|
|||||||||||
![]() |
Temas->>Introductorios | ||||||||||
|
|||||||||||
|
TEMA
|
|||||||||||
|
INTRODUCTORIOS
|
|||||||||||
| Salud
pública ¿Qué es y que hace? Salud pública y epidemiología (EPI) Reseña histórica de la EPI Definiciones: Epidemiología Aplicaciones de la EPI Unidades de análisis |
|||||||||||
|
Desarrollo histórico de la epidemiología: su formación como disciplina científica Texto original de Sergio López-Moreno, Francisco Garrido-Latorre y Mauricio Hernández-Avila, publicado en " Salud Pública de México 2000;.42(2): 133:143. La epidemiología es la rama de la salud pública que tiene como propósito describir y explicar la dinámica de la salud poblacional, identificar los elementos que la componen y comprender las fuerzas que la gobiernan, a fin de intervenir en el curso de su desarrollo natural. Actualmente, se acepta que para cumplir con su cometido la epidemiología investiga la distribución, frecuencia y determinantes de las condiciones de salud en las poblaciones humanas así como las modalidades y el impacto de las respuestas sociales instauradas para atenderlas. Para la epidemiología, el término condiciones de salud no se limita a la ocurrencia de enfermedades y, por esta razón, su estudio incluye todos aquellos eventos relacionados directa o indirectamente con la salud, comprendiendo este concepto en forma amplia. En consecuencia, la epidemiología investiga, bajo una perspectiva poblacional:
1. Plagas, pestes, contagios y epidemias La aparición de plagas a lo largo de la historia también fue registrada
en la mayor parte de los libros sagrados, en especial en la Biblia, el Talmud
y el Corán, que adicionalmente contienen las primeras normas para prevenir
las enfermedades contagiosas. De estas descripciones, destaca la de la plaga
que obligó a Mineptah, el faraón egipcio que sucedió a Ramsés II, a permitir
la salida de los judíos de Egipto, alrededor del año 1224 a c (6). Las acciones preventivas y de control de las afecciones contagiosas también
son referidas en muchos textos antiguos. Como ya hemos dicho, la Biblia, el
Corán, el Talmud y diversos libros chinos e hindúes recomiendan numerosas
prácticas sanitarias preventivas, como el lavado de manos y alimentos, la
circuncisión, el aislamiento de enfermos y la inhumación o cremación de los
cadáveres. Por los Evangelios sabemos que algunos enfermos -como los leprosos-
eran invariablemente aislados y tenían prohibido establecer comunicación con
la población sana. La palabra epidemiología, que proviene de los términos griegos "epi" (encima), "demos" (pueblo) y "logos" (estudio), etimológicamente significa el estudio de "lo que está sobre las poblaciones". La primera referencia propiamente médica de un término análogo se encuentra en Hipócrates (460-385 a.C.), quien usó las expresiones epidémico y endémico para referirse a los padecimientos según fueran o no propios de determinado lugar (10) Hipócrates no secundó las creencias populares sobre el contagio, y atribuyó la aparición de las enfermedades al ambiente malsano (miasmas) y a la falta de moderación en la dieta y las actividades físicas. Notablemente, tampoco hace referencia a ninguna epidemia. A pesar de ello, su postura profundamente racionalista sobre el desarrollo de las enfermedades (ninguno de sus trabajos menciona curas sobrenaturales) y sus afirmaciones sobre la influencia del modo de vida y el ambiente en la salud de la población hacen de este médico el principal representante de la epidemiología antigua. El texto hipocrático Aires, aguas, y lugares -que sigue la teoría de los elementos propuesta medio siglo antes por el filósofo y médico Empédocles de Agrigento- señala que la dieta, el clima y la calidad de la tierra, los vientos y el agua son los factores involucrados en el desarrollo de las enfermedades en la población, al influir sobre el equilibrio del hombre con su ambiente. Siguiendo estos criterios, elabora el concepto de constitución epidémica de las poblaciones. Aunque la noción de balance entre el hombre y su ambiente como sinónimo de
salud persistió por muchos siglos, con el colapso de la civilización clásica
el Occidente retornó a las concepciones mágico-religiosas que caracterizaron
a las primeras civilizaciones (11). Con ello, la creencia en el contagio como fuente de enfermedad, común a casi todos los pueblos antiguos, paulatinamente fue subsumida por una imagen en donde la enfermedad y la salud significaban el castigo y el perdón divinos, y las explicaciones sobre la causa de los padecimientos colectivos estuvieron prácticamente ausentes en los escritos médicos elaborados entre los siglos III y XV de nuestra era (es decir, durante el periodo en el que la Iglesia Católica gozó de una hegemonía casi absoluta en el terreno de las ciencias). No obstante, como veremos más tarde, las medidas empíricas de control de las infecciones siguieron desarrollándose, gracias a su impacto práctico. Durante el reinado del emperador Justiniano, entre los siglos V y VI d.c., la terrible plaga que azotó al mundo ya recibió el nombre griego de "epidemia". No se sabe exactamente desde cuándo el término epidémico se usa para referirse a la presentación de un número inesperado de casos de enfermedad, pero no hay duda de que el término fue utilizado desde la baja Edad Media para describir el comportamiento de las infecciones que de cuando en cuando devastaban a las poblaciones. La larga historia de epidemias infecciosas que azotaron al mundo antiguo
y medieval fue determinando una identificación casi natural entre los conceptos
de epidemia, infección y contagio hasta que, según Winslow, la aparición de
la pandemia de peste bubónica o peste negra que azotó a Europa durante el
siglo XIV (de la cual se dice que diariamente morían 10 mil personas), finalmente
condujo a la aceptación universal -aunque todavía en el ámbito popular- de
la doctrina del contagio (7 ). En 1546, Girolamo Fracastoro publicó, en Venecia, el libro De contagione et contagiosis morbis et eorum curatione, en donde por primera vez describe todas las enfermedades que en ese momento podían calificarse como contagiosas (peste, lepra, tisis, sarna, rabia, erisipela, viruela, ántrax y tracoma) y agrega, como entidades nuevas, el tifus exantemático y la sífilis. Fracastoro fue el primero en establecer claramente el concepto de enfermedad contagiosa, en proponer una forma de contagio secundaria a la transmisión de lo que denomina seminaria contagiorum (es decir, semillas vivas capaces de provocar la enfermedad) y en establecer por lo menos tres formas posibles de infección:
A este médico italiano también le cabe el honor de establecer en forma precisa la separación, actualmente tan clara, entre los conceptos de infección, como causa, y de epidemia, como consecuencia. Como veremos más adelante, incluso para médicos tan extraordinarios como Thomas Sydenham -quien nació cien años más tarde que Fracastoro y popularizó el concepto hipocrático de constituciones epidémicas, y los de higiene individual y poblacional de Galeno- fue imposible comprender esta diferencia fundamental. A Fracastoro le cabe el honor de ser el primer médico que estableció que enfermedades específicas resultan de contagios específicos, presentando la primera teoría general del contagio vivo de la enfermedad. Desde este punto de vista, debe ser considerado el padre de la epidemiología moderna (12). Treinta y cuatro años después de Fracastoro, en 1580, el médico francés Guillaume
de Baillou (1538-1616) publicó el libro Epidemiorum ("sobre las epidemias")
2 conteniendo una relación completa de las
epidemias de sarampión, difteria y peste bubónica aparecidas en Europa entre
1570 y 1579, sus características y modos de propagación. Debido a que de Baillou
tuvo una gran influencia en la enseñanza de la medicina durante la última
parte del siglo XVI y la primera del XVII (dirigió la escuela de medicina
de la Universidad de París por varias décadas), sus trabajos tuvieron un importante
impacto en la práctica médica de todo el siglo XVII. 2. Aprendiendo a contar: la estadística sanitaria El nacimiento de las estadísticas sanitarias coincide con un extraordinario avance de las ciencias naturales (que en ese momento hacían grandes esfuerzos por encontrar un sistema lógico de clasificación botánica) y que se reflejó en las cuidadosas descripciones clínicas de la disentería, la malaria, la viruela, la gota, la sífilis y la tuberculosis hechas por el inglés Thomas Sydenham, entre 1650 y 1676. Los trabajos de este autor resultaron esenciales para reconocer a estas patologías como entidades distintas y dieron origen al sistema actual de clasificación de enfermedades. En su libro Observationes medicae, Sydenham afirmaba, por ejemplo,
que si la mayoría de las enfermedades podían ser agrupadas siguiendo criterios
de "unidad biológica" también era posible reducirlas a unos cuantos tipos,
"exactamente como hacen los botánicos en sus libros sobre las plantas" (15).
Las propuestas clasificatorias abiertas por Sydenham se vieron fortalecidas
casi inmediatamente, cuando su coterráneo John Graunt analizó, en 1662, los
reportes semanales de nacimientos y muertes observados en la ciudad de Londres
y el poblado de Hampshire durante los 59 años previos, identificando un patrón
constante en las causas de muerte y diferencias entre las zonas rurales y
urbanas (12). John Graunt fue un hombre extraordinariamente perspicaz. Disponiendo de información
mínima logró inferir, entre otras cosas, que regularmente nacían más hombres
que mujeres, que había una clara variación estacional en la ocurrencia de
las muertes y que 36% de los nacidos vivos morirían antes de cumplir los seis
años. Con ello, Graunt dio los primeros pasos para el desarrollo de las actuales
tablas de vida. Un economista, músico y médico amigo de Graunt, William Petty,
publicó por la misma época trabajos relacionados con los patrones de mortalidad,
natalidad y enfermedad entre la población inglesa, y propuso por primera vez
-30 años antes que Leibniz (1646- 1716), a quien tradicionalmente se le atribuye
esta idea- la creación de una agencia gubernamental encargada de la recolección
e interpretación sistemática de la información sobre nacimientos, casamientos
y muertes, y de su distribución según sexo, edad, ocupación, nivel educativo
y otras condiciones de vida. También sugirió la construcción de tablas de mortalidad por edad de ocurrencia,
anticipándose al desarrollo de las actuales tablas usadas para comparar poblaciones
diferentes. Esta manera de tratar la información poblacional fue denominada
por Petty "aritmética política" (15), Los trabajos de
Graunt y Petty no contribuyeron inmediatamente a la comprensión de la naturaleza
de la enfermedad, pero fueron fundamentales para establecer los sistemas de
recolección y organización de la información que los epidemiólogos actuales
usan para desarrollar sus observaciones. Estas tablas, sin embargo, no derivan directamente de los trabajos de Graunt
y Petty, sino de las acciones desarrolladas por las compañías aseguradoras
para fijar adecuadamente los precios de los seguros de vida, comunes en Inglaterra
y Gales desde mediados del siglo XVII y en Francia desde mucho antes (quizás
desde el siglo XVI) a través de las asociaciones de socorros mutuos y las
"tontinas" de trabajadores 3 . Las más famosas
tablas elaboradas para estos fines fueron las de los comités seleccionados,
en Suecia; las de Richard Price, en Inglaterra y las de Charles Oliphant (ya
en el siglo XIX), en Escocia. Las más exactas (las elaboradas por Richard
Price, según el epistemólogo inglés Ian Hacking), (16) permiten determinar que el promedio de vida en la ciudad de Northampton era,
según datos del siglo XVIII, de 24 años de vida. Entre los más famosos constructores de tablas de vida para las compañías aseguradoras
se encuentran Edmund Halley (1656 -1742), astrónomo británico descubridor
del cometa que lleva su nombre y que en 1687 sufragara los gastos de publicación
de los Principia mathematica, de su amigo Isaac Newton; y el periodista
Daniel Defoe (1660-1731), autor de la novela Robinson Crusoe y del
extraordinario relato sobre la epidemia londinense de 1665, Diario del año
de la peste. Para Sussmilch, la regularidad encontrada en el volumen de nacimientos por sexo era toda una "ley estadística" (como las leyes naturales de la física) y debían existir leyes similares capaces de explicar el desarrollo de toda la sociedad. Muy pronto nació la idea de una "ley de mortalidad" y, poco más tarde, la convicción de que habría leyes para todas las desviaciones sociales: el suicidio, el crimen, la vagancia, la locura y, naturalmente, la enfermedad (16). Si bien las estadísticas sobre la enfermedad tuvieron importancia práctica hasta el siglo XIX, su desarrollo era un avance formidable para la época. La misma frase "ley de la enfermedad" invitaba a formular los problemas de salud en forma matemática, generalizando estudios sobre la causa de los padecimientos y muertes entre la población. En 1765, el astrónomo Johann H. Lambert inició la búsqueda de relaciones entre la mortalidad, el volumen de nacimientos, el número de casamientos y la duración de la vida, usando la información de las gacetas estadísticas alemanas. Como resultado, Lambert obtuvo una curva de decesos que incorporaba la duración de vida promedio de la población investigada y con la cual logró deducir una tasa de mortalidad infantil mucho más alta de lo que entonces se pensaba. La búsqueda de "leyes de la enfermedad" fue una actividad permanente hasta el final del siglo XIX, y contribuyó al desarrollo de la estadística moderna (17) Durante este proceso, la incursión de la probabilidad en el estudio de la enfermedad fue casi natural. 3. Causas de enfermedad: la contribución de la "observación numérica" El segundo fue un trabajo publicado en 1760 por Daniel Bernoulli, que concluía que la variolación protegía contra la viruela y confería inmunidad de por vida (12) Es notable que este trabajo se publicara 38 años antes de la introducción del método de vacunación por el británico Edward Jenner (1749-1823). Un tercer trabajo, que se refiere específicamente a la práctica de inmunización introducido por Jenner, fue publicado por Duvillard de Durand apenas nueve años después de la generalización de este procedimiento en Europa (en 1807), y se refiere a las potenciales consecuencias de este método preventivo en la longevidad y la esperanza de vida de los franceses (16). No obstante, como señala Hacking, el imperialismo de las probabilidades sólo era concebible en un mundo numérico. Aunque la cuantificación se hizo común a partir de Galileo, en materia médica, esto fue posible sólo gracias a los trabajos de Pierre Charles Alexander Louis. Este clínico francés, uno de los primeros epidemiólogos modernos, condujo, a partir de 1830, una gran cantidad de estudios de observación "numérica", demostrando, entre muchas otras cosas, que la tuberculosis no se transmitía hereditariamente y que la sangría era inútil y aun perjudicial en la mayoría de los casos (16). La enorme influencia de P.C.A. Louis durante las siguientes décadas se muestra en la primera declaración de la Sociedad Epidemiológica de Londres, fundada en 1850, en donde se afirma que "la estadística también nos ha proporcionado un medio nuevo y poderoso para poner a prueba las verdades médicas, y mediante los trabajos del preciso Louis hemos aprendido cómo puede ser utilizada apropiadamente para entender lo relativo a las enfermedades epidémicas" 4. El mayor representante de los estudios sobre la regularidad estadística en el siglo XIX fue, sin embargo, el belga Adolphe Quetelet, que usó los estudios de Poisson y Laplace para identificar los valores promedio de múltiples fenómenos biológicos y sociales. Como resultado, Quetelet transformó cantidades físicas conocidas en propiedades ideales que seguían comportamientos regulares, con lo que inauguró los conceptos de término medio y normalidad biológica, categorías ampliamente usadas durante la inferencia epidemiológica. Sin embargo, los trabajos de Laplace, Louis, Poisson, Quetelet, Galton y
Pearson pronto se acercaron a las posturas sostenidas por los científicos
positivistas (especialmente los físicos), para quienes, según el dicho del
escocés William Kelvin, una ciencia que no medía "era una pobre ciencia".
Con ello, se pasó de considerar que medir es bueno, a creer que sólo
medir es bueno. En 1837 publicó lo que denominó "un instrumento capaz de medir la frecuencia y duración relativa de las enfermedades", afirmando que con él era posible determinar el peligro relativo de cada padecimiento. Finalmente, creó el concepto de fuerza de la mortalidad de un padecimiento específico, definiéndolo como el volumen de "decesos entre un número determinado de enfermos del mismo padecimiento, en un periodo definido de tiempo" (16) Este concepto, uno de los primeros conceptos epidemiológicos altamente precisos, es idéntico al que hoy conocemos como letalidad. La investigación realizada en el campo de la epidemiología experimentó durante el siglo XIX un extraordinario avance, especialmente con los trabajos de Robert Storrs (1840), Oliver Wendell Holmes (1842) e Ignaz Semmelweis (1848) sobre la transmisión de la fiebre puerperal; los de P.L. Panum (1846) sobre la contagiosidad del sarampión; los de Snow (1854) sobre el modo de transmisión del cólera, y los de William Budd (1857) sobre la transmisión de la fiebre tifoidea. La importancia de estos trabajos radica en el enorme esfuerzo intelectual que estos investigadores debieron hacer para documentar -mediante la pura observación 5 - propuestas sobre la capacidad transmisora, los mecanismos de contagio y la infectividad de agentes patógenos sobre los que aún no podía demostrarse una existencia real. Una muestra del enorme valor de este trabajo se encuentra en el hecho de que los agentes infecciosos responsables de cada una de estas enfermedades se descubrieron entre veinte y treinta años más tarde, en el mejor de los casos. El método utilizado por los epidemiólogos del siglo XIX para demostrar la transmisibilidad y contagiosidad de los padecimientos mencionados (que, en resumen, consiste en comparar, de múltiples formas, la proporción de enfermos expuestos a una circunstancia con la proporción de enfermos no expuestos a ella) se reprodujo de manera sorprendente y con él se estudiaron, durante los siguientes años, prácticamente todos los brotes epidémicos. De hecho, versiones más sofisticadas de esta estrategia constituyen actualmente los principales métodos de la epidemiología. La escuela de epidemiólogos fundada en el siglo pasado continúa activa. Las ideas de P.C.A. Louis, por ejemplo, fueron adoptadas por muchos de sus
alumnos y siguen dando frutos. Entre sus alumnos destacan Francis Galton (descubridor
del coeficiente de correlación), George C. Shattuck (fundador de la Asociación
Estadística Norteamericana y reformador de la salud pública en ese país) y
Elisha Bartlett (el primero en justificar matemáticamente el uso del grupo
control en los estudios experimentales). Un alumno de Galton, Karl Pearson,
descubrió la distribución de chi cuadrado y fundó la Escuela Británica de
Biometría. Major Greenwood, alumno de Pearson, fue el más destacado epidemiólogo
inglés de la primera mitad del siglo XX y maestro de Austin Bradford Hill,
quien, junto con Evans y Jerushalmy, ha sido uno de los más importante divulgadores
de los criterios modernos de causalidad. 4. Distribución, frecuencia y determinantes de las condiciones de salud Los seguidores de esta teoría fueron tan exitosos en la identificación de la etiología específica de enfermedades que dieron gran credibilidad a este modelo. Como consecuencia, la epidemiología volvió a utilizarse casi exclusivamente como un mero apoyo en el estudio de las enfermedades infecciosas. Las experiencias de investigación posteriores rompieron estas restricciones.
Las realizadas entre 1914 y 1923 por Joseph Goldberger -quien demostró el
carácter no contagioso de la pelagra- rebasaron los límites de la infectología
y sirvieron de base para elaborar teorías y adoptar medidas preventivas eficaces
contra las enfermedades carenciales, inclusive antes de que se conociera el
modo de acción de los micronutrimentos esenciales (13). El incremento en la incidencia de enfermedades crónicas ocurrido a mediados del siglo XX también contribuyó a ampliar el campo de acción de la disciplina, la que desde los años cuarenta se ocupó del estudio de la dinámica del cáncer, la hipertensión arterial, las afecciones cardiovasculares, las lesiones y los padecimientos mentales y degenerativos. Como resultado, la epidemiología desarrolló con mayor precisión los conceptos de exposición, riesgo, asociación, confusión y sesgo, e incorporó el uso franco de la teoría de la probabilidad y de un sinnúmero de técnicas de estadística avanzada (18) La red causal El incesante descubrimiento de condiciones asociadas a los procesos patológicos
ha llevado a la identificación de una intrincada red de "causas" para cada
padecimiento, y desde los años setenta se postula que el peso de cada factor
presuntamente causal depende de la cercanía con su efecto aparente. La epidemiología
contemporánea ha basado sus principales acciones en este modelo, denominado
"red de causalidad" y formalizado por Brian MacMahon, en 1970. Actualmente, este es el modelo predominante en la investigación epidemiológica (21, 22). Una de sus principales ventajas radica en la posibilidad de aplicar medidas correctivas eficaces, aun en ausencia de explicaciones etiológicas completas. Esto sucedió, por ejemplo, cuando en la década de los cincuenta se identificó la asociación entre el cáncer pulmonar y el hábito de fumar (23). No era necesario conocer los mecanismos cancerígenos precisos de inducción y promoción para abatir la mortalidad mediante el combate al tabaquismo. Una desventaja del modelo, empero, es que con frecuencia existe una deficiente comprensión de los eventos que se investigan, al no ser necesario comprender todo el proceso para adoptar medidas eficaces de control. El resultado más grave del seguimiento mecánico de este esquema ha consistido en la búsqueda desenfrenada de "factores de riesgo" sin esquemas explicativos sólidos, lo que ha hecho parecer a los estudios epidemiológicos como una colección infinita de factores que, en última instancia, explican muy poco los orígenes de las enfermedades. El modelo de la caja negra también tiene como limitación la dificultad para distinguir entre los determinantes individuales y poblacionales de la enfermedad (es decir, entre las causas de los casos y las causas de la incidencia). Geoffrey Rose ha advertido sobre esta falta de discriminación al preguntarse
si la aparición de la enfermedad en las personas puede explicarse de la misma
manera que la aparición de la enfermedad en las poblaciones (24).
En otras palabras, Rose se pregunta si la enfermedad individual y la incidencia
tienen las mismas causas y, por lo tanto, pueden ser combatidas con las mismas
estrategias. Rose responde negativamente. Las cajas chinas y la eco-epidemiología Determinación de riesgos En la década de los ochenta, diversos estudios epidemiológicos encontraron
una fuerte asociación entre las prácticas sexuales y el riesgo de transmisión
del Síndrome de Inmunodeficiencia Humana, aun antes del descubrimiento del
virus responsable de su aparición. Más recientemente, la epidemiología ha
aportado múltiples muestras del daño asociado a la exposición de sustancias
contaminantes presentes en el aire y el agua. Muchas otras relaciones, como
las que podrían existir entre la exposición a ciertos procesos físicos (como
los campos electromagnéticos) y algunos tipos de cáncer, todavía se investigan. Identificación y evaluación de las modalidades de la respuesta social
Así, mediante el uso de métodos y técnicas epidemiológicos se ha logrado identificar el impacto real y la calidad con la que se prestan los servicios médicos; las formas más eficaces para promover la salud de los que están sanos y las relaciones entre el costo, la efectividad y el beneficio de acciones específicas de salud. Combinada con otras disciplinas, como la administración, la economía, las ciencias políticas y las ciencias de la conducta, la epidemiología ha permitido estudiar las relaciones entre las necesidades de asistencia y la oferta y demanda de servicios. También con ella se evalúan la certeza de los diversos medios diagnósticos y la efectividad de diferentes terapias sobre el estado de salud de los enfermos. Los estudios sociológicos y antropológicos que hacen uso de técnicas epidemiológicas también son cada vez más frecuentes, y ello ha fortalecido el trabajo y mejorado los resultados de las tres disciplinas. Identificación de marcadores de enfermedad En este campo también se investigan la manera precisa en que los factores genéticos influyen en la aparición de complicaciones y la forma en que interactúan con las características del medio ambiente. Dinámica general de la enfermedad De acuerdo con la teoría de la transición epidemiológica, todos los países
deben atravesar tres grandes eras, y la mayoría se encuentra en transición
entre la segunda y la tercera fase del proceso. Siguiendo esta teoría, las
enfermedades se han reclasificado según el sitio que teóricamente deberían
ocupar en el perfil de daños de una sociedad determinada. Así, además de las
clasificaciones tradicionales (enfermedades endémicas, epidémicas y pandémicas),
hoy se habla de enfermedades pretransicionales, transicionales y postransicionales;
emergentes y resurgentes, y se ha vuelto común hablar de los perfiles de salud
en términos de rezagos o retos epidemiológicos. La epidemiología, según este punto de vista, no sólo es una parte fundamental de la salud pública, sino su principal fuente de teorías, métodos y técnicas (28) Algunos problemas epistemológicos actuales Aunque ya nadie acepta la posibilidad planteada por Louis en el siglo XIX- de que los eventos epidemiológicos puedan comportarse siguiendo leyes similares a las que rigen los fenómenos naturales, los aportes de la epidemiología en el terreno de la generación de teorías, modelos y conceptos han sido numerosos, y su desarrollo presente indica que este proceso no va a detenerse (33) 5. Conclusiones El desarrollo conceptual en la epidemiología, como ha sucedido desde que nació como ciencia, lejos de detenerse ha seguido ganando terreno. La teoría de la transición epidemiológica (que desde su nacimiento proporcionó valiosos elementos para interpretar la dinámica de la enfermedad poblacional) ha sido objeto de profundas reformulaciones teóricas (34).Los conceptos de causa, riesgo, asociación, sesgo, confusión, etcétera, aunque cada vez son más sólidos, se encuentran en proceso de revisión permanente, lo que hace a la epidemiología una disciplina viva y en constante movimiento. De acuerdo con Kleinbaum, (35) la nueva epidemiología
tiene como propósitos: Agradecimientos Sitio Web Gabriel Rada. Revisado 2007 Tomás Merino
Referencias:
|
|||||||||||
|
OTROS
TEMAS
|
|||||||||||
| Introductorios Instrumentales introductorios Paradigmas epidemiológicos Indicadores de riesgo EPI Investigación y EPI Epidemiología descriptiva Epidemiología analítica Estudios experimentales |
|||||||||||
Sitio Web Gabriel Rada. Revisado 2007 Tomás Merino
|
|||||||||||