolor postoperatorio: es uno de los problemas más frecuentes. El manejo del dolor es multimodal, es decir, en todas sus vías de producción y transmisión del dolor e incluye AINES, paracetamol, opiáceos y anestésicos locales. El uso de analgésicos orales, combinados con bloqueos locales, son las herramientas básicas para controlar el dolor.
  • Obstrucciones de la vía aérea y espasmos laríngeos: se presentan en alrededor del 2% de las cirugías pediátricas.
  • Náuseas y vómitos: son frecuentes (13-40%) en el postoperatorio de los niños. Hay algunas cirugías que se caracterizan por presentar una mayor incidencia de vómitos (hasta 75%), como la corrección de estrabismo, amigdalectomía, orquidopexias y cirugía de oído medio. El haber presentado náuseas y vómitos en cirugías previas y la cinetosis son factores de riesgo. El uso de profilaxis con antieméticos, una buena hidratación endovenosa y una ingesta oral progresiva son medidas que ayudan a controlar este problema.

Complicaciones de la Cirugía del recién nacido

Las apneas se ven casi exclusivamente en este grupo. Sus causas no están claras pero influyen la inmadurez del sistema nervioso central y el menor desarrollo de la musculatura diafragmática. La mayor incidencia de apneas ocurre durante las primeras 12 a 18 horas post cirugía.

En la literatura médica no existe consenso sobre el límite de edad, hasta la cual los recién nacidos deben ser hospitalizados para observación; las recomendaciones van desde 45 hasta 60 semanas corregidas de edad post concepcional. En el hospital del la PUC, las 46 semanas se considera como límite, sin embargo este límite varía dependiendo de las características individuales del paciente, de sus condiciones durante y después de la cirugía y de la apreciación clínica de cirujanos y anestesistas. Es importante considerar la presencia de anemia dentro de estos factores. En cualquier caso, se recomienda que todo recién nacido menor de 1 mes permanezca hospitalizado por un periodo de 18-24 hrs.

Analgesia

Como se mencionó anteriormente, el manejo del dolor de los pacientes pediátricos es fundamental para un buen postoperatorio. La analgesia debe ser bien planificada para controlar el dolor en forma óptima. El uso de bloqueos nerviosos con anestesia local y los protocolos escalonados para el manejo del dolor permiten tratarlo en forma segura y eficaz.
Los anestésicos locales más utilizados son lidocaína y bupivacaína. Esta última logra un buen efecto analgésico hasta por 12 horas.

Ejemplos de bloqueos nerviosos utilizados en pediatría:

Bloqueo peneano Circuncisión
Bloqueo ilio-inguinal Hernias inguinales y orquidopexias
Bloqueo caudal Hernias inguinales, orquidopexias y circuncisión
Bloqueo regional Onisectomía
Catéter peridural torácico Deformaciones de la pared torácica


Los pacientes con bloqueos regionales requieren, en el postoperatorio, una transición gradual a infusiones continuas de opiáceos y luego a analgésicos orales.

Paracetamol: es uno de los analgésicos más frecuentemente usados en Pediatría. La dosis habitual de paracetamol para el post operatorio es de 15 a 20 mg/kg/dosis cada 6 horas vía oral, con dosis de carga de 20mg/Kg oral. No debe indicarse más de 100 mg/kg al día de paracetamol. Otra opción en caso de vómitos es el uso de supositorios.

Antiinflamatorios no esteroidales (AINES) El más usado es el ketoralaco por vía endovenosa a dosis de 0,5 a 1mg/kg cada 8 horas. No se recomienda su uso en cirugía de adenoamigdalas por el riesgo de sangrado del lecho operatoria (evidencia C)

Codeína: en casos de dolor intenso o poca respuesta puede asociarse al paracetamol, en dosis de 0.5 a 1mg/Kg/dosis cada 6 horas ( solución al 2% corresponde a media gota por kg por dosis).

Otros opiáceos: están indicados cuando el dolor no se logra controlar con analgésicos orales. Una dosis de 0.1 mg/kg de morfina es lo indicado para tratar el dolor en forma aguda. En caso de no tener buena respuesta con una o dos dosis se debe solicitar apoyo del equipo de dolor para utilizar otro método como infusiones continuas o controlada por el paciente (PCA).

Monitorización.

La evaluación clínica repetida y la apreciación subjetiva son herramientas de primera línea en el manejo post operatorio pediátrico. La medición de signos vitales y diuresis son excelentes indicadores en el manejo postoperatorio. En general la diuresis ideal es de 1 ml/kg/hr.

La medición de la saturación de oxígeno arterial es otro método de monitorización no invasiva muy eficiente y ampliamente utilizada en Pediatría. Los pacientes en riesgo de presentar apneas, como prematuros o aquellos que han recibido opiáceos, deben monitorizarse activamente con esta herramienta.

El electrocardiograma continuo es utilizado en pacientes sometidos a cirugía cardiaca o con riesgo de presentar arritmias.

Alimentación

Los recién nacidos o lactantes pueden ser alimentados al despertar de la anestesia, con leche materna o fórmula. Esta indicación tiene, además, un importante efecto analgésico y de confort, especialmente en los pacientes con lactancia materna.

La realimentación siempre debe ser progresiva. En pacientes con cirugías menores, mínimamente invasivas y/o ambulatorias, la realimentación comienza en la unidad de recuperación. En general, el primer día después de una cirugía de este tipo es recomendable ofrecer al niño sólo líquidos (leche materna, formulas lacteas, jugos o infusiones). Una vez que los efectos de la anestesia han pasado se puede progresar a régimen común sin problemas. Las náuseas y vómitos no son contraindicación para progresar con el aporte oral.

En pacientes con cirugías en las que puede haber un íleo prolongado, como en laparotomías con manipulación de intestino o peritonitis, es necesario ser un poco más conservador. Se debe constatar la presencia de signos de recuperación del íleo (presencia de ruidos hidro aéreos, flatulencia anal o eliminación de deposiciones) para comenzar la realimentación del paciente en forma progresiva.

En cirugías como tonsilectomías, adenoidectomía, extracciones dentales mayores u otras con compromiso de la mucosa orofaríngea y de la dentición, se debe realimentar a los pacientes con una dieta de menor consistencia (ej.: papilla), hasta que sean capaces de masticar y deglutir sin molestias. Los alimentos fríos son mejor tolerados que los calientes. Además, es recomendable evitar la ingesta de líquidos o alimentos de color rosado o rojo para evitar confusiones con sangrado del lecho adenoamigdaliano.

Cuidado de heridas

En general, las heridas operatorias quedan cubiertas con apósitos impermeables y oclusivos, lo que permite a los pacientes y sus padres realizar aseo corporal en forma habitual. De lo contrario, se debe tener cuidado en mantener la herida seca y seguir las instrucciones del cirujano.

Las heridas deben observarse advirtiendo la presencia de signos de infección (presencia de eritema, dolor intenso, descarga purulenta, aumento de temperatura local). Si bien las infecciones de herida operatoria son infrecuentes, el paciente deberá ser informado previo al alta, para que consulte ante la presencia de estos signos de alerta. El tratamiento de las infecciones de la herida operatoria es variable y va desde curaciones y uso de antibióticos orales hasta la exploración quirúrgica.

Los sangramientos de la herida operatoria, si bien son poco frecuentes, son otra de las complicaciones quirúrgicas en el postoperatorio pediátrico. Un sangrado menor puede ser controlado adecuadamente con compresión, sin embargo, si es significativo o persistente puede llegar a necesitar revisión de la hemostasia en pabellón y posteriormente estudios de la coagulación.

Los pacientes sometidos a una circuncisión suelen presentar edema, costras y escaras. Esto es habitual y mejora luego de varias semanas. En general, se usa algún ungüento protector que además evita que el pene se adhiera a la ropa interior.

Actividad en el post operatorio

La recuperación en los pacientes pediátricos es más rápida que en adultos, incluso tras grandes cirugías. Algunas intervenciones requieren restricción de actividad: cirugías de columna, fracturas, fisura labio palatina, etc. Si la cirugía no tiene indicación de restricción de actividad, esta será dependiente de la edad del paciente. La actividad normal de lactantes y niños pequeños no exige esfuerzos físicos extenuantes y en general son capaces de autorregularla durante su convalecencia. En niños mayores es necesario limitar las actividades según el tipo de cirugía, especialmente en lo que respecta a reincorporación a clases. El cirujano indicará cuánto tiempo deberá permanecer el paciente en reposo y cuándo será seguro volver al colegio.